Si bien todavía debe afrontar una audiencia con el Tribunal de Impugnación, ya que el sobreseimiento a su favor fue apelado por la parte querellante, Lucas Salinas se muestra aliviado. Es que el chico que fue denunciado por el abuso sexual de una menor con discapacidad en el Colegio Luján, que pasó un año entero bajo la lupa de la Justicia y siendo el blanco del señalamiento de una parte de la sociedad que lo culpó, fue desvinculado de la causa a pedido de la fiscalía.
Un ADN en la ropa interior de la víctima demostró que la niña sí fue abusada, aunque reveló que no se trató de Salinas sino de otro sujeto cuya identidad, por el momento, es desconocida y por tanto la causa sigue siendo investigada por los fiscales de ANIVI. Del otro lado y sin el peso que acarreaba por las sospechas que se habían fundado en su contra quedó el joven, cuya vida cambió a partir del proceso judicial que afrontó.
Paradójicamente, la primera imagen suya que circuló por los medios correspondió a su última vivencia como un estudiante sanjuanino normal. En la misma aparece con unos anteojos negros en el patio de la escuela, durante la presentación de la campera. Se lo ve sonriente y junto a sus compañeros de curso con los que planeaba irse a Bariloche y celebrar una fiesta de egresados para finales del 2023. Sin embargo, nada de eso sucedió.
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En el medio estalló una bomba que significó un escándalo. Una alumna de su mismo colegio, aunque unos años más chica, denunció que fue abusada en un baño del establecimiento educativo. De inmediato, desde su familia dijeron saber quién había sido el responsable de la agresión sexual y lo señalaron directamente a él. Lo que vino después fue seguido de cerca por los medios y el caso tomó gran trascendencia.
Salinas no sólo fue acusado por el ataque sexual, sino que quedó detenido y, durante un mes, permaneció en el Penal de Chimbas. Aquella experiencia aún le pesa y se manifiesta en trauma. "Todavía tengo pesadillas en las que estoy en el Penal, que vuelvo al lugar. Me despierto alterado en la noche y me tengo que fijar que estoy en mi casa y no en la cárcel", confiesa el chico que hoy tiene 19 años.
De esos 30 días que vivió tras las rejas, recuerda que trataba de mantenerse encerrado en la celda y no meterse en problemas con nadie, puesto que lo reconocían y por ello era maltratado. "Solían empujarme, me escupían e insultaban", reconoce quien estuvo preso en el pabellón "de los violadores".
"La mayoría que está ahí no está bien de la cabeza. La verdad que compartir lugar con gente que hizo cosas feas no tiene explicación. Yo vengo de una familia con valores, totalmente tranquila, y pasar a un lugar donde el conflicto es constante fue duro, traumático. Da miedo porque si alguien te quería hacer algo, te lo hacía", relata con crudeza.
Para sobrevivir semejante cambio, Salinas se aferró a los suyos. "Gracias a Dios mi familia, mi madre, mi padre, estuvieron a mi lado, me acompañaron en todo momento, siempre me apoyaron al igual que el resto de mis parientes y amigos más cercanos", detalla el chico que fue privado de su libertad por la imputación que le endilgaron: abuso sexual con acceso carnal.
Luego de pasar ese tiempo en el Servicio Penitenciario, ese pibe de entonces 18 años fue enviado a su casa con prisión domiciliaria. Allí estuvo dos meses con un dispositivo electrónico. "Pasé mi cumpleaños en mi casa con tobillera, sin poder salir ni nada", asevera el mismo que dejó de estudiar a causa de la situación que irrumpió en su vida.
Salinas cuenta que su vida cambió rotundamente y lo que sería un final de curso recordado se convirtió en un calvario. "Según lo que dicen, el último año es lo mejor que te puede pasar en la vida y a mí me tocó vivir la otra cara de la moneda, que no lo pude vivir de ninguna forma", destaca quien recibió un revés de parte de su entorno.
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Lucas Salinas junto a sus abogados Reinaldo Bedini y Paola Ibáñez
"Mis amigos más cercanos siempre creyeron en mi palabra desde un principio. Los compañeros del curso se esfumaron y me señalaron", asegura y agrega: "Me dieron la espalda todos mis compañeros y se dejaron llevar por la opinión popular. Nunca me preguntaron nada a mí, ni cómo estaba".
Por los hechos que se presentaron, dejó la escuela y al cabo de unos meses retomó la actividad. "No pude terminar mis estudios, me han quedado materias y lo que menos quiero en estos días es volver a transitar la escuela. Por el momento estoy rindiendo de forma virtual para poder ya por fin terminar esa etapa", admite el chico que quería estudiar Ingeniería y hoy trabaja en un taller para pasar el tiempo.
Sobre los cuestionamientos que sufrió su persona, cuando aún no había un fallo que señalara su responsabilidad en el hecho denunciado, sus abogados Reinaldo Bedini y Paola Ibáñez, refieren al estado de inocencia y el nivel de exposición que tuvo su patrocinado a lo largo del proceso. Ambos acordaron en que hay una confusión de la gente en general, que piensa que sospechoso es lo mismo que culpable.
"La sentencia social es muy fuerte", advierte Ibáñez al mismo tiempo que opina que la exposición de los imputados debería ser más "perfilada" de parte del sistema judicial para evitar un daño como el que causó en su defendido. Ante la consulta de que su iniciarán una demanda de algún tipo, ambos defensores prefirieron evitar dar pistas sobre sus próximos pasos a seguir, en tanto que señalan que analizan qué harán.
Ambos letrados manifiestan que Salinas todavía no dimensiona el daño que sufrió por el año que perdió, por lo que resaltan que su actitud es la de alivio. "Cuando pase el tiempo, creemos que va a cargar cierto enojo. Creo que no es consciente de ello por ahora", dice Ibáñez que busca que el juez de Impugnación respalde la sentencia de primera instancia. Por ahora no hay fecha de la audiencia que podría significar el punto final para el calvario del chico que, a partir de ahora, intentará rehacer su vida.
La querella, representada por Agustín Idemi, apeló el sobreseimiento y aguarda por un cambio de rumbo en Impugnación respecto del caso que estalló en mayo de 2023. El 11 de mayo se radicó la denuncia en ANIVI y, tras el revuelo que se generó, el 14 de junio Salinas fue detenido. Dos días más tarde, su imagen trascendería a través de los medios, aunque antes había sufrido escarmiento en las redes sociales.