Mañana se tratará en la Cámara de Diputados el Presupuesto 2022.
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Juntos por el Cambio, previsiblemente, anunció su negativa al proyecto, y se debate en una discusión interna. Un grupo quiere dar quórum, confiado en que triunfaran en la votación, y otro sector, con Ricardo López Murphy a la cabeza, plantea bajar al recinto a debatir sólo si el oficialismo, “por las suyas”, consigue el quórum.
Conscientes de esta negativa, desde el oficialismo se trabaja con legisladores que pueden considerare, al menos en este tema, como aliados.
Era el caso de los legisladores cordobeses y del espacio de Florencio Randazzo.
El verbo en pasado tiene que ver con las declaraciones del ex ministro de Transporte de Cristina Kirchner y un comunicado surgido del gobierno cordobés, que adelantaron también su voto negativo.
Aparentemente estos sectores darían el quórum (Randazzo aún lo está decidiendo) pero votarían en contra.
La máxima aspiración del oficialismo en estas horas es negociar la abstención, con lo que sus votos positivos alcanzarían para pasar el proyecto de ley con media sanción al Senado.
Dentro del Frente de Todos, en off, le bajan el precio al problema que significaría la no aprobación del presupuesto.
Por un lado, le serviría al gobierno para facturarle a la oposición la conducta “destructiva”. Por el otro, prorrogarían el presupuesto 2021, que tenía previsto un ingreso de fondos mucho menor que el del año que entra. Estos excedentes podrían ser redistribuidos a fuerza de decreto por el Presidente, sin que medie ningún tipo de control parlamentario, ni la necesidad de justificar desvíos de partidas.
