El caso que tiene en la mira al ex titular de La Bancaria Mario Matic por abuso sexual fue de interés desde sus inicios, no sólo por tratarse de una figura pública acusada de hechos graves, sino también por lo curioso que se presentó el proceso hasta el momento.
Es que en un principio, lo exótico lo proponía el mismo imputado con sus declaraciones al momento de defenderse. Sin embargo, en las últimas audiencias, lo que llamó la atención fue el accionar de la justicia que parecería tener un trato diferencial con él, en comparación con otros acusados.
A pesar de que está estipulado que la prensa no esté presente cuando se dirimen causas con a menores abusados, pocas veces eso sucede. Eso se debe a que en la práctica hay jueces que respetan el trabajo de los medios, como así también confían en su criterio de no develar nombres, con el fin de que las partes damnificadas no queden expuestas.
Sin embargo, para con Matic, las autoridades judiciales resolvieron que las audiencias fueran a puertas cerradas. Curiosamente, la medida no fue impulsada por la querella representada por Sandra Leveque, sino por la defensa del acusado, encarnada por Jorge Olivera Legleu.
Más allá de lo anecdótico que pueda resultar la ausencia de los cronistas en una sala de Tribunales, otro episodio que despierta las suspicacias se dio este jueves en la previa de la audiencia. Es que el gremialista intentó evitar un cruce con los medios y para ello estuvo "escondido" en otra sala, hasta ser requerido por la jueza Gema Guerrero.
Después de que le dictaran la prisión domiciliaria, se marchó del lugar con custodia policial; aunque sin las esposas puestas. El momento recordó a uno que protagonizó unos años atrás el médico amigo de Mario Parisí, Jorge Luis Gil, que imploró que el efectivo policial no le colocara las esposas. Pese a las súplicas, el uniformado cumplió con su deber. No así como habría ocurrido con Matic.
Para completar con el cuadro de las sospechas de cierto favoritismo, la magistrado resolvió el pedido de prisión preventiva del fiscal Raúl Iglesias con un polémico fallo. Es que si bien le dio lugar a lo solicitado por el Ministerio Público, no lo envió tras las rejas, sino que le prohibió salir de su domicilio.
Aunque Matic no cumple con las condiciones que la prisión domiciliaria impone, como ser mayor de 70 años, padecer una grave enfermedad o presentar alguna discapacidad que le impida estar encerrado, fuentes allegadas al caso explicaron que el Código Procesal prevé una progresividad de medidas coercitivas y por eso, entre las dos opciones que tenía Guerrero, eligió la menos gravosa.
Otro dato que resulta interesante es que hay personas acusadas de delitos menos graves que están presas. Así lo destacaron fuentes judiciales que todos los días caminan los pasillos de tribunales, manejan causas de ese calibre y, del mismo modo, notan un trato diferente. No obstante, aclararon que la decisión de la jueza no está por fuera de la ley.