Historias del Crimen

El policía federal que asesinó a tiros a la esposa y a un carnicero en una calle de Concepción

Es el caso de un agente que una noche de 1981 encontró a su esposa en compañía de un vecino. Convencido de que le era infiel, mató a ambos a balazos. Aseguró que no supo lo que hacía y la Justicia lo condenó a una pena mínima.
domingo, 24 de octubre de 2021 · 09:18

El título del periódico local decía: “Doble homicidio pasional ocurrido ayer en Concepción”. Casi nada se habló del caso, pero pocas veces hubo una noche tan furiosa y dramática como aquella de un domingo de mayo de 1981. Una madrugada maldita por los celos y el ataque irracional de un policía federal que, furioso por una supuesta infidelidad, salió a calle con su pistola y asesinó a tiros a su esposa y a un carnicero vecino.

Las crónicas periodísticas y el fallo judicial sobre ese doble crimen pusieron más el acento en victimizar a ese agente de la Policía Federal llamado Luis Godoy y a dar crédito a su confesión, que en mencionar a Encarnación. Esa muchacha madre de 2 chicos, a la que dejaron sólo el triste papel de la mujer supuestamente infiel, sin hacer referencia a cómo era su vida o los problemas de pareja que quizás atravesaba al lado de ese hombre que la mató alevosamente en la calle.

Godoy cumplía funciones en la Delegación San Juan de la Policía Federal y Encarnación era la ama de casa en el hogar que compartían en calle Mendoza, en Concepción. Ambos provenían de dos familias de esa zona de la Capital sanjuanina y para 1981 llevaban ya 7 años de casados. Era un matrimonio con una vida, en apariencia, sin sobresaltos. Nunca hubo motivos para sospechar que ella lo engañaba, reconoció tiempo después Godoy.

El viaje

Era su esposa la que se molestaba cada vez que él salía solo o se iba de viaje con su amigo Francisco Gómez, aclaró. Este hombre manejaba un camión de la firma José González e Hijos y realizaba repartos de mercadería en el interior de la provincia y en La Rioja. Por eso fue que Godoy se sorprendió que ella no pusiera reparos cuando le anunció que, como otras veces, partiría junto a ese amigo hacia la vecina provincia. El plan era ausentarse durante dos días. De paso cazarían vizcachas, una costumbre en esos viajes.

Godoy y su amigo Gómez partieron el sábado 16 de mayo de 1981 en un camión Ford 350 cargado de mercadería. Tenían previsto regresar el domingo. Pero tal parece, la jornada se hizo agotadora y ese mismo día a las 21, mientras transitaban por la localidad riojana de Chepes, decidieron modificar la hoja de ruta. Optaron por regresar a San Juan. Hay que aclarar que existe una única versión sobre el antes, durante y después del violento suceso, y fue la que salió de boca del propio Godoy y que respaldó su amigo.

Regreso imprevisto

Por lo que contaron, a las 0.30 del 17 de mayo de 1981 arribaron al domicilio de Godoy sobre la calle Mendoza, en Villa Nueva, Concepción. El agente de la Federal aseguró que entró a la casa, pero le extrañó que su esposa no estuviese. Las luces permanecían encendidas. Los chicos dormían en su dormitorio. La buscó por el fondo, volvió a salir a la calle y no la veía por ningún lado.

El lugar. Así luce la calle donde ocurrió el doble asesiinato.

La situación empezó a preocuparlo. Pidió a Gómez que fuese a las casas de su madre y de su suegra –vivían en la zona- para ver si Encarnación estaba con algunas de ellas, pero le pidió que no las alarmara. El hombre se marchó y a los minutos volvió sin novedad. Estacionó el camión sobre la calle Dorrego, a metros de Mendoza, y Godoy subió a la cabina con la idea de aguardar hasta que apareciera su mujer. En realidad, no sabía qué hacer.

En esos minutos vieron pasar lentamente un auto Fiat 125 rojo. Godoy creyó reconocer a su vecino y amigo a bordo del coche, el carnicero Raúl Santibáñez. También alcanzó a observar a una persona que viajaba a su lado y que agachó su cabeza para que no la vieran, según la versión del federal. Todo le resultó curioso, le extrañó que Santibáñez no parara y se mostrara misterioso a esa hora. Eran muy amigos, tanto que planeaban poner un negocio juntos. El carnicero era casado y poseía su negocio en la esquina de Mendoza y Dorrego.

La sospecha

Godoy dudó, pero sospechó que esa otra persona que acompañaba a Santibáñez pudiese ser su esposa y entonces pidió a Gómez que los siguiera. El otro hombre arrancó el camión y salió detrás del auto rojo, pero al cabo de unas cuadras los perdió de vista y pegó la vuelta.

Godoy estaba nervioso y fastidioso. Se quedó esperando frente a la puerta de su casa, hasta que vio llegar caminando a Encarnación. El mismo declaró que ahí empezó a reprocharle de dónde venía, discutieron y la acusó que lo engañaba con el carnicero. Gómez, el amigo, no quiso entrometerse y se retiró.

Según Godoy, su esposa le reconoció que había estado con Santibáñez, pero aclaró que sólo fueron a tomar una bebida y negó que tuviesen un romance. Mientras hablaban, le sintió el olor a alcohol en el aliento. El policía se alteró más, al extremo que exigió a su esposa que lo acompañara a ver al médico de la Policía Federal para que la examinara y constatara si había tenido relaciones sexuales. Obvio que ella se negó, lo que pedía era algo humillante.

Viendo que no conseguía lo que quería, y molesto por todo lo que estaba pasando, el policía echó a Encarnación de la casa y cerró la puerta, según su propio relato. A los minutos salió a la vereda y encontró a su mujer parada en la puerta. Volvieron a tener otro cruce.

Desenlace fatal

Godoy ya andaba con su arma reglamentaria, una pistola 9 milímetros, en la cintura. En esos precisos instantes apareció de nuevo el auto Fiat 125 rojo de Santibáñez por calle Mendoza. De acuerdo a la declaración del policía, en eso que peleaban la mujer le dijo: “Por qué no le preguntas a él” e hizo señas al carnicero para que detuviera el coche. El vehículo paró al costado de la calle, entre Corrientes y Dorrego. Encarnación fue a hablarle.

Pensándolo ahora, el policía federal ahí podría haber puesto fin a la discusión o resignarse a que quizás su mujer no quería estar más con él. O en todo caso, enfrentarlos para aclarar la situación. Pero no, Godoy se sintió herido en su machismo. No quiso dialogar ni tampoco marcharse. Él dijo que perdió la noción.

Los estampidos retumbaron a las 1.30 de la mañana del domingo 17 de mayo de 1981 sobre la calle Mendoza. El primero de los balazos fue directo a Encarnación, que cayó moribunda a metros del auto Fiat 125. A Santibáñez no le dio tiempo a bajarse del coche ni a ponerlo en marcha para escapar. Lo acribilló a tiros desde afuera del auto y a través de los vidrios. Tres de los balazos impactaron en el cuerpo del carnicero y quedó agonizando sobre los asientos.

Al menos cuatro testigos vieron a Godoy disparar contra su mujer y hacia el interior del auto rojo. Esas personas aseguraron que el policía luego subió a su auto Peugeot 404 blanco y tomó por calle Mendoza en dirección al Sur. Minutos más tarde, el agente se presentó en la guardia de la Delegación San Juan de la Policía Federal en el centro sanjuanino y se entregó a sus compañeros que estaban de guardia. Puso a disposición su arma y confesó que acababa de matar a su esposa y al hombre que andaba con ella. Al trasladarse al lugar, los uniformados de la Federal constataron que la esposa de Godoy permanecía muerta y tendida sobre la vereda y que el cadáver de Santibáñez se encontraba en el interior del Fiat 125.

Los federales

Lo insólito fue que la misma Policía Federal se hizo cargo del caso y ordenó todas las medidas preliminares, siendo que debía dar intervención a las autoridades judiciales locales y a la Policía de San Juan. Los federales hicieron todo el procedimiento. De hecho, trataron de que el doble asesinato no se divulgara públicamente. Aun así, trascendió y Diario de Cuyo publicó la noticia sobre el doble asesinato en unos pocos párrafos, sin poder dar muchas precisiones.

El miércoles 20 de mayo, el juez federal Mario Gerarduzzi se declaró incompetente en la causa, mientras que la juez Ivonne Salinas de Duano pidió que remitieran todas las actuaciones a su órbita, el Segundo Juzgado del Crimen. La Policía de San Juan tuvo que sacar un comunicado informando la existencia de un hecho doloso que culminó con la muerte de dos personas y aclaró que el autor, identificado como Luis Godoy, no pertenecía a las filas de la fuerza provincial.

Es que se trataba de un delito de competencia provincial. Pero claro, como el involucrado era un efectivo de la Federal, sus mismos compañeros de la fuerza se apresuraron en buscar instruir la causa. Los testimonios recolectados, las pericias y los informes relevados por esos efectivos la misma noche del doble homicidio y el día posterior, instalaron desde el principio la hipótesis de que Godoy asesinó a su esposa y al carnicero bajo un estado de perturbación e ira que le hizo perder el control de sus acciones. Y así quedó plasmada en la causa y le imputaron los delitos de homicidio agravado por el vínculo, cometido en estado de emoción violenta, y homicidio simple cometido en estado de emoción violenta, en concurso real.

Un proceso express

Luis Godoy, de 33 años, no estuvo mucho tiempo detenido. Con una rapidez nunca antes vista, fue llevado a juicio ese mismo año. El fiscal sostuvo la misma calificación y pidió la pena mínima, igual que el abogado defensor. Francisco Gómez y los compañeros del agente declararon que lo vieron alterado, desorientado y en un estado casi delirante. Eso reforzó la teoría de que el policía mató a su mujer y al comerciante en un estado de emoción violenta.

Aunque el fallo del juez aclaró que no quedó probado el “adulterio", señaló que, si bien los testimonios de Gómez y el personal policial pudieron ser sospechosos, sea por amistad o camaradería, los hechos fueron corroborados y todo daba a entender que ocurrieron tal como los relató y confesó el acusado.

El 15 de diciembre de 1981 se dictó sentencia y condenaron a Godoy a la pena de tan sólo 3 años de prisión. Con esto lo liberaron de forma inmediata. Sucede que las penas de hasta 3 años de cárcel son de cumplimiento condicional.

Era otra época, todavía había una dictadura militar en el país. Hay vecinos de la víctima que afirman que Godoy era una buena persona, pero que lo favorecieron por su condición de policía. En la actualidad, ese caso hubiese tenido otro final o al menos la condena habría despertado polémica. Incluso se habría investigado si hubo un femicidio o un trasfondo de violencia de género.

En otro contexto hubiese sido difícil probar ese estado de emoción violenta que le atribuyeron al agente. Esa noche, él tuvo mucho tiempo para pensar lo que hacía, hubo idas y vueltas y discusiones en el medio antes del ataque a tiros. Posteriormente tomó su auto, se dirigió a la sede de la Policía Federal, se entregó a sus compañeros y confesó el doble asesinato. En otras palabras, no parecía estar desorientado y shockeado. Pero todos dieron por acreditado que no estaba en sus cabales.

Lo cierto fue que Godoy no estuvo muchos meses preso. Cuando salió en libertad, vendió la casa de calle Mendoza. Sus hijos quedaron con la familia materna, contó un vecino. Hoy no se sabe qué es de la vida de este hombre. Hay quienes afirmaron que trabajó como peluquero. Hace algunos años lo vieron manejando un remis, pero ya estaba en muy avanzada edad, contó una persona que lo conoce. A la fecha, debería tener aproximadamente 73 años.

Comentarios