El emporio empresarial bajo sospecha

La doble tragedia que involucró a Vicentín y que quedó impune

La firma es la propietaria de la mostera ENAV, una empresa que en 2014 arrojó residuos peligrosos en una escombrera de Chimbas y provocó la muerte de dos mujeres. El caso quedó sin culpables.
lunes, 27 de enero de 2020 · 23:27

El escándalo que envuelve al emporio empresarial Vicentín por el préstamo de 18.700 millones de pesos que le otorgó el Banco Nación durante la gestión macrista y que dejó de pagar por “estrés financiero”, recordó a muchos los antecedentes de la firma en San Juan. Un pasado no muy lejano de una de sus empresas, la mostera ENAV, que se vio involucrada en el trágico caso de dos mujeres que murieron en 2014 por los residuos peligrosos que arrojaron en una escombrera de Chimbas y cuya causa judicial quedó en la nada.

Aquella tragedia dejó marcada a la familia Illanes Montiveros. Nada fue lo mismo a partir de las muertes de Mercedes Montiveros, de 48 años, y de su hija Mayra Illanes, de 22 años, por el inesperado accidente que sufrieron la tarde del 26 de noviembre de 2014 mientras caminaban por una escombrera situada en las calles Luna y Oro, Chimbas.  Ese día ellas habían salido a juntar piedritas para hacer los souvenir del casamiento de Mayra, que planeaba contraer matrimonio en diciembre de ese año. Sin querer terminaron pisando un terreno sembrado de carbón activado -una peligrosa sustancia química que utilizan las mosteras- y que le provocaron graves quemaduras en la piel y en las vías respiratorias. Ambos se enterraron en un pozo lleno de esa sustancia y tuvieron que rescatarlas. Las dos permanecieron internadas en terapia intensiva del Hospital Marcial Quiroga. Mercedes falleció el 29 de noviembre de ese año. El 5 de diciembre lo hizo su hija, Mayra.

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Se determinó que esos residuos habían sido arrojados por la planta mostera ENAV, de la firma Vicentín, y en ese entonces detuvieron al gerente, Federico Breu, y al chofer de la empresa, Germán Díaz, como presuntos responsables. Al otro día recuperaron la libertad, pero jamás se los llevó a indagatoria ni se los procesó. El juez Eduardo Agudo, que estaba a cargo del Primer Juzgado Correccional y que intervino en la causa, luego se declaró incompetente al entender que había un delito federal y giró las actuaciones al Juzgado Federal, pero ahí la rechazaron porque afirmaron que el caso era de jurisdicción provincial. “El caso debía irse a la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que resolvieran quién debía intervenir, pero resulta que, como por arte de mágica, la causa desapareció en el camino. El caso nunca más avanzó el caso”, afirmó José Nicolás Carrizo, abogado de la familia Illanes Montiveros.

La causa civil fue por otro carril y hubo muchas audiencias, en algunas la mostera no se presentó. “Verdaderamente creí que se iba a hacer justicia, pero no fue así. Empecé a recibir presiones y amenazas de todos lados. Yo quería que alguien fuera preso. Perdimos a mi esposa y a mi hija, pero nadie hizo nada. Hasta que me cansé, tenía que pensar en mis otros hijos. Un día reuní a toda la familia y dije: arreglemos, agarremos lo que nos ofrecen. No vale la pena seguir, no vamos a poder con todos ellos. Yo soy un ratón en comparación a la empresa y a todos los que estaban detrás”, explicó Luis Illanes, el marido y padre de las dos mujeres fallecidas. El abogado también contó que recibió aprietes de desconocidos para que no continuaran con el reclamo.

En 2015, la familia Illanes Montiveros llegó a un acuerdo en el fuero civil por el pago de una suma dinero en forma de resarcimiento y reparación del daño. Dicho documento incluyó una clausula en la que la parte demandante desistía de la acción penal contra la empresa y todos los involucrados, explicó el abogado Carrizo. Y así fue. La causa no avanzó y a esta altura está dada por prescripta.

La casa de la familia Illanes Montiveros en la Comuna San Miguel, en Chimbas, ahora está casi vacía. Luis Illanes vive solo con una de sus hijas más chicas. Los otros seis hijos formaron pareja y se mudaron. El hombre dejó su puesto de verduras después de sufrir un accidente que lo dejó inválido de una pierna y ahora sobrevive con su pensión. “Dejé de creer en la justicia. No se puede contra los poderosos. Uno roba una gallina y te llevan preso. Pero acá mataron a mi mujer y a mi hija y nadie fue preso. Por eso me cansé de pelear, ¿para qué? Me dije, mejor me quedo acá y listo. Ya había perdido muchas cosas”, expresó Luis que todavía lamenta la muerte de su esposa Mercedes, su compañera durante 33 años de casados, y de su hija Mayra, que en 2014 planeaba casarse.

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