Enero dejó varios fallecimientos por siniestros viales en San Juan, pero detrás de tres de esos nombres, el golpe fue doble. Con ellos no solo se perdió una vida. También se derrumbó el sostén económico y afectivo de hogares que hoy intentan rearmarse entre el dolor, los trámites y la incertidumbre. En estos casos, el contexto de las tragedias resultó aún más doloroso. Alberto Eloi Villafañe, Claudia Patricia Ventrice y Lorenzo Ricardo Zalazar, quienes sostenían los gastos de sus hogares, murieron cuando iban o regresaban de cumplir con sus labores cotidianas.
La tragedia después de la tragedia: tres familias que perdieron más que un ser querido en siniestros viales en San Juan
Los familiares de Alberto Villafañe, Patricia Ventrice y Lorenzo Zalazar enfrentan un escenario marcado por el duelo, la falta de ingresos y la urgencia de reorganizar hogares que dependían de ellos para subsistir. Los tres casos forman parte de las nueve muertes registradas por siniestros viales en San Juan durante enero. Las historias, a través de sus seres queridos.
En Rawson, el domingo 18 de enero, el ruido seco de una moto contra un árbol marcó un antes y un después para una familia entera. Alberto Eloi Villafañe tenía 58 años y trabajaba como albañil. Pasado el mediodía, por motivos que aún se investigan, perdió el control del rodado en una curva de calle Tahona, a la altura del callejón Coria, y salió de la calzada. El impacto fue letal. Murió en el lugar, pese al rápido arribo de los servicios de emergencia.
La noticia no llegó de frente, llegó fragmentada. Karen Arroyo, su nuera, recuerda ese momento con crudeza. “Nos enteramos por una llamada. Mientras hablaba con la persona que me llamó, otra que estaba ahí dijo que mi suegro había fallecido y yo lo estaba escuchando”, contó a Tiempo de San Juan. Minutos antes, Villafañe le había escrito por WhatsApp para preguntarle por su único hijo. El día anterior, habían salido a comer todos juntos, como familia, con sus nietos.
Hoy, el vacío no es solo emocional. “Mi suegro y mi marido eran los que se hacían cargo de la casa. Ahora yo pago los servicios, la luz, el agua, el internet… estamos tratando de salir adelante como podemos”, relató Karen. La familia intenta sostenerse mientras atraviesa el duelo y, al mismo tiempo, gestiona lo inmediato.
En Pocito, otra familia también quedó marcada por un siniestro que no solo terminó con una vida, sino con una historia de esfuerzo. Claudia Patricia Ventrice, de 53 años, murió el martes 20 de enero tras ser embestida por un camión de gran porte mientras circulaba en bicicleta por la intersección de calles Independencia y Mendoza, en inmediaciones del barrio Pocito Norte. El impacto fue inmediato y fatal, y la escena quedó bajo la intervención de personal policial y de la UFI Delitos Especiales.
Según relató su hermana, Carina Ventrice, Patricia había atravesado una vida de trabajo y sacrificio. Estaba divorciada, tenía dos hijas y dos nietos, y se encontraba en pareja, con quien comenzaba a proyectar un futuro ligado a la naturaleza. Durante su matrimonio fue ama de casa y, tras separarse, trabajó en atención al público, limpieza y cuidado de niños y ancianos. Intentaba sostener a sus hijas y colaborar con ambas ramas de la familia. “Nunca nos faltó un plato de comida en la mesa”, resumió su hermana, al describir una vida marcada por el esfuerzo y la solidaridad familiar.
En Sarmiento, otra familia vive una escena parecida. Lorenzo Ricardo Zalazar tenía 55 años y era sereno. La madrugada del sábado 3 de enero, alrededor de las 5:30, chocó con otra motocicleta sobre Ruta 295. Iba, como todos los días, rumbo a su trabajo. Un vecino lo había saludado minutos antes, sin saber que ese saludo sería el último.
La investigación judicial intenta reconstruir qué ocurrió en esos segundos previos al impacto. La principal hipótesis indica que la moto de Zalazar chocó desde atrás a la que conducía Renzo Valentín Cortez, quien se habría detenido para dejar a su pareja antes de ingresar a una finca de la zona. La ubicación exacta del rodado —si estaba sobre la calzada o en la banquina— es clave y todavía es materia de pericias. La causa está en manos de la UFI Delitos Especiales.
Pero mientras la Justicia avanza a su ritmo, en la casa de Zalazar la realidad es urgente. Yuliana Zalazar, su hija, lo resume sin rodeos: “Sí, les hace falta. Ninguno de mis hermanos trabaja y él era el que traía el pan a la casa”. Con su madre vivían tres de los siete hermanos, de 17, 19 y 26 años. “Todos dependían de él”, explicó. Hoy, además del dolor, enfrentan gastos, trámites y una cotidianeidad que quedó suspendida.