escándalo

Anticipan un capítulo del libro sobre Mauricio Macri: ¿no ayudó a su sobrina con cáncer?

En algunos medios leyeron un capítulo adelanto del libro "Hermano" sobre conversaciones con Mariano Macri. sin haber salido a la venta, ya es best seller. Leélo.
jueves, 22 de octubre de 2020 · 17:33

La escena política nacional está conmovida, especialmente el macrismo, por la inminente salida del libro de Santiago O´Donnell "Hermano", sobre conversaciones con Mariano Macri, el hermano de Mauricio Macri.

Sin salir a la venta, el libro ya es best seller, y en el capítulo adelanto de la publicación que cuenta secretos, engaños, estafas, traiciones y corrupción de la ex familia presidencial, se narra una historia que puede ser la piedra basal del dolor  de Mariano con Mauricio que llevó a las revelaciones.

En esa parte Mariano cuanta como Mauricio le dio la espalda cuando él le pidió ayuda económica para conseguir remedios carísimos contra el cáncer para su hija, que debían traerse del exterior.

Mariano aseguró que tuvo que recurrir al primo Ángelo Calcaterra porque el resto de la familia se desentendió.

El anticipo: 

"Domingo de marzo soleado y fresco en el coqueto barrio de La Horqueta, en la unión entre los dos ramales de la Panamericana, a la altura de Beccar y San Isidro. La cita es en el Seven Eleven, un discreto bar-restorán con fachada de ladrillo y galería con mesitas a un costado, detrás de un gran kiosco de revistas, en un centro comercial abierto y arbolado sobre la avenida Blanco Encalada. A la hora convenida, él ya me está esperando. Me llama con el brazo desde una mesa al aire libre, la más alejada de la vereda. Recuerdo el silencio. Faltan siete horas para que Alberto Fernández anuncie la esperada cuarentena, que entrará en vigor al día siguiente. La Horqueta parece un pueblo fantasma, pero el Seven Eleven de Beccar, milagrosamente, sigue abierto.

Adentro no hay clientes. Afuera, el único es Mariano Macri. Camisa celeste, pantalón kaki, ojos verdes, nariz importante, barba, sienes templadas, boca de jóker: la viva imagen de su papá. Erguido en la silla, hombros abiertos, espalda derecha, saluda afectuoso: “¿Cómo va, querido?”, con su voz grave y nasal. Me recibe con el codo, sin beso en la mejilla. “Se está cuidando. Tiene tres chicos jóvenes”, pienso. Una hora antes me había llamado desde su casa en un country de Pacheco y me dijo que teníamos que hablar. Nos encontramos a mitad de camino. 

Desde la última vez que nos vimos hace dos semanas, el mundo se dio vuelta por culpa de la pandemia. La recomendación es no salir de nuestras casas. “Ayer estuve con Mauricio”, me dice, y entiendo. Hace dos meses que nos venimos reuniendo una o dos veces por semana para completar una larga entrevista que daría forma a este libro testimonial sobre su pelea con el expresidente. Y justo dos días antes de la cuarentena, por iniciativa de Mauricio, se reunieron. 

Se acerca una moza y le pido un tostado y un café con leche. Él dice: “Ya estoy bien”, le sonríe atento y no pide nada. Parece contento de verme. Prendo el grabador del celular, lo dejo sobre la mesa vacía y le apunto con el micrófono. Él lo endereza apenas y se lo acerca un poco más, como si quisiera asegurarse de que una ráfaga de viento no se lleve lo que está a punto de decir. Empieza a hablar y yo lo interrumpo pidiendo detalles. Retoma y lo vuelvo a interrumpir. Quiero clima, quiero diálogo, quiero horarios, direcciones, quiero todo. Vamos y venimos. Mariano cuenta, yo lo interrumpo, Mariano vuelve a empezar.

Hasta que sucede algo que me deja mudo. Mariano empieza a hablarle a Mauricio. Lentamente, en un ligero crescendo, con la voz firme, con enojo apenas contenido. 

Mauricio, ¿vos me estás jodiendo? No te importó la salud del viejo, la angustia que el viejo vivió. ¿Te das cuenta, Mauricio? Tampoco te importó la enfermedad de mi hija. Tuve que acudir a mi primo Ángelo a pedirle plata porque el médico oncólogo del Fundaleu que me traía la droga de afuera me cobraba una fortuna y ustedes me dieron vuelta la cara, me habían cortado el grifo, me habían dejado totalmente seco. No logré siquiera que reaccionaran frente al episodio de cáncer de mi hija y tuve que recurrir a mi primo, que fue el que me ayudó. ¿Te das cuenta? Vos te fuiste en todo este proyecto tuyo de poder cuando para mí el proyecto era velar por el crecimiento de la gente y evitar que la empresa se fagocitara a la familia. Vos y yo somos de dos galaxias distintas.

Parece poseído, enajenado, la mirada fija en el celular como si le habla-ra a un fantasma que no lo deja en paz. Un recitado cadencioso y gutural, haciendo caer palabras como piedras, pausando para que aturdan. Cuando apago el grabador cuarenta minutos después lo veo respirar aliviado, liviano. Entonces entiendo.

Haberle dicho a su hermano en la cara la tarde anterior lo que pensaba de él no le sirvió de mucho. Es como si le hubiese hablado a una sábana. Para conjurar su fantasma, debe repetirlo delante de un periodista, palabra por palabra, y hacer que todo el mundo se entere. No importa que ese mundo, ese día, se esté cayendo a pedazos".

 

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