Las tres subieron a un avión durante la madrugada del miércoles en Ezeiza y tocaron el suelo de las Islas Malvinas a las 7.30 como parte del contingente que llevó a unos 150 argentinos, familiares de algunos de los 649 caídos, a una visita de pocas horas a esa tierra que guarda tanto recuerdos como tensiones y dolor.
Fue el tercer viaje de este tipo, costeado por el empresario Eduardo Eurnekián (que junto a sus socios poseen más de 53 aeropuertos en todo el mundo, entre ellos el “Domingo Faustino Sarmiento”, ubicado en Las Chacritas), que fue clave en la construcción del cementerio argentino en las islas y de su mantenimiento, y además se ocupa de organizar y financiar los vuelos charter con familiares.
Se dio después de cinco años bajo el formato de viaje humanitario, ya que el último se había dado antes de la pandemia, en 2019. En esta oportunidad se reanudó en colaboración con el Gobierno Nacional, la Embajada Británica en Buenos Aires y la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur.
El despliegue de emociones se dio en una sola jornada, acotada por el clima cambiante y agresivo de las Islas, y acotado a una visita al Cementerio de Darwin. La delegación contó con 26 personas mayores de 85 años que recibieron prioridad cuando se armó la lista de pasajeros, a la par de los parientes de los tripulantes del ARA General Belgrano que perecieron en el famoso ataque británico el 2 de mayo de 1982 cuando el barco estaba fuera de la zona de exclusión.
Embed - Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas on Instagram: "VIAJE HUMANITARIO 2024 CEMENTERIO ARGENTINO DE DARWIN ISLAS MALVINAS. 4 DE DICIEMBRE 2024."
El Gobierno de San Juan, durante la gestión de Sergio Uñac, también realizó viajes a las Islas Malvinas para veteranos de guerra y familiares de caídos, que tuvo hasta cinco ediciones antes de la pandemia.
image.png
Familiares de los caídos en Malvinas en el Cementerio de Darwin (Captura de redes).
La experiencia de Alicia de Montaño
"Con mi esposo y ahora ya jubilada pude llorar y compartir tan bello momento que fue único,emocionante y maravilloso", contó Alicia a TIEMPO DE SAN JUAN recién llegada de las Islas. En Darwin están enterrados los restos de su esposo, Agustín Hugo Montaño, con su nombre en una lápida junto a otros 236 "héroes nacionales" que descansan en el camposanto y de los cuales queda apenas una decena sin identificar.
"Estuvimos desde las 7.30 en Malvinas hasta las 12 y de ahí a la Aduana estuvimos muchas horas. El equipo de Cancilleria, Eurnekian que pagó el viaje y la Comisión de familiares de Malvinas trabajaron como un gran equipo. Trabajaron y estuvieron dispuestos a la atención y contensión de las 150 personas que fuimos, desde madres y padres de 80, 90 años hasta yo que hace mucho que no iba a visitar a mi esposo, al que amo como si fuera el día en que nos conocimos", relató Alicia.
"Fue un bálsamo de amor y emoción. Nos propusimos luchar para que se hagan estos proyectos humanitarios más seguido", destacó.
La experiencia de Virginia de Llanos
"Fui con mi hija Estefanía, que es la que me acompañó y apoyó en todo momento, igual que la familia, obviamente, que están todos a la expectativa. Para mí, volver a Malvinas es volver hace 42 años atrás, cuando empezó todo", contó Virginia a TIEMPO DE SAN JUAN.
WhatsApp Image 2024-12-06 at 17.18.37.jpeg
"Mi esposo era el suboficial Hugo Ángel León Llanos, que se encontraba en el crucero General Belgrano en el momento del hundimiento. Te cuento que este viaje se gestó por medio de los familiares de caídos en Malvinas, la comisión que tiene en Buenos Aires, la señora Fernanda Araujo es la presidenta y con el apoyo del empresario Eurnekián, que fue quien gestó él también el cementerio de Darwin y este viaje también nos ayudó él", destacó.
Virginia analizó que "tenemos que seguir adelante y acompañarnos todos, nos sentimos hermanos todos ahí, que tenemos todos el mismo dolor".
Para ella la estadía fue cómoda. "La recepción fue muy buena por parte de los ingleses, estaban muy predispuestos, muy amables para ayudarnos, lo que sí, no podíamos sacar una foto de afuera del cementerio, todo ahí nada más. Nos brindaron café, pusieron carpas para que nos refugiáramos del frío, porque ha sido el día más frío que podemos pensar que tenemos nosotros, viento, lluvia, nevisca, después nieve cuando nos veníamos y en un momento, cuando estábamos cada uno viendo a nuestros caídos, porque el nombre de mi marido está en las placas que hay ahí, donde está la Virgen de Luján, bueno, ahí salió un momento el sol, Yo pensé que ellos eran los que nos estaban saludando con ese poquito de sol", contó.
"Lo hemos pasado bien, porque nos hace bien a nosotros este viaje, yo recién ahora estoy digiriendo, diríamos así, todo lo que he vivido y bueno, pienso y las lágrimas empiezan a caer otra vez", confesó.
"La gente que fue, todos muy amables, todos como si fuéramos hermanos, después el viaje muy correcto, muy bien, todos nos ayudábamos para todo, hasta un chileno, te voy a decir el que manejaba la combi que nos transportaba ahí, me prestó un abrigo de él bien largo para que yo no pasara frío", remarcó.
Y siguió: "después ver las madres, las madres con 80 y algo de años, casi 90 algunas, digo 'cómo no vamos a ser fuertes las mujeres, cómo no vamos a tener fortaleza, nosotros que somos un poquito más jóvenes que ellas', viéndolas a ellas con esa emoción... Yo pienso que lo peor que le puede pasar a una madre es perder un hijo y pensar y vivir en ese momento, cómo estaban ahí ellos, pobrecitos, 77 días creo que han estado con ese frío y no tenían todo el equipo como quizás los ingleses. Ellos han estado y dieron su vida por por Malvinas".
WhatsApp Image 2024-12-06 at 17.18.38 (1).jpeg
Virginia Avellaneda y su hija Estefanía, en el Cementerio de Darwin, donde rezaron por Hugo Llanos, cuyos restos descansan en el fondo del mar, tras el hundimiento del ARA General Belgrano.
Y analizó que "para mí ha sido un poco sanador y mi marido está en el crucero allá en el fondo del mar, no voy a poder nunca visitar una tumba de él, pero sí la del Soldado Sólo Conocido por Dios. Ahí ponemos nuestras plegarias, nuestras oraciones".
Para Virginia "es bueno seguir adelante y ojalá estos viajes se vuelvan a realizar para que muchos puedan ir, yo he ido con mi hija, se lloró todo, nos encontramos con un inglés que fue quien rescató los cuerpos donde estaban sepultados y los identificó y él estuvo mucho tiempo conteniéndolos, Geoffrey se llama, un inglés que dice que es más argentino que los argentinos".
La mujer se refería al coronel Geoffrey Cardozo, un militar inglés que se destacó por su trabajo en la identificación de los soldados muertos en la guerra de las Malvinas.
"Yo estoy orgullosa porque mi marido me dijo que para eso había ingresado él a las fuerzas armadas, él estaba en la armada, tenía 33 años cuando se fue y el recuerdo que me quedó es verlo partir en la vereda de la calle donde vivían, de la casa donde vivían en un barrio militar y y esas fueron las palabras que me dijo. Así que claro que duele, pero él dijo que iba para pelear por su Patria", concluyó con los sentimientos a flor de piel Virginia.
Las historias de Montaño y Llanos
En el libro "Malvinas, su historia. San Juan, sus héroes", cuyos autores son Miguel Montaño y Analía Rodríguez se exponen con rigor científico las historias de los muertos locales en la Guerra de Malvinas. TIEMPO DE SAN JUAN las presentó por primera vez en formato periodístico en abril de este año. A continuación, un resumen de quiénes eran.
Agustín Hugo Montaño
"'Nosotros estamos con los aviones nuestros y hay muchos soldados. Estamos comiendo bien y esperando a los ingleses para hacerlos bolsa". Así decía la carta que Agustín Hugo Montaño escribió para su familia desde la pradera del Ganso en las Islas Malvinas el 17 de abril de 1982. Trece días después caería bajo las bombas inglesas y se convertiría en el primer sanjuanino caído en Malvinas.
Hugo nació en San Juan, en Caucete, el 19 de agosto de 1956. Hijo de Ricardo Hugo Montaño y de Doña Pascual Agüero de Montaño. Era el mayor de cinco hermanos. Hasta muy pequeño vivió en Caucete, pero en 1960 se mudó a Villa San Damián, en Rawson, donde con mucho sacrificio sus padres compraron un terreno y construyeron su casa.
Hugo se iba en bici desde Rawson hasta Caucete, donde tenía amigos y abuelos maternos. Estudió la secundaria en la Escuela Boero y cuando su padre enfermó se trasladó a Caucete para trabajar sin descuidar a sus hermanos.
Hugo quería hacer el servicio militar, pero había quedado exceptuado, entonces decidió por vocación alistarse en la escuela de suboficiales de la Fuerza Aérea Argentina con asiento en Córdoba. De esta manera ingresó como aspirante a suboficial en 1977 con grandes ilusiones.
En noviembre del 77, su ciudad más querida, Caucete, es azotada por el fuerte terremoto. Entonces, tras la novedad, en la Escuela de Suboficiales lo autorizaron a llegar a San Juan y colaborar con su pueblo.
A pesar de estos altibajos en la vida, por su rendimiento académico, la institución militar lo designó escolta de bandera, egresando en diciembre de 1978 con el grado de cabo y el título de mecánico de aeronaves especializado en aviones IA-58 Pucará. Su primer y único destino fue la Tercera Brigada Aérea con asiento en Reconquista de Santa Fe. Allí se casó con Alicia Ramírez, de cuyo matrimonio nace su primer y único hijo, Hugo Alejandro Montaño, en 1981.
En 1982 estaba próximo a comenzar sus estudios universitarios en la carrera de abogacía, cuando estalló la guerra de Malvinas. Fue enviado a las islas en la noche del 8 de abril. Él había pedido ir. Su destino fue la base aérea militar Cóndor, con asiento en Pradera del Ganso, dentro de la Isla Soledad.
Cuentan sus camaradas que, en la mañana de aquel luctuoso 1 de mayo de 1982, como todos los días, Hugo debía mantener listos para el ataque a sus aviones Pucará. Así, a las 8.30, se encontraba Hugo junto a seis camaradas y un piloto reparando un Pucará que se hallaba averiado en la pista de aterrizaje cuando comenzó el ataque inglés.
Un avión SEA Harrier lanzó bombas sobre el avión donde se encontraba Hugo y sus compañeros y, de esta manera, Hugo Montaño se convirtió en el primer sanjuanino en morir en la guerra de Malvinas.
Alicia se enteró el 3 de mayo de que su marido había muerto Con el tiempo, le trajeron cartas que él le había escrito y que no había podido mandar, como así también su reloj, que se lo habían podido sacar y venía manchado con su propia sangre. A ese reloj lo guarda su hijo como su tesoro más preciado.
Hugo León Llanos
Hugo León Llanos no era sanjuanino, pero vivió desde muy chico en San Juan. Había nacido en el partido de Martínez, en la provincia de Buenos Aires, un 30 de junio de 1948. Era hijo de Yeny Llanos y el mayor de cinco hermanos.
Cuando era muy pequeño, primero estuvo en La Rioja y luego llegó a San Juan a hacer su escuela primaria, hasta que se alistó en la Armada Argentina. "Cuando mi esposo cumplió los 33 años, en 1981, dijo mientras brindábamos: 'ya me puedo morir, tengo la edad de Cristo'. Qué proféticas fueron sus palabras. Fue como si él se estuviese preparando para lo que vendría algunos meses más tarde", contó su esposa, Virginia Avellaneda.
Se casaron el 11 de septiembre de 1976 en San Juan, pero el primer hogar fue en Mar del Plata. Allí, Hugo vivió el conflicto con Chile a bordo de un barco de bandera española. En el año '81 le dieron el pase de crucero general Belgrano, y ahí la familia se fue a vivir a Bahía Blanca, en provincia de Buenos Aires.
A él le asombraba el barco porque era inmenso, decía que parecía una ciudad y que había un mundo de gente. El 2 de abril de 1982, todo el pueblo celebraba la recuperación de las Islas Malvinas, y Hugo llegó en un Citröen que tenía, con un pedazo de bandera argentina. Había conseguido en el Belgrano esa bandera y la había cortado por la mitad para repartírsela con su amigo y salir a festejar la recuperación. Hasta el día de hoy ella la conserva, y allí ve los recuerdos de su esposo feliz y orgulloso por la hazaña.
Estaba contento porque iba a participar del conflicto. Le informaron que partiría el 13 de abril. A él no le gustaba que lo fueran a despedir, por eso lo mandó a llamar su esposa con un compañero y él llegó. Le dijo que no pensara mal, que para eso había ingresado en la Armada, para luchar por la patria, y que tenía que irse porque estaba preparado para eso. Y así fue su partida, con felicidad y confianza.
Un día llegó la vecina y les dijo que había escuchado por la radio que habían hundido al crucero General Belgrano. En ese momento no quiso darle crédito a las palabras. Por aquellos días Virginia estaba angustiada de peregrinar por todos lados en busca de su ser amado. La gente conocida la consolaba y también la preparaba para cuando se suspendiera la búsqueda en el mar de los sobrevivientes. Y así fue que la búsqueda se suspendió y su marido no apareció más. Se había ido al fondo del mar con el crucero General Belgrano.
Leé mucho más sobre Malvinas y San Juan haciendo click acá.