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Historias del Crimen

El caso Marcelo Pozo: un frustrado asalto en Pocito, el chacarero asesinado y la incógnita jamás resuelta

Fue en 2003. Dos delincuentes intentaron asaltar a una familia de Pocito y asesinaron al chacarero Marcelo Pozo. Por el hecho condenaron a dos hombres, pero luego fueron absueltos.

Por Walter Vilca

Veinte años y la pregunta es la misma: ¿Quién mató a Marcelo Pozo? Luis, el padre, asegura que fueron esos dos sujetos que cayeron presos al mes de ocurrido el frustrado asalto y asesinato del joven chacarero en 2003. Pero para la Justicia nunca se esclareció quién fue el que disparó el arma homicida. Porque, aunque condenaron a esos dos hombres en un juicio en 2005, el máximo tribunal de la provincia anuló el fallo y ordenó la libertad de ambos.

“Acá no hay Justicia. A los dos años dejaron libres a estos tipos y nunca más supimos de ellos”, afirma Luis Pozo, de 79 años, parado en la puerta de su propiedad en la esquina de las calles Tascheret y 8, en Colonia Rodas, Pocito. En esa misma finca, la noche del 29 de septiembre de 2003, asesinaron a su hijo Marcelo Alberto Pozo en un violento y fallido robo. En ese hecho también resultaron baleados el propio anciano y su esposa, hoy fallecida.

La familia ya había sido golpeada por otro homicidio, el de Ángel Pozo. Historias del Crimen contó el caso del asesinato a tiros de este taxista en 1973, en manos de dos delincuentes que lo atacaron tras un viaje desde San Juan Capital a Rawson. Ese chofer era tío de Luis Pozo.

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Escenario. Esta es una imagen del lugar captada al otro día de ocurrido el asesinato. Foto de Diario de Cuyo.

Escenario. Esta es una imagen del lugar captada al otro día de ocurrido el asesinato. Foto de Diario de Cuyo.

La historia parecía repetirse aquella noche del 29 de septiembre de 2003. Pero no fue un asalto al voleó. En las semanas previas, los Pozo habían entablado charlas con un vecino para comprarle la propiedad. Se hablaba de una oferta de 20 millones de pesos. Y la sospecha es que alguien hizo correr la versión de esa posible transacción y que la familia de chacareros tenía ese dinero en su casa. Ese supuestamente fue el móvil del atraco.

Una visita inesperada

Esa noche, Luis Pozo cenaba junto a su esposa Remedio Riveros. Ahí llegó su hijo Marcelo, que vivía en otra propiedad de la zona y que quería dialogar sobre una deuda que debían pagar por los servicios en la finca.

Serían las 20.30, cuando sintieron un grito que provenía de la calle. “Don Pozo. Don Pozo”, escucharon. Marcelo salió a ver quién era y se encontró con dos jóvenes desconocidos. Estos expresaron que deseaban hablar con el dueño de la finca por la compra de alcauciles. En esos instantes se acercó Luis Pozo, tratando de saber para qué lo buscaban.

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Recuerdo. Este es una de las pocas fotos que la familia Pozo conserva de Marcelo, el joven chacarero muerto en 2003.

Recuerdo. Este es una de las pocas fotos que la familia Pozo conserva de Marcelo, el joven chacarero muerto en 2003.

Uno de los desconocidos le comentó que buscaban comprar alcachofas al por mayor, pero don Luis Pozo respondió que ya había vendido su cosecha. Ante eso, el mismo joven continuó con la charla y le preguntó por los precios que se manejaban en el mercado, a la vez que su acompañante pidió un vaso de agua.

Para entonces, Luis Pozo presintió algo raro y disimuladamente le hizo una seña a Marcelo, que entró a traer el vaso de agua. Cuando ingresó a la casa, agarró al menos el revólver calibre 32 que estaba sobre una heladera. Es decir, hasta esa parte del relato se hace referencia a una única arma en poder de la víctima.

Sin embargo, para los jueces que después intervinieron en el juicio, allí ocurrió otra cosa. Los magistrados entendieron que el joven chacarero, cuando entró a buscar el agua, tomó también el otro revólver calibre 22 que se encontraba arriba de la heladera con la idea de salir a enfrentar a estos sujetos que podían ser asaltantes. Así, dieron por sentado que hubo dos armas del lado de los Pozo.

Esta última versión es importante en el relato de la confusa trama. Pues pese a que Luis Pozo siempre sostuvo que él estaba desarmado y su hijo portaba sólo el revólver calibre 32, para esos jueces quedó acreditado que la otra arma, la calibre 22, también fue empleada en el hecho. Ese dato es clave y determinante en todo el caso, como se verá más adelante.

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Detenido. Dos policías trasladaban a Leonardo Castañeda González tras su detención. Foto de Diario de Cuyo.

Detenido. Dos policías trasladaban a Leonardo Castañeda González tras su detención. Foto de Diario de Cuyo.

Según el relato de Luis Pozo, Marcelo regresó con el vaso de agua y en ese instante los delincuentes emprendieron contra ellos. Uno de los sujetos le pegó en la cabeza para reducirlo, mientras que el cómplice atacó a su hijo Marcelo y se trenzaron en lucha, todo esto en la puerta de ingreso a la finca.

Don Pozo intentó defender a su hijo. Fue entonces que, de acuerdo al relato del hombre mayor, el delincuente que lo agredió a golpes sacó una pistola y le pegó a él un balazo y largó algunos disparos al cuerpo de Marcelo. En teoría, se escucharon varios tiros y el otro ladrón supuestamente también estaba armado.

Remedios Riveros de Pozo advirtió lo que pasaba y corrió a auxiliar a su marido y a su hijo. Se tiró encima del ladrón que peleaba con Marcelo y en respuesta recibió un disparo que le rozó el cuello. Eso no amedrentó a la mujer, que empujó al delincuente y lo lanzó a un costado. Luego agarró los trozos de una maceta rota y se lo tiró por la cabeza.

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A todo eso, el primero de los ladrones emprendió la fuga y efectuó otros disparos contra Luis Pozo, que lo persiguió unos metros. Su cómplice lo siguió, mientras Marcelo se encontraba gravemente herido. El saldo fue terrible: el joven chacarero recibió dos balazos en el pecho y un tercero en su abdomen, su padre tenía otro tiro que impactó en una de sus clavículas y su madre presentaba otra herida en el cuello producto de un disparo que le pasó rozando.

Un resultado fatal

Los vecinos escucharon los disparos y vieron a los delincuentes huir en una moto tipo enduro. Asimismo, se habló de que existió un tercer ladrón, que andaba en otra moto de menor cilindrada, pero eso no se comprobó. Lo que sí fue cierto, es que esa noche trasladaron a Marcelo Pozo en un vehículo particular hasta el Hospital Guillermo Rawson, pero llegó sin vida.

En la causa quedó acreditado por los peritos que los proyectiles extraídos a la víctima provinieron de una pistola 9 mm, de otra pistola calibre 40 mm y de un revólver calibre 22. De hecho, el proyectil que le causó la muerte salió de esta última arma.

Historia del crimen: el caso Marcelo Pozo (2003)

Ese informe sobre los tipos de proyectiles generó las primeras dudas. Además, porque al otro día encontraron una pistola calibre 40 mm tirada cerca de la entrada de la finca, cuando en la primera inspección –la noche del crimen- no habían visto nada en ese lugar. Por otro lado, secuestraron un revólver calibre 22 de la familia dentro de la vivienda y los peritos determinaron que había sido utilizada recientemente y secuestraron cuatro vainas servidas. Aun así, Luis Pozo reiteró que su hijo únicamente portaba el revólver calibre 32 y en ningún momento vio esa otra arma en el momento del crimen.

Las detenciones

A partir de la descripción que aportó Remedios Riveros y Luis Pozo elaboraron el identikit de uno de los atacantes, mientras los policías de la Comisaría 7ma y todas las brigadas buscaban pistas sobre esos sujetos y la moto tipo enduro que hacía mucho ruido al andar. Sin embargo, los días pasaban y no daban con los autores del violento ataque.

Transcurrido un mes, detuvieron al mendocino Leonardo Rodrigo Castañeda González en el barrio Sarmiento en Capital. Este sujeto de 24 años había fugado el 9 de enero de 2003 de la cárcel de Mendoza, donde cumplía una condena a prisión perpetua por homicidio. Y en los días posteriores apresaron al otro acusado, Fabio Alejandro Vargas, de 19 años, en el barrio Neuquén en Rawson.

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El principal acusado. El mendocino Leonardo Rodrigo Castañeda González, quien ya cargaba con un homicidio en su provincia.

El principal acusado. El mendocino Leonardo Rodrigo Castañeda González, quien ya cargaba con un homicidio en su provincia.

Para los policías eran ellos los asesinos de Marcelo Pozo. El rostro de Castañeda González coincidía con la persona del identikit. Además, secuestraron una Suzuki 500 cc que Vargas vendió dos semanas después del crimen. Esa fue la moto utilizada la noche del asesinato, aseguraron los investigadores. Por otro lado, Vargas y Castañeda eran amigos. O al menos se conocían, pues testigos declararon que ambos participaron de la operación por la venta del rodado.

Reconocimiento

El antecedente del mendocino lo complicaba y no tenía coartada. En cambio, Vargas dijo que la noche del crimen estuvo realizando una mudanza. Aún así no pudieron zafar. Luis Pozo y su esposa los reconocieron como los atacantes. La dificultad en la causa fue que a Castañeda y a Vargas no le secuestraron nada que lo vincularan directamente con el asalto y el asesinato. La moto no era prueba suficiente.

Ambos fueron procesados por homicidio simple y homicidio simple en grado de tentativa. En 2005 se los juzgó en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional, pero la fiscal no pudo sostener la acusación por el asesinato. Es que el informe forense reveló que Marcelo Pozo murió producto del proyectil de un revólver calibre 22, el arma que vio en la escena del crimen.

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El juicio. Fabio Vargas (a la izquierda) y Leonardo Castañeda González durante el juicio en 2005. Foto de Diario de Cuyo.

El juicio. Fabio Vargas (a la izquierda) y Leonardo Castañeda González durante el juicio en 2005. Foto de Diario de Cuyo.

La fiscal no encontró explicación de quién disparó esa arma. Dejó planteada la idea de que hubo un tercer delincuente, pero no lo pudo probar. En base a esto, solicitó al tribunal que condenaran a Castañeda y a Vargas por los delitos de homicidio simple en grado de tentativa. Esto por otro de los balazos –no el mortal- que recibió la víctima y la herida que sufrió su madre.

Luis Pozo presentaba una herida de bala de un arma calibre 22, de ahí que la representante del Ministerio Público Fiscal tampoco no pudo atribuir la autoría de esa agresión a ninguno de los dos acusados. En síntesis, la fiscal Leticia Ferrón de Rago terminó pidiendo las penas de 10 años de prisión para Castañeda y 5 años para Vargas por los delitos de tentativa de homicidio y no por el asesinato en sí.

La arremetida de la defensa

Los abogados Fernando Castro y Eduardo Cáceres, los defensores, atacaron las pruebas presentadas por la fiscalía. Primero sostuvieron que no se acreditó que los dos acusados hayan participado del atraco y el crimen. Reconocieron que la moto secuestrada pertenecía a Vargas y que éste conocía a Castañeda por otra transacción que realizaron juntos, pero aclararon que eso no los incriminaba en nada. Por otra parte, Castañeda se abstuvo de declarar en el juicio y Vargas volvió a afirmar que esa noche estuvo en otro lugar de Rawson haciendo una mudanza.

Los defensores pusieron en jaque a la teoría fiscal a partir de un punto central del caso: si la bala que mató al chacarero Pozo salió de un revólver calibre 22, estaban ante un gran problema para encontrar la verdad.

La teoría de la fiscalía señalaba que los asaltantes, supuestamente Castañeda y Vargas, portaban una pistola 9 mm y otra, calibre 40 mm. Ahora bien, Luis Pozo aseguró que su hijo portaba únicamente el revólver calibre 32. Entonces quién disparó con el revólver calibre 22 de los Pozo, si por medio de las pericias quedó acreditado que el disparo mortal salió de esa arma.

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Dolor. Luis Pozo no olvidó nunca esa trágica noche del 29 de septiembre de 2003.

Dolor. Luis Pozo no olvidó nunca esa trágica noche del 29 de septiembre de 2003.

Fue así que, en función a este interrogante sin respuesta en el juicio, los defensores pidieron la absolución de Castañeda y Vargas. Sin embargo, más allá de la teoría fiscal de que podía haber un tercer implicado, los jueces Eugenio Barbera, Ricardo Conte Grand y Héctor Fili le encontraron una explicación y dieron un fallo que nadie esperaba. Ni siquiera la fiscalía que sólo acusó por el delito de tentativo de homicidio.

Llegaron a la conclusión que esa noche del ataque, Marcelo Pozo sacó los dos revólveres –no sólo el calibre 32- y que cuando se trabó en lucha con Castañeda, éste último se apoderó de una de esas armas. La teoría que sostuvieron fue que, en medio de la balacera y la pelea, el mendocino le quitó el revólver calibre 22 a la víctima y le efectuó el disparo mortal. En esa línea, agregaron que el delincuente también hirió con la misma arma a Luis Pozo. Eso explicaba de por qué este hombre recibió un balazo de ese calibre.

Los jueces de la Sala III dieron por acreditado que Castañeda quitó el revólver calibre 22 a la víctima y le disparó con esa arma. Con ese argumentó condenaron a los dos acusados. Ese fallo después se anuló.

Con esos argumentos, el 31 de agosto de 2005 el tribunal de la Sala III condenó a Leonardo Rodrigo Castañeda González a 16 años de prisión por el delito de homicidio simple y tentativa de homicidio, y a Fabio Alejandro Vargas a la pena de 13 años de cárcel por los mismos delitos.

El abogado Fernando Castro apeló el fallo, lo mismo que Cáceres, y la sentencia llegó a la Corte de Justicia de San Juan. Un año después, el máximo tribunal de la provincia revocó la resolución de los jueces de la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional. Los cortistas pusieron el foco en las falencias de la investigación y remarcaron que no había pruebas para condenar.

La pregunta crucial era, y que no se esclareció en la causa, quién disparó realmente esa arma calibre 22. Fue así que la Corte dictó la absolución de Leonardo Castañeda y Fabio Vargas y dispuso que inmediatamente quedaran en libertad en relación a esta causa. En el caso del primero de ellos, fue llevado de regreso a Mendoza para que cumpla con la pena que tenía por otro crimen. En su fallo ordenó, además, que la causa fuera reenviada al juzgado de primera instancia para que profundizara la investigación con el fin de determinar la autoría del fallido robo y el asesinato del chacarero Marcelo Pozo.

FUENTE: Sentencia de la Sala III de la Cámara Penal y Correccional, testimonio de Luis Pozo, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y diario de la hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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