Historias del crimen

La discusión de dos amigos y el asesinato en barrio Los Pinos

Fue una noche de julio de 2000. Un grupo de jóvenes tomaba alcohol y dos de ellos, que era vecinos en otro barrio, se desconocieron. Uno mató al otro y fugó.
domingo, 21 de marzo de 2021 · 09:01

Lo vieron caminar trastabillando por calle El Paisano. Venía con la campera, el pulóver y la remera en una mano. Mareado y sin fuerzas dio unos trancos más, hasta que no pudo sostenerse en pie y se recostó sobre el pavimento. La sangre le brotaba a la altura del abdomen y ya ni podía hablar, solo largaba quejidos.

Un par de vecinos corrieron a ayudarlo, en esos instantes aparecieron otros jóvenes y lo cargaron en un auto para trasladarlo al hospital. Fue la última vez que vieron con vida a “El Flaco” Ramón. Siete horas más tarde, moría en la terapia intensiva del Hospital Guillermo Rawson.

Lo sucedido aquella fría noche de invierno del 7 de julio de 2000 fue el corolario de una discusión en una reunión de amigos dentro del polideportivo del barrio Los Pinos, en Chimbas, y que terminó en asesinato.

De esa partida, con vino y bebidas blancas, formaban parte Isidro Javier “El Flaco” Ramón, de 26 años, y Luis Alberto “Luisito” Alaniz, de 19 años. Dos jóvenes que se conocían bien y que alguna vez fueron amigos. Eran vecinos. Uno vivía en el monoblock 5 de la manzana G y el otro en la torre 3 del mismo sector, en el barrio Rivadavia Norte. Tenían amistades en común y solían juntarse con otros jóvenes de barrio El Pino.

Noche de tragos

No está claro si esa noche llegaron juntos o cada uno fue por su lado, pero se vieron las caras en esa ronda de muchachos que compartían unos vinos y una botella de una bebida blanca en el polideportivo de barrio Los Pinos. Estuvieron un largo rato allí y el alcohol empezó a hacer efecto en medio de la charla, las bromas y las cargadas. Pero como dicen: “el borracho, de nada tiene empacho”, alguien largó unas palabras demás y otro se acordó de algún problema pasado entre ellos.

"Luisito" Alaniz durante sus años de detención en la cárcel.

En realidad, no se sabe exactamente quién empezó, pero “Luisito” Alaniz y “El Flaco” Ramón se cruzaron en una agria discusión. Al parecer, hacía tiempo se venían tragando sus diferencias. Y como uno no era menos guapo que el otro, la siguieron. El más joven, que tenía antecedentes por robo y contravenciones, quiso hacer alarde de su fama de malevo y sacó a relucir la cortapluma que llevaba, según las versiones.

La juntada continuó y la discusión entre ambos también, pero el resto de los jóvenes creyó que no era para tanto. No le dieron importancia o dejaron que se las arreglaran solos, cuando, de un momento a otro, los dos se apartaron del grupo supuestamente para continuar hablando. “Luisito” no se pudo contener y le largó una trompada a “El Flaco”.

Una versión decía que se trenzaron a golpes, otros relatos afirman que Ramón no alcanzó siquiera a defenderse. Que Alaniz extrajo el arma blanca y le clavó un profundo puntazo en el estómago. Algunos de los que presenciaron la escena, salieron corriendo. “El Flaco” se estremeció del dolor y comenzó a caminar por la calle, como buscando auxilio. En ese andar se quitó la campera, el pulóver y la remera para mirarse la herida y la sangre que le chorreaba.

Desenlace fatal

Eran las 23.45 cuando unas personas observaron que el joven venía tambaleando por la calle El Paisano y quedó tendido. Uno de los amigos junto a “Luisito” Alaniz, que parece que se sintió arrepentido, buscaron a un vecino para que sacara su auto y los ayudara a trasladar al joven herido al hospital. Fue así que llegaron hasta donde estaba Ramón, lo subieron a ese vehículo y partieron en dirección al Hospital Marcial Quiroga.

El conductor de ese auto después declaró que, en ese trayecto por avenida Benavidez, Alaniz dijo con total frialdad: “Lo tiremos al canal, total ya está muerto”. Isidro “El Flaco Ramón iba pálido y moribundo, pero aún tenía signos vitales.

El joven herido fue atendido en la guardia del hospital de Rivadavia, pero de inmediato dispusieron su traslado al Hospital Guillermo Rawson dado su grave estado. A todo eso, Alaniz y el otro amigo habían desaparecido. El dueño del auto contó que “Luisito” lo amenazó: “No me dejés acá que te voy a dar vuelta”, de modo que los llevó de regreso hacia el barrio Rivadavia Norte.

Los médicos del Rawson intervinieron quirúrgicamente a Ramón, su estado de salud era muy comprometido. El puntazo le había dañado el hígado y unas arterias. Solo debían esperar como evolucionaba, pero “El Flaco” Ramón no resistió. A las 6.45 del sábado 8 de julio de 2000, dejó de existir en la sala de terapia intensiva.

En tribunales. Alaniz en su paso por tribunales. Foto de Diario de Cuyo.

Para entonces, la Policía ya buscaba a los agresores. Luis Alaniz sabía que irían por él y decidió refugiarse en la casa de un amigo. La investigación se hizo difícil porque los amigos, en principio, no aportaban demasiados datos. En esos días dieron con un remisero, que reveló un dato importante. El chofer relató que la noche del crimen llevó a un joven, al que conocía como “Luisito” y que este le comentó en confidencia: “me mandé una macana”. Eso cerró el circulo en torno a Alaniz que, a partir de otros testimonios, ya era mencionado como el asesino.

Los policías averiguaron los posibles paraderos del joven y a los cinco días del crimen allanaron un domicilio de Villa Obrera. Allí detuvieron a Alaniz y secuestraron la cortapluma que usó en el ataque mortal. El joven quedó acusado de homicidio. Además, le atribuyeron los delitos de amenaza, por la intimidación contra el vecino que los ayudó a trasladar a la víctima, y daño en razón de que cometió destrozos en el calabozo de la comisaría donde lo llevaron el día de su detención.

Su condena

Luis Alberto Alaniz aparentaba no estar en todos sus cabales. En eso se basó la estrategia de su defensa, encarada por el abogado Faustino Gélvez, al momento del juicio que se celebró entre la última semana de mayo y el 1 de junio de 2001. Así, sostuvo que el joven no tenía consciencia de sus actos producto de las crisis epilépticas con olvidos temporales que sufría. Según el letrado, padecía una severa lesión neuronal como consecuencia del disparo que recibió en la cabeza tiempo atrás.

Los jueces Diego Román Molina, Arturo Velert Frau y Raúl Iglesias de la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional no dieron por acreditado que Alaniz sufriera una enfermedad mental. En cambio, entendieron que estaba probada la autoría del asesinato y sentenciaron al joven a la pena de 12 años de prisión. La familia del condenado lloró en la puerta de tribunales e imploró reclamando que no podían enviarlo a la cárcel por su estado mental.

“Luisito” Alaniz pasó muchos años en la cárcel. Los guardiacárceles lo recuerdan porque “no estaba bien de la cabeza” y de vez en cuando le daban crisis. Recordaron que en una ocasión dijo “me voy a mi casa” y empezó a correr por los fondos para trepar los alambrados del penal. Debieron llevarlo en muchas oportunidades al Hospital Mental de Zonda, hasta que definitivamente ordenaron que lo internaran con custodia en ese nosocomio. Se acuerdan que permanecía esposado a la cama porque se ponía violento. 

Por lo que se supo, recuperó la libertad pero nunca sanó. Y las últimas informaciones señalan que pasó por la sala de psiquiatría del Hospital Marcial Quiroga por su estado de psicosis.

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