Que Marcelo Orrego sea el dirigente de Cambiemos mejor posicionado para ser candidato a gobernador en 2019 supone además que corre con ventaja para retener el municipio de Santa Lucía que gestiona desde 2011. Para el justicialismo el desafío se presenta cuesta arriba y doblemente atractivo. Ganarle al invencible del macrismo sanjuanino en su propio territorio sería una cucarda invaluable en términos políticos.
Según fuentes partidarias, algunos se entusiasman con tomar como punto de partida el apoyo obtenido por los candidatos de Sergio Uñac en las legislativas del año pasado, cuando el Frente Todos se impuso con holgura sobre el Frente Cambiemos en Santa Lucía. Sin embargo, el mismo gobernador advirtió en aquella ocasión que no se plebiscitaba la gestión de los intendentes.
Por eso un dirigente con experiencia en el peronismo santaluceño aconsejó tomar como punto de partida los guarismos de 2011, cuando Orrego ganó con unos 50 puntos y el entonces ministro de Desarrollo Humano, Daniel Molina, quedaba en segundo lugar con unos 35 puntos. Fue considerado un resultado digno por el justicialismo, que arrancaba “de menos diez” para instalar un candidato capaz de jugarse la patriada en dos meses.
Recordó el mismo dirigente que en aquel momento se acordó que el proyecto no debía abandonarse, porque el objetivo estaba puesto en el horizonte de 2019. Fecha clave, debido a que Orrego no podrá ser nuevamente candidato en el municipio. Y si bien dejará algún heredero con su bendición, garante de la continuidad, para la oposición en el municipio se abriría una ventana que se mantuvo herméticamente cerrada en 2015.
Pero no. Aquella conversación sobre mantener calentita la unidad partidaria en el departamento se fue diluyendo con el paso del tiempo. El propio Uñac tuvo que llamar a los principales dirigentes uno por uno y recibirlos por separado en su despacho, para pedirles el mayor de los esfuerzos en las legislativas de 2017.
“No les pido que salgan a caminar tomados de la mano”, manifestó el pocitano según recordó una fuente del espacio. Pero sí les encomendó que transmitan el mensaje de unidad en torno del mismo proyecto de provincia. La campaña fue exitosa. El votante santaluceño acompañó mayoritariamente la propuesta uñaquista en las legislativas.
La pregunta del millón, rumbo a las elecciones municipales del año que viene, es si el efecto Uñac será lo suficientemente potente para arrastrar a su candidato a intendente y repetir el resultado de las legislativas. O el departamento encapsulará la disputa comunal, con independencia de la tendencia provincial. Esta segunda hipótesis fue la que le dio la victoria a Orrego en 2011 y en 2015.
Hay algunos nombres en un primer borrador, según cuentan puertas adentro del partido. El secretario de Promoción Social, Lucio González, actual presidente de la Junta Departamental del PJ en Santa Lucía, aparece como uno de los posibles. Pero no es el único.
Sí ha ganado visibilidad desde la función en la cartera de Desarrollo Humano, primero como director de Emergencia Social y luego como virtual viceministro de Armando Sánchez. Pero en fórmula con Molina en 2015, cuando fue candidato a diputado departamental, le tocó perder frente a Carlos Platero, el compañero de boleta de Orrego.
Platero es uno de los potenciales herederos de Orrego. Es identificado por los peronistas como un rival difícil, por su buena imagen en el municipio. Pero también está la alternativa del hermano del intendente, Juan José Orrego, actual diputado proporcional y ex presidente del Concejo Deliberante. Tiene experiencia en la gestión. Quienes lo conocen, valoran su muñeca política. Ha trabajado en equipo con Marcelo desde siempre.
El peronismo espera por cualquiera de los dos, con la convicción de que la pelea estará focalizada en el primer y segundo anillo de Santa Lucía, donde se concentra la mayor cantidad de votantes. Dejando de lado la zona periférica, el elector del centro del departamento tiene similitudes con el de Capital. Gusta y agrada el perfil del intendente basualdista/macrista y las obras de embellecimiento del espacio público. Los sectores más postergados, en las afueras, más afines a los postulados del justicialismo, quedan en minoría.
Por eso hay voces internas del PJ que sugieren que la única manera de enfrentar al orreguismo es con un perfil muy definido de candidato. Y recuerdan que la última vez que ganó un justicialista fue el empresario Aníbal Fuentes.
Sin contar las sorpresas –que siempre aparecen- entre los posibles nombres en danza surgen naturalmente el concejal Marcelo Cerdera y su antecesor Eduardo D’Anna. No lo cuentan al ex diputado Javier Ruiz Álvarez por estar inhibido como funcionario del Tribunal de Cuentas. Y con respecto a Molina, su futuro dependerá de Casa de Gobierno, donde por el momento todo lo referido a candidaturas es un tema que puede esperar.
Reformado el Código Electoral recientemente, Uñac tendrá la posibilidad de adelantar las elecciones en 2019 para votar en primarias entre abril y mayo, y liquidar las generales en junio. Teniendo tantos meses todavía por delante, el gobernador ha evitado anticipar su decisión. Por lo pronto, ya tiene la herramienta legal para ir en esa dirección.
Las asperezas departamentales quedarán para más adelante, pero siempre este año, por razones de índole partidaria. Ya se prorrogaron los mandatos en las juntas departamentales del PJ, que vencieron a fines del año pasado. En algún momento habrá que regularizar la situación, ratificando a las actuales conducciones o abriendo espacios para nuevas figuras. En este juego interno se podría traslucir alguna preferencia, algún acomodamiento de piezas y, por fin, los nombres más identificados con el uñaquismo.