La llegada repentina de la pandemia y la cuarentena obligatoria parecen haber tenido un efecto apaciguador en la interna bloquista. El presidente de la Convención y aspirante a sucesor de Graciela Caselles, Luis Rueda, decidió apostar a la amnistía y buscar nuevamente un acuerdo de unidad. Para ello incluso, podrían extenderse los mandatos partidarios que vencen en octubre. Esta semana reconocieron cierta inspiración en la receta Fernández-Fernández.
Antes del Covid-19, las tensiones habían llegado al extremo. En febrero, el sector ruedista cuestionó a Caselles por la administración de los 80.000 pesos mensuales que recibe el Partido Bloquista por los aportes de dirigentes que desempeñan cargos políticos. La diputada nacional y presidenta del Comité Central acusó recibo del ataque y ordenó reunir toda la documentación para contrarrestar los rumores. Se puso furiosa.
El diálogo de Graciela y Rueda quedó muy resentido. Ella había prometido su respaldo al joven pocitano para coronarlo como nuevo líder del partido centenario. Pero la relación se agrietó y la legisladora tuvo un visible distanciamiento. Trasladó su centro de actividades a la Fundación Javier Caselles.
Del lado ruedista radicalizado hubo cierto malestar también con ella, porque empezaron a aparecer otros precandidatos con intenciones de disputar la presidencia del partido, alegando haber obtenido el aval de la diputada. Así se presentaron Pedro Medina primero y Gerardo Ledesma después. El intento de ninguno prosperó, pero quedó flotando la sospecha acerca de un viraje casellista de última hora, para jugar a dos puntas.
Hubo otro factor de discordia, referido a la fecha de la convocatoria a elecciones partidarias. Los mandatos vencen en octubre y la Carta Orgánica habilita a llamar a las urnas entre los 90 y los 120 días previos. Rueda prefería anticipar todo lo posible el acto comicial, pero Caselles no compartía esa postura. Más allá de las razones profundas, el criterio de la diputada nacional era que no alcanzaban los tiempos para generar el consenso suficiente.
En esa situación se encontraban cuando el Coronavirus hizo pie en Argentina. El eje se trasladó de manera excluyente a trabajar en la emergencia, Rueda como secretario privado del gobernador Sergio Uñac y Caselles como legisladora del Congreso. Pasaron dos meses de confinamiento y los ánimos se calmaron. El distanciamiento social ordenó las prioridades, evidentemente.
Rueda ya no tiene ningún apuro en convocar a elecciones. Coincide con Caselles en que hace falta tiempo para generar consensos y apostar por todos los medios a una lista de unidad. Esto implica, conciliar las tropas de ambos después de los roces. No será tarea sencilla y las cabezas tienen plena conciencia de ello. Sin embargo, la apuesta será construir un acuerdo lo suficientemente amplio para evitar fracturas. El principal desvelo del joven pocitano por estos días es salvar al partido de esa división entre orgánicos y disidentes, que marcó la última década. Y para ello sabe que es necesario incluir al casellismo.
Por eso, la primera misión de Rueda será convencer a los propios. En particular, el diputado chimbero Andrés Chanampa, quien se enfrentó con mayor virulencia con Graciela. Pero la lista es bastante más amplia e incluye al intendente de Iglesia Jorge Espejo y al concejal capitalino Alfredo Nardi. Ambos tuvieron choques públicos con la presidenta del partido.
En plan conciliador, Rueda pretende superar los conflictos agravados por el contexto electoral de 2019. Quedaron heridas abiertas, especialmente por la interna iglesiana. Sabe que es la única vía factible para que el partido llegue fortalecido al 2023. Cualquier estampida sería dañina para ese horizonte trazado.
Consolidada la relación política de Rueda con el gobernador, su eventual presidencia del bloquismo sería garantía de continuidad del Frente Todos para las elecciones legislativas nacionales de 2021. Pero esas listas no aparecen en el radar por el momento. El joven dirigente entiende que la pandemia redefinió todo. Por eso ya no hay apuro alguno en convocar a interna partidaria y posiblemente sea tema para liquidar recién el año próximo.
Hay plena consciencia de que la gente está preocupada por los contagios y luego también por la evolución de la economía. Sería al menos inoportuno pretender instalar una discusión por la conducción bloquista, cuando las prioridades hasta fin de año estarán monopolizadas por el efecto Covid-19. El mundo ya no será igual, el país tampoco y la provincia, menos.
Entonces, con este diagnóstico prácticamente cerrado, el camino sería extender los mandatos que vencen en octubre. Hasta entonces aprovecharían para fortalecer el diálogo y llegar a la renovación con una lista de unidad que tenga a Rueda en la cúspide, pero también abra espacio para todos los sectores internos. Es decir, con Graciela dentro de la estructura. Así lo evaluaban en el entorno ruedista al finalizar la semana.
Como se dijo antes, la expectativa del joven pocitano está puesta en el 2023, cuando habrá nuevamente elecciones generales. Su relación política con Uñac goza de buena salud y su apuesta es sentarse a esa mesa con el respaldo de un partido totalmente unificado. Es allí cuando se juegan las definiciones más intensas por la cantidad de cargos a renovar en las urnas. Para alcanzar la meta, comenzaron a hablar en la mesa chica del ruedismo de un modelo similar al de Fernández-Fernández.
El pasado 18 de mayo se cumplió un año desde que Cristina Fernández de Kirchner anunció sorpresivamente y por redes sociales que el candidato a presidente sería Alberto Fernández, con ella como compañera de fórmula. Previamente la senadora había regresado al PJ. Súbitamente la dupla se convirtió en la alternativa más competitiva para hacerle frente a Mauricio Macri en los comicios de 2019. Los gobernadores peronistas fueron adhiriendo paulatinamente y la ancha avenida del medio se redujo a una mínima expresión con Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey. Luego vino el batacazo de las primarias de agosto y finalmente la victoria de octubre.
Ese modelo estratégico es el que por estos días presenta Rueda a sus eventuales interlocutores, incluidos algunos bloquistas que llevan mucho tiempo fuera de la estructura pero están buscando reinsertarse en el partido. Con los resultados en la mano, el joven pocitano expone que la única construcción posible es con Graciela adentro. Con ella y su tropa.
Para convencer a los propios, a los más reactivos contra la diputada nacional, Rueda advierte que no piensa en un cogobierno. Nuevamente el ejemplo sale de la Casa Rosada, donde Alberto pudo demostrar autonomía de criterio, más allá de la presencia fuerte de la vicepresidenta, aportante de un grueso caudal de votos. La analogía con el bloquismo aplica también en este punto.
Limando las asperezas, Rueda sabe que cuenta con Caselles porque ella se ocupó de transmitir hacia abajo que su candidato era él. Claro, eso ocurrió mucho antes de los cortocircuitos que eclosionaron entre enero y febrero. Estos ruidos enfriaron la relación, pero el aislamiento preventivo impuesto por el Coronavirus permitió reflexionar.
Falta bastante para abrir la temporada de internas partidarias, el 2020 trajo consigo un sacudón insospechado que atravesó transversalmente a la sociedad y las fuerzas políticas no quedaron al margen de este impacto. Pero en la medida en que las variables sanitarias y económicas encuentren un rumbo, volverá la rosca. De hecho, ya comenzó. Disimuladamente, sin estridencias y sin apuro.