HISTORIAS DEL CRIMEN

La sanjuanina que se cansó de los maltratos del marido y lo mató a azadonazos

Fue una noche de 1962, en la casa que la pareja compartía en Santa Lucía. Otra vez él comenzó a agredirla y entonces ella decidió acabar con la vida de éste. Todo esto en presencia del amigo del hombre golpeador.
domingo, 19 de diciembre de 2021 · 08:57

Sus palabras lo decían todo. “Nunca fui feliz”, aseguró ya estando presa y frente al juez. Había sido difícil vivir con ese hombre que fue su esposo. Los maltratos de todo tipo eran una costumbre y solía lidiar con los problemas de alcohol de su marido, pero también con sus raptos de ira por su esquizofrenia. Diez años lo soportó. Una noche no aguantó más. Y después de otra seguidilla de agresiones en plena madrugada, Nélida tomó un azadón y puso fin a su sufrimiento.

Pasaron casi sesenta años y el trasfondo de esta historia registrada en la zona de Colonia Richet Zapata en Santa Lucía permanece vigente en muchos hogares. La violencia de género como denominador común, una ama de casa sometida por el marido y un círculo vicioso de nunca acabar. Aunque en el caso de Nélida Torrente, el alivio llegó con la dramática determinación de asesinar a su esposo.

El hombre se llamaba Gregorio Macías. Un trabajador de campo, dueño de una propiedad en Colonia Richet Zapata en Santa Lucía. Era relativamente joven. Tenía 33 años, igual que Nélida, a quien había conocido a principio de los años 50. La pareja contrajo matrimonio en 1952 y a los años llegaron los hijos: un varón y una nena.

Un hombre con problemas

Pero Gregorio no estaba bien. Años antes le habían diagnosticado esquizofrenia hebefrénica, un trastorno que por momentos desequilibraba al hombre con delirios, alucinaciones y comportamientos erráticos y violentos, según describen manuales de psiquiatría sobre algunas manifestaciones de esta enfermedad mental. De hecho, el obrero rural había estado internado en un instituto médico de Colonia Oliva en Córdoba a raíz de ese trastorno, de acuerdo a los registros judiciales.

La víctima. Este era Gregorio Macías, el hombre asesinado por su mujer. Es la única foto del caso y fue publicada por Diario de Cuyo.

Nélida aun así no se apartaba de su lado, pero además soportaba sus vicios, como sus continuas borracheras. A eso, se le agregaba su terrible carácter y su conducta violenta. En una declaración ante el juez, Nélida aseguró con tristeza: “Nunca fui feliz”. Es que sus diez años de casada parecen que habían sido un tormento.

La joven mujer relató que desde el comienzo del matrimonio toleró los insultos y otros humillantes maltratos, incluso frente a otras personas. También las furiosas golpizas. Ella sólo agachaba la cabeza y como otras mujeres pensaba que algún día esto iba a terminar o que debía soportarlo por sus hijos. Otra parte de ella, posiblemente, le repetía que no podía sufrir de esa manera.

Otra noche de violencia

Veía pasar los días entre esa zozobra y la esperanza de que mañana todo sería mejor, pero nada cambiaba en esa finca de Richet Zapata. La tarde del viernes 14 de septiembre de 1962, Gregorio Macías salió a sus rutinarias juntadas con amigos y se pasó bebiendo con Teodoro Posse hasta las primeras horas del otro día.

Nélida escuchó el portazo pasadas las 4 de la mañana del sábado 15 de septiembre de 1962. De nuevo era Gregorio que llegaba borracho a casa, encima a los gritos y junto a su amigo. Así fue que el hombre entró al dormitorio matrimonial y de mala manera, como siempre que se embriagaba, le ordenó que se levantara a preparar algo de comida para servirles. Nélida obedeció en silencio, pero por dentro suyo lo maldecía.

Él, creyendo ser más hombre, la insultó frente a Posee y amagó con pegarle. Esto molestó a esta otra persona, que intercedió y pidió a Macías que dejara tranquila a su esposa. La calma duró minutos. Nélida prefirió volver a su habitación, no quería ver a su marido. Era su forma de huir.

Al rato, Gregorio Macías volvió a la carga. Regresó al cuarto a buscar a la mujer. Ella estaba a punto de estallar, de modo que salió y caminó rápido hacia al patio. Esto enfureció al chacarero, que más tarde la siguió con intenciones de pegarle. No sabía que Nélida había ido hasta el fondo a empuñar la azada para defenderse. Presentía que esa noche también iba a ser golpeada, por lo que dio vuelta alrededor de la casa para escabullirse de su marido y se encerró en su dormitorio.

No pasó mucho que Gregorio irrumpió en la habitación, todo desafiante y dispuesto a apalearla otra vez. Nélida lo aguardaba, aferrada a la anchada. El hombre encendió el mechero para alumbrarse, en ese instante ella le lanzó un azadonazo. El golpe dio en su hombro y lo tiró contra la pared. Ahí, él vio que la llevaba de perder y salió rumbo al comedor, adonde estaba su amigo.

Nélida juntó la rabia contenida. En segundos recordó todo su sufrimiento, entonces pensó: es ahora o nunca. Y en vez de esconderse como siempre lo hacía, salió por detrás de su marido y lo atacó frente a su amigo. Le revoleó la azada por la cabeza y lo tumbó en el piso. Teodoro Posse quedó paralizado al ver la reacción de la mujer, que desencajada y con los ojos lleno de odio le pegó y le pegó a Gregorio hasta que no tuvo más fuerza. Lo mató. Sus hijos, de 9 y 7 años en ese entonces, dormían en otro sector de la casa.

Detenida

El mismo Posse fue a buscar a la Policía. Nélida no se movió de la finca, esperó resignada reconociendo el crimen que acaba de cometer. Esa madrugada, tanto la mujer como el amigo de Gregorio fueron detenidos y trasladados a la comisaría de Santa Lucía hasta que se aclarara todo. Ella misma confesó el asesinato. Posse también dio la versión de lo sucedido en la finca.

Nélida fue imputada y luego procesada por el delito de homicidio calificado, según consta en la causa. En su indagatoria contó todas las penurias que atravesó en su matrimonio y las humillaciones de las que era objeto por parte de su esposo. Y sí, reconoció que esa noche se hartó y dijo basta, al punto que adoptó la drástica decisión de asesinarlo para que no la golpeara otra vez.

Todo esto quedó plasmado en el juicio escrito realizado en el Juzgado del Crimen de Tercera Nominación de San Juan. El abogado defensor pidió la absolución de la mujer con el argumento de que debían declararla inimputable por haber actuado en estado de emoción violenta y en legítima defensa.

El juez, en cambio, consideró que el hecho no podía encuadrarse como un asesinato cometido en estado de emoción violenta. Sí aceptó que cabía calificarlo como un acto en legítima defensa. Se cumplían dos supuestos: “ella quiso evitar lo injusto”, además hubo agresión ilegítima por parte de Macías. Por otro lado, la mujer estaba amenazada por “un hombre fuerte y enceguecido por el alcohol”, expresó. Ahora bien, asimismo entendió que existió un exceso por parte de Nélida y que su reacción fue “abusiva”, dado que pudo haberse detenido cuando vio tendido a su marido, pero continuó golpeándolo sin necesidad.

El 12 de diciembre de 1963 se conoció el fallo de tan dramático y polémico caso judicial. El magistrado que juzgó a Nélida Torrente resolvió condenarla a la pena de 12 años de cárcel por el delito de homicidio cometido con exceso en la legítima defensa y con esto ella fue confinada en la vieja Alcaidía de Mujeres de San Juan. De esa forma, ella pagó ese horrendo crimen, pero irónica y penosamente así también se liberó de tanta violencia.

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