Con un ojo acá y otro allá transcurrirá el gobernador Sergio Uñac los próximos meses a nivel político, con algunas cartas que ya se orejean y van descubriendo al menos la pinta.
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SUSCRIBITECon un ojo acá y otro allá transcurrirá el gobernador Sergio Uñac los próximos meses a nivel político, con algunas cartas que ya se orejean y van descubriendo al menos la pinta.
El de acá, concentrado en el diseño de un operativo reelección ya lanzado hace rato. Pero que en los últimos días vino registrando novedades, y en los próximos verá cómo se aceleran las velocidades.
El de allá, también repleto de recientes imágenes con mucho que decir y una estrategia paciente y calculada para echar cimientos como factor político nacional sin poner la cabeza en la guillotina. Que de todos modos deberá ir siendo recalculada a cada paso, antes un desarrollo incierto que puede ir reclamando permanentes ajustes.
Una y otra estrategia, casi absolutamente independientes una de otra. Simultáneas, si se quiere complementarias, pero separadas. Excepto que se deban unir (alterar, apurar) por alguna de esas sorpresas que el destino siempre le tiene reservado a este país. Se verá.
Sin decirlo, avaló el ministro Emilio Baistrocchi la semana pasada en Paren las Rotativas (domingos a las 21 por Telesol) la presunción de que las elecciones provinciales serán finalmente adelantadas. ¿Para cuándo? Se trata de un acuerdo más general con otras provincias peronistas (Córdoba, La Rioja, Catamarca), pero no deberá ser más allá de la última de semana de junio (es decir, dentro de menos de un año).
Por dos motivos: para no dejar evaporar el efecto político del despegue, y para que den los tiempos a los que buscarán candidaturas en el plano provincial y nacional (incluidos los interesados de Cambiemos, que los hay).
Nadie tiene tan claro, por otro lado, la dirección de los impactos políticos: por una eventual profundización del malhumor económico nacional, si el destinatario se queda sólo en sus responsables directos de la gestión nacional, si contamina los alrededores, si no queda nadie a salvo. Tampoco una eventual recuperación de la imagen presidencial, si llegaría a tiempo a San Juan. Moneda al aire para decisiones que hay que tomar pronto.
Lo definió con un “seguramente” adelante, pero quedó claro también en esa charla del ministro Baistrocchi que no será usada la potestad legal de eliminar la instancia previa de las Paso en San Juan. Es decir que si la elección general en San Juan es en junio, las Paso deberían ocurrir como mínimo en el eje marzo-abril.
Sumados los 100 días de anticipación en que debe formularse el llamado de acuerdo a los plazos legales, estaría dando enero. “En diciembre vamos a tener novedades”, definió sugestivamente el ministro. Nada para agregar, excepto que es un escenario de 9-10 meses que encuentra a la escudería local de Cambiemos desalineada y desorientada. Y en el que la Paso podría servir para solucionar alguna eventual rispidez departamental (Rawson).
Claramente la mirada de Sergio Uñac está en San Juan para su futuro inmediato, pero no deja de relojear con atención lo que ocurre en el plano nacional, especialmente el trabajo de parto peronista que debería alumbrar un nuevo liderazgo y en el que el sanjuanino tiene mucho para decir.
Sergio Uñac avisa a todos los que deben estar enterados que no será candidato nacional en el 2019, pero que su voz deberá ser necesariamente escuchada en este rediseño, del que no queda claro qué saldrá.
Justo a 30 años de aquella recordada interna peronista (la última que se tenga memoria) en la que la renovación liderada entonces por Carlos Menem derrotó a, también, la renovación pero con la cara de Cafiero. Los dos buscaban darle otro aspecto a un partido herrumbado con los rostros de Lorenzo Miguel o Herminio Iglesias. Ganó el riojano, el resto acompañó como caballeros. Hoy, esa foto del 88 en una postal a la que todos soñarían regresar: interna sin calenturas para definir diferencias, por más profundas que sean.
Afuera por decisión de afirmarse en San Juan, la hiperactividad de Uñac en este nuevo plano quedó a la vista en las dos semanas anteriores con las reuniones que mantuvo con la primera plana de la conducción del poderoso aparato del PJ bonaerense. Primero con la intendenta Verónica Magario y el diputado Fernando Espinoza, luego con intendentes de la talla de Martín Insaurralde (de Cirio). Con algunas particulares dignas de mención.
Una, que las reuniones ocurrieron en la Casa de San Juan, es decir de local. Evidente señal sobre quién va a ver a quién. Otra, sus interlocutores: la intendenta y su antecesor lideran el distrito electoral más gravitante del país, La Matanza. Y están recostados sobre un sector con el que no coquetea cualquiera, el filokirchnerismo. Difícil ver a un gobernador con aspiraciones reunirse con ellos, excepto Rodríguez Saá. Y Uñac, otra generación y otra proyección que el puntano. El siguiente distrito más importante en cantidad de electores es Lomas, en el Insaurralde.
Ese es el equilibrio en el que opera hoy el sanjuanino: hacerse fuerte a su tierra y participar en la reestructuración del PJ sin ser candidato nacional el año que viene. Dos puntas que van por separado y que no se juntarán, salvo un cataclismo. O que la propia dinámica de los hechos imponga una revisión.
Hay dos o tres escenarios que podrían llevar a Sergio Uñac a repasar conveniencias. Su proyecto es el de buscar una reelección en San Juan, consolidarse y pegar el salto dentro de 5 años, o sea para el próximo período. Ese dibujo contiene un condimento no excluyente, pero conveniente: que el año que viene sea reelecto Macri. De esa forma, se encontraría en 2023 con un presidente que no tendrá más chance de reelección y deberá dejar la posta en alguien de su confianza (Vidal, Larreta, etc.), y habrá que ver qué pasa con ellos con el paso del tiempo.
El asunto es que con la caída en desgracia de la imagen de Macri, no está demasiado a la vista lo que ocurrirá, tanto en el campamento del presidente como en el pan peronismo. Con un agregado: que si la crisis no se detiene, empiezan a aflorar los opositores con chances.
Lo dijo Duhalde, sugestivamente, en la semana: “mi candidato es Lavagna”. Alejado de los primeros planos, el bonaerense ex presidente sigue manejando hilos gruesos. Y no deja de lado la suspicacia. Sabe que Lavagna puede llegar a ser un proyecto atractivo en un escenario de crisis desatada con el FMI.
Otro que teje en las sombras es Sergio Masa, también con la carta de Lavagna como aval y otra tal vez más contundente para el gran público: Marcelo Tinelli. Urtubey no deja de modelar como postulante a presidente cada vez que lo enfocan los flashes, y es el favorito de los gobernadores.
Y siguen las firmas. Felipe Sola avisó que está alistado, Rodríguez Saá viene haciendo sonar la bocina, el kirchnerismo prepara a alguno de los suyos (más probable Agustín Rossi que Axel Kicillof) sin descartar a CFK. Con un escenario de complicaciones económicas y sociales desatado (sobre el que no profundizará esta nota), cualquiera puede sentirse con justicia con chances de derrotar a Macri.
Y si lo hace, la pregunta es: ¿alguno de ellos (incluso Vidal, si Macri la designa como su sucesora ahora nomás a causa de sus pobres números y los buenos de la gobernadora) estará dispuesto a entregar el testimonio cuando llege el momento de la proyectada irrupción del sanjuanino? Para responderla, otra pregunta: ¿no obligaría eso a recalcular los tiempos en el campamento de San Juan?
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