HISTORIAS DEL CRIMEN

El joven de Sarmiento que asesinó al padre por defender a su mamá

Fue una tarde de otoño de 1970 en las afueras de la Villa Media Agua. El fallecido era violento y maltrataba constantemente a su mujer y a sus hijos.
domingo, 4 de julio de 2021 · 12:13

Los gritos hacían temblar el rancho. Una vez más Severo Díaz llegaba borracho, con su maldita costumbre de agarrársela con su mujer. Sus hijos permanecían mudos en una habitación sintiendo esos gritos y golpes de su padre como pesadillas que nunca acababan. Solo que esa tarde la vida de todos cambió de un minuto a otro. Y fue cuando Severo entró furioso al dormitorio de los chicos y salió malherido de mortales balazos.

La desdichada historia esa familia comenzó o terminó la tarde del 2 de mayo de 1970 en una precaria vivienda de la finca Márquez en las afueras de Villa Media Agua, Sarmiento. Severo Oscar Díaz era trabajador rural en esa propiedad y allí ocupaba un rancho junto a su mujer Isaura Guerrero y sus tres hijos varones. El mayor de 23 años. Se llamaba Francisco Severo, pero eran como el agua y el aceite con su padre.

Él mismo declaró en la Justicia tiempo después que su papá se emborrachaba seguido y cada vez que llegaba en ese estado a su casa se ponía violento. La que padecía esos tormentos era su madre, que recibía humillaciones, insultos y palizas por parte de su padre. También ellos sufrían esos maltratos.

La obediencia y el silencio ante los mayores era norma en esos tiempos, y muchas veces preferían callarse para no empeorar las cosas. Además, Severo no era un hombre de muchas palabras y hacía valer la autoridad a la fuerza. Al parecer, le tenían terror.

Severo se creía omnipotente y con esa impunidad de hombre recio llegó ese día viernes 2 de mayo de 1970 al rancho de la finca Márquez. Furioso y descontrolado, como otras tantas veces, entró a los gritos pasado el mediodía. Estaba borracho. Sus hijos ya habían almorzado y estaban recostados dispuestos a dormir la siesta cuando escucharon sus insultos como bramidos.

Según la causa judicial, Díaz arremetió contra Isaura y empezó a pegarle de nuevo. Francisco Severo lo oía desde su cama. Cansado de su padre y sobre todo preocupado por su madre, gritó desde su habitación que se tranquilizara y dejara de golpearla. Después sintió que su madre corría y escapaba por la casa.

Al instante, Oscar Severo Díaz irrumpió enojado a la habitación de sus hijos y largos sus habituales reproches. Quizás estaba enfadado con Francisco por haberle levantado la voz, pero supuestamente entró al dormitorio a buscar el arma que guardaba en una valija. Eso declaró el joven, que aseguró que él se puso de pie para impedir que tomara el revólver calibre marca Pasper calibre 22 corto que siempre estaba cargado.

Ahí vinieron los manotazos y el forcejeo entre padre e hijo. En esos instantes se escucharon dos estruendos y Oscar Severo cayó. Francisco empezó a tiritar y lloró de la impotencia. Todo fue lamento en la casa a partir de esos minutos. Es que el hombre de 54 años se encontraba muy malherido. Un disparo le había impactado en la ingle y otro en la zona del hígado.

La misma familia buscó ayuda y trasladaron a Díaz al hospital de Sarmiento. A las horas fue derivado al Hospital Guillermo Rawson en la capital provincial. Su estado era delicado, tanto que a las 10 de la mañana del sábado 3 de mayo falleció en el servicio de terapia intensiva.

Los testimonios de Isaura y sus otros dos hijos menores respaldaron los dichos de Francisco acerca de que disparó en medio del forcejeo. El joven de 23 años igual fue preso. Fue acusado del terrible delito de asesinar a su propio padre. La calificación: homicidio agravado por el vínculo.

No existen registros sobre si Francisco Díaz estuvo detenido los años siguientes. De lo que hay certeza es que fue sometido a juicio recién en 1977 en el Segundo Juzgado en lo Penal de la provincia. El fiscal del caso reafirmó su postura de atribuir al joven el delito de homicidio agravado y pidió la pena de prisión perpetua.

La defensa buscó demostrar que se dieron circunstancias no buscadas por el muchacho y pidió que, a lo sumo, lo condenaran a pena menor por homicidio culposo. Es que sostuvo que fue un accidente. Además, en ese hogar se respiraba el aire viciado por la violencia ejercida por la propia víctima.

La jueza Mirtha Ivonne Salinas de Duano dictó sentencia el 11 de octubre de 1977, o sea siete años más tarde. En principio, cambió la calificación por la de homicidio agravado por el vínculo, pero en estado de emoción violenta. Con esto dio por acreditado que en trágico episodio se dieron tres condiciones: la situación emocional que vivió el joven en esos momentos, la violencia psíquica que sufría y la agresión que recibió y que justificó su inesperada reacción. Por otro lado, el muchacho no contaba con antecedentes penales y gozaba de un buen concepto entre sus conocidos. Con esos fundamentos, resolvió condenarlo a 2 años de prisión en suspenso. Con esto, el joven ya estaba libre.

Puede especularse mucho si fue, o no, así como contaron el joven, sus hermanos y su madre. Ellos fueron los únicos protagonistas y testigos directos del asesinato. Y la Justicia los respaldó. Por parte, Oscar Díaz no merecía morir, pero no hay duda que el drama de esa familia debía terminar y para algunos ese sufrimiento llegó la trágica tarde del 2 de mayo de 1970.

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