No admiten los funcionarios de la Municipalidad de la Ciudad de San Juan que el lunes 11 de mayo sintieran temor. Apenas reconocen que fue un primer día “con mucha energía puesta” y “muchas preguntas”. Más allá de lo semántico, la reapertura del comercio al público funcionó como experiencia concluyente, no solo para definir si era posible mantener la actividad en el microcentro, sino también para preparar la nueva fase que incluirá otros espacios públicos con concentración de gente como no sucede desde hace casi dos meses.
Se diseñó un operativo sin precedentes. Ambas peatonales, Tucumán y Rivadavia, quedaron valladas por completo y, con la respiración contenida, se comenzó a permitir el ingreso de personas por terminación de DNI. Una por una tuvo que exhibir su documento frente al retén policial para ingresar directamente a un “corralito” sin salida. Las quejas por tantas restricciones hicieron rever las medidas. En pocas horas se fue modificando el circuito interno hasta conformar una “rotonda” para ordenar el tránsito a pie. Pura imaginación en tiempos de pandemia.
Llegado el viernes, el resultado era esperanzador. La prueba había sido superada con éxito. El operativo funcionó correctamente, no hubo aglomeraciones y los reclamos tanto de clientes como de comerciantes sirvieron para ir corrigiendo los procedimientos sobre la marcha. Sin embargo, sobrevenían nuevas preocupaciones, ante la inminente liberación de otras dos actividades que tendrán impacto directo en Capital: las caminatas saludables en el Parque de Mayo y el ingreso de fieles a los templos de las decenas de cultos que tienen sede en la misma jurisdicción.
El viernes la reapertura de las iglesias, sinagogas y todo sitio de oración religiosa era ya decisión tomada y anunciada, mientras que el regreso de las actividades al aire libre en el principal pulmón verde capitalino se terminaba de ajustar. Ese mismo día, el secretario de Gobierno de Emilio Baistrocchi, Horacio Lucero, supervisaba personalmente el terreno, imaginando cómo sería el tránsito por los senderos del parque. La prueba experimental en la peatonal tendrá un segundo laboratorio, esta vez más desafiante.
La extensión del Parque de Mayo y la cultura de acampe en los espacios verdes conspiran contra el orden que pretenden las autoridades. Detrás de la sobriedad del anuncio hecho por teleconferencia el sábado, estaba la incógnita acerca de la cantidad de personas que se volcarán a estirar las piernas y cómo será la interacción. El modelo probado seguirá siendo la reapertura de la peatonal, con las adaptaciones de rigor, pero con la misma premisa: nadie debe cruzarse con otra persona, todas deberán transitar en la misma dirección, y estará terminantemente prohibido permanecer en grupos estáticos en un mismo lugar.
El tema de los cultos tampoco es menor. Una alta fuente municipal dijo que hay preocupación porque en Capital coexisten 45 religiones y esto grafica la magnitud del operativo que debería montarse para el control. Las comunidades religiosas tienen el hábito de orar en grupo, algo absolutamente incompatible con el protocolo sanitario. Y buena parte de los fieles son adultos mayores. A quienes superan los 60 años directamente les prohibieron ingresar a la peatonal durante la primera semana de apertura al público. ¿Era factible una decisión semejante tratándose de una expresión de fe? Claramente la decisión fue flexibilizar también la medida para esa franja etaria, con horarios especiales. Podrán entrar a los templos de 14 a 16.
También preocupa en el municipio la disponibilidad de personal frente a la creciente flexibilización en esta fase de la cuarentena. Todos los empleados disponibles salieron a las calles sin quedar ninguno como reserva. Por lo tanto, la incorporación de nuevas actividades autorizadas demandará una redistribución de recursos humanos, quitando de un lugar para destinar a otro sitio. Es un diseño complejo que demandaba toda la atención en las horas previas al inicio de la nueva semana.
El desafío es doble, porque los rangos horarios no pueden diferir demasiado. Todo quedará concentrado desde las 9 o 10 hasta las 20 a más tardar, igual que la actividad comercial en sus distintas modalidades. En esto será clave nuevamente la coordinación entre la Policía de la provincia y los monitores urbanos del municipio, que días atrás estrenaron bicicletas y monopatines para tener mayor agilidad a la hora de corregir conductas en el microcentro.
Por todo esto, la experiencia de la peatonal funcionó como un termómetro, para ajustar la maquinaria de controles. La modalidad para lo que sigue será semejante, en cuanto a la mesa de trabajo conjunto. Luego habrá particularidades que se conocerán en lo sucesivo y, especialmente, cuando llegue la hora de levantar las barreras. El procedimiento puede empezar muy restrictivo para relajarlo en función de la observación en el terreno. Todo lo previo habrá sido apenas un ensayo de escritorio.
En Capital midieron día a día la evolución de la reapertura del comercio al público. Advirtieron que la gente se fue acostumbrando y por eso funcionó el flujo de peatones como lo habían planificado, emulando una gran avenida donde los individuos no se cruzan de frente y los giros son siempre a la derecha.
El diseño lineal implementado en Rivadavia y Tucumán también permitió ordenar las filas en las puertas de los locales comerciales. Espontáneamente, los clientes formaron líneas junto a las fachadas o junto al vallado, dejando un sendero liberado al centro para los transeúntes.
La evaluación capitalina también arrojó que los sanjuaninos han adquirido el hábito de usar barbijo y alcohol en gel. Es algo que se ha internalizado y permite un “hándicap” alentador para seguir flexibilizando la cuarentena. Será parte de la nueva normalidad en tiempos de Covid-19. Si cualquiera de estos detalles hubiese fallado en la primera semana de la cuarta fase que transita la provincia, la apertura de nuevas actividades habría sido directamente inviable.
En las incontables reuniones previas mantenidas por autoridades del municipio y comerciantes, hubo discusiones lógicas, frente a la urgencia de los empresarios pymes por volver a trabajar. Se impuso la decisión política de priorizar la salud. “No estamos cediendo derechos, estamos cediendo comodidades”, espetó el secretario de Gobierno Lucero. Pero junto con la obligación, vino también una promesa alentadora. El cumplimiento de las normativas es lo que permitirá ir ablandando las situaciones. Con ese estímulo se selló el compromiso mutuo.
Al unísono con Nación, el planteo provincial y municipal sigue siendo que, si en algún momento las actividades permitidas se salen de control, habrá marcha atrás. El costo de una decisión semejante sería demasiado elevado, desde lo económico hasta lo anímico. Sin embargo, es decisión tomada, atendiendo que la salida gradual de la cuarentena está ocurriendo en el umbral del invierno, la peor estación en materia de enfermedades respiratorias. Un paso en falso podría echar por la borda la situación epidemiológica sanjuanina, interpretan en Gobierno.