Megajuicio por la dictadura

Recuerdos del hedor de la letrina y el tecleo de la máquina de escribir

Esta mañana se cumplió un paso histórico en el marco del megajuicio por los crímenes de lesa humanidad en la provincia. Por primera vez, hubo un reconocimiento in situ de los lugares que funcionaron como centros clandestinos de detención. Mirá los videos de José Casas, uno de los testigos clave, y del jefe de Policía José Luna.
martes, 06 de marzo de 2012 · 13:49
Quizá porque la mayor cantidad de tiempo que estuvieron presos estuvieron con vendas en los ojos, se les potenciaron los demás sentidos. Quizá por eso a José Casas y Juan Nefa les quedaron marcas de esos días de tormento en la nariz y el oído y por eso citaron detalles sobre las condiciones infrahumanas donde pasaron sus días de calabozo, cerca del olor nauseabundo que todavía persiste en las celdas de la Central de Policía, y el ruido incesante del tecleo de las máquinas de escribir en las oficinas donde los interrogaban, escaleras arriba del mismo edificio.

“De algo sirve, recordé cosas”, dijo Casas con una emoción “mezclada” entre la opresión y la liberación, según describió, al salir del edificio de la Central sobre calle Entre Ríos antes de Córdoba, en lo que fue el primer reconocimiento por parte de las víctimas de la dictadura en San Juan de un puñado de lugares que funcionaron como centros clandestinos de detención en los ‘70. Así, después de la Central, la querella, defensa y testigos del megajuicio se trasladaron al edificio de la Vieja Legislatura y luego a una casa sobre calle 25 de Mayo que funcionaba como oficina de Inteligencia. Mientras las paredes de la Central siguen albergando oficinas y calabozos, la ex Legislatura se cae a pedazos y en ese edificio casi abandonado a cargo de la Subsecretaría de Deportes se juntan algunas federaciones en un par de habitaciones no tan corroídas por el tiempo. La casona donde funcionaba Inteligencia hoy sigue en manos de la Policía y allí funciona la División Drogas Peligrosas.

“Yo venía acá a partir de que recuperé la libertad vigilada, algunas veces me hacían firmar, otras no”, dijo Margarita Camus, abogada querellante y víctíma de delitos de lesa humanidad. Nefa y Casas aportaron datos sobre su estadía en la Central, que los encapuchaban, que ya venían golpeados de la calle y ahí dentro los maltrataban con insultos pero no les pegaban, que les tomaban datos permanentemente, que estuvieron con algunos compañeros de celda, que recordaban sollozos, que “gracias a Dios” lo dejaban ir al baño. Ninguno de los tres había vuelto a ese lugar tan conocido por los sanjuaninos, que para los presos de la dictadura es el mismo infierno.

Del primer piso de la Central, reconocieron dos oficinas donde tomaban datos, luego bajaron a los calabozos y terminaron en una oficina que da al frente del edificio. El ministro de Gobierno, Adrián Cuevas, y el jefe de Policía, José Luna, oficiaron de anfitriones, lo que Camus describió como “un buen gesto, una señal de que no ocultan nada”. En todo el recorrido, Pedro Oyarzún Cruz, miembro de Infantería en los ’70, en calidad de testigo aportaba datos desde el lado de los uniformados, sobre cómo se hacían los procedimientos.

El segundo hito del recorrido fue el casi abandonado edificio de la ex Legislatura, al lado del Estadio Cerrado, donde Nefa contó que “tiraban” a los presos en el primer piso y que ahí pudo compartir días con César Gioja. José Luis Gioja pasó por allí días después, citó el testigo. Se supone que el sitio funcionó como centro clandestino de detención no más de dos semanas justo después del Golpe del ’76 y allí fueron a parar varios funcionarios de Eloy Camus. El nieto del entonces gobernador, el homónimo Eloy Camus, aportó al tribunal algunas precisiones sobre su experiencia y la de otros presos políticos, en virtud de una investigación que hizo para un libro de su autoría sobre los años duros en San Juan.

Nefa recordó que los tenían encapuchados allí también, que ahí se manejaban a los gritos pidiéndole a los detenidos que “canten” información en el marco de la lucha antisubversiva. Recorrieron el hall central del edificio que data de los años ’20, subieron escaleras revestidas en mármol travertino y arriba visitaron tres salas donde antes interrogaban y hoy se guardan urnas de madera de elecciones pasadas, en desuso, entre mucha mugre, hierros retorcidos y polvo. Bajaron hasta un sótano donde se improvisaron hace 36 años oscuros calabozos.

Eloy Camus y Nefa recordaron que a la vuelta de la Ex Legislatura, donde lo único nuevo es una placa que honra a las víctimas de la dictadura, funcionaba una oficina de Inteligencia, donde se hacía el papeleo de los presos. Hasta allí fue toda la delegación a pie, mientras una importante custodia policial cortaba calle Urquiza a lo largo de varias cuadras y los vecinos se preguntaban por qué tanto despliegue. En el frente de la casona sobre calle 25 de Mayo, las víctimas dijeron que funcionaba la SIDE e inspeccionaron la garita que está a la entrada del lugar donde hoy trabaja Drogas Peligrosas.

Con algunos suspiros, muchos cigarrillos encendidos y apretones de mano, terminó al mediodía la primera parte de una jornada inédita para reconstruir la historia de la represión en San Juan. Todavía quedan momentos duros: esta tarde desde las 15,30 la visita será al Penal de Chimbas; y mañana por la manaña, el RIM 22 y la Marquesita, este último, consignado como el centro de torturas y vejámenes más terrible de la dictadura en la provincia.



Testimonio de José Casas (víctima de la dictadura)



Testimonio de José Luna (Jefe de Policía)