sábado 7 de mayo 2022

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Historias del crimen

El policía sanjuanino asesinado por ayudar a una víctima de violencia de género

Fue en febrero de 1990. El uniformado esperaba en una parada de colectivo cuando apareció una joven pidiendo auxilio porque su pareja la quería agredir. A los segundos llegó ese otro sujeto y, tras un intercambio de palabras, le disparó a matar.

Por Walter Vilca 15 de marzo de 2020 - 09:53

“Me voy porque llego tarde al trabajo”, dijo el sargento Castro, que tenía que cumplir con un servicio de adicional en el Club Atlético Alianza. Apurado caminó hasta la parada de colectivos en la zona Norte de Santa Lucía y se quedó esperando lo que ni él mismo imaginaba. El micro no llegó, pero apareció una joven nerviosa y asustada que le pidió ayuda porque su marido la seguía y quería pegarle. El policía escuchaba atento a la mujer cuando de un segundo a otro arribó la pareja de esta chica. El muchacho estaba alterado y borracho. Nunca se supo con certeza qué se dijeron, pero hubo un cruce de palabras, un movimiento de manos y un sorpresivo disparo que esa noche retumbó como un llamado de la muerte.

Los hechos se precipitaron de una manera inusitada la noche del sábado 10 de febrero de 1990. El sargento Tomás Adolfo Castro cayó al lado de la calle sin siquiera poder reaccionar. El balazo lo había recibido él. El impacto fue entre el tabique nasal y el ojo derecho, y el proyectil terminó alojado en su cerebro. El lunes 11 pasado el mediodía, falleció en la sala de Terapia Intensiva del Hospital Guillermo Rawson. El autor de ese disparo mortal fue Juan Carlos Celán, que estuvo prófugo por más de un día y medio y se entregó con un abogado ese mismo lunes –horas antes que falleciera el policía- en tribunales.

Dos completos desconocidos

El sargento Castro y Juan Carlos Celán llevaban vidas diametralmente distintas. Este muchacho de 23 años y changarín era inestable emocionalmente y ya antes había intentado suicidarse. Su relación sentimental con Graciela Guerra, de 18 años, no andaba bien y las peleas entre ellos eran constantes en la casa que compartían en Santa Lucía. Supuestamente estaban en etapa de separación y las discusiones se repetían porque ella no quería que él tuviera mucho contacto con el pequeño hijo de ambos. Eso enardecía más a Celán, que otras veces había maltratado a la joven.

El homicida.Juan Carlos Celán, el hombre que mató al policía. La foto pertenece a la edición de Diario de Cuyo, en 1991.

Tomás Adolfo Castro tenía casi la vida hecha, a sus 47 años le faltaba poco para retirarse de la Policía de San Juan. Un hombre único, cuentan hoy sus hijos, al que no le importaba lo material y tan sensible que junto a su mujer, siendo muy jóvenes, adoptaron dos nenas para criarlas como suyas a la par de sus tres hijos. “El terremoto del 77 nos tiró abajo la casa y mi viejo igual salió adelante con todos nosotros y como pudimos levantamos otra casa. No teníamos mucha plata, pero éramos felices. A veces aparecía con las bolsas llenas de cosas que nos compraba, para darnos una sorpresa. O venía del trabajo, cargaba comida, colchas y otras cosas en el carro y lo ataba a su bicicleta, y todos los chicos salíamos caminando al lado de mi mamá y mi viejo a pasar el día en El Pinar. Era un tipo con mucho corazón que vivía por la familia”, recuerda Barbarita Trigo, la hija mayor.

Un encuentro fatal

La tarde del sábado 10 de febrero de 1990, el sargento Castro y su esposa Águeda Solar salieron solos de su domicilio en la Villa Mercedes, en Marquesado, Rivadavia. Tenían reunión familiar en casa de un hermano en Santa Lucía. Es que el otro fin de semana llegaba una hermana de Buenos Aires y planeaban recibirla con una gran fiesta. Esa tarde carnearon un chancho y ultimaron detalles entre todos los parientes. Hasta que se hicieron las 20 y Tomás Castro se levantó de la mesa. Le dio un beso a su esposa y se despidió: “me voy porque llego tarde al trabajo”. El sargento trabajaba en la Seccional 5ta de Santa Lucía, pero esa noche debía hacer un adicional cuidando el Club Atlético Alianza. Fue así que se alejó en dirección a la parada de colectivos situada en la avenida Benavidez y calle Colón.

Muy cerca de ahí había una fiesta. En una vivienda de las inmediaciones celebraban un cumpleaños y bautismo y uno de los invitados era Juan Carlos Celán, que estaba bebiendo cerveza. Sus mismos familiares declararon –en la causa-que también estaba Graciela Guerra con su nene y que otra vez Celán empezó con sus reproches. La pareja discutió. El joven largó algunos gritos. No se sabe si éste tenía el arma encima o amenazó con pegarle a la chica, lo cierto es que ella se retiró espantada quizás temiendo otras de las golpizas del muchacho. Salió como escapando por la calle. Celán permaneció unos instantes más en la fiesta y un tío suyo lo retó, no quería problemas. Entonces el muchacho tomó su bicicleta y partió furioso en busca de su mujer.

Todo se dio para que esa chica que huía asustada, se encontrara justo con el sargento Tomás Adolfo Castro que aguardaba en la parada de Benavidez y Colón y sólo pensaba en tomar ese ómnibus para llegar a su trabajo. Todo fue muy rápido. Ella que pedía ayuda porque sabía que Celán venía por detrás. El policía que no supo qué hacer cuando llegó ese muchacho, visiblemente molesto. Nunca se supo qué se dijeron, pero evidentemente el sargento Castro trató de calmar al joven. El policía era corpulento y medía más de 1.80 metro de altura. El muchacho no entró en razón, al contrario, sacó el revólver que llevaba y le largó un par de disparos. El policía no logró cubrirse ni responder, uno de los balazos le dio en el rostro y se desplomó.

La muerte estaba en puerta. El sargento Castro quedó tendido con el rostro ensangrentado. Celán trepó a la bicicleta y escapó, mientras que su mujer comenzó a gritar y los vecinos salieron de sus casas para ver qué sucedía. Nadie lo quería tocar. Una mujer que pasaba en auto en compañía de su hija se detuvo y se animó auxiliarlo. Junto a un vecino cargaron en el coche al sargento y tomaron hacia el Hospital Rawson con un pañuelo agitando por una ventanilla para que los otros automovilistas abrieran paso.

“Esa noche estábamos viendo televisión en la casa y vino un hombre en auto, se paró en la puerta y habló con mi cuñado. Mi cuñado salió urgente y no nos dijo nada. No nos quiso decir qué pasaba. Al rato llegó mi hermano mayor, desenchufó el televisor y mirando a todos, dijo: “El papá tuvo un accidente. Le pegaron un tiro en el hombro”, relata Elisa Castro, otra de las hijas del policía, que en ese entonces tenía 20 años. “Todos nos fuimos al hospital. Siempre me acuerdo que mi mamá estaba asustada y llorando en un rincón del hospital. Me di cuenta que era grave porque vi a un médico que salió con una placa radiográfica y era del cráneo. Ahí supe que le habían dado un tiro en la cabeza. Después, el médico nos pidió que avisemos a todos nuestros familiares porque mi viejo estaba muy delicado”, agregó Barbarita.

Dolor. Barbarita Trigo -a la izquierda- y Elisa Castro, dos de las hijas del sargento Tomás Castro, mantienen vivo el recuerdo de su padre.

Final anunciado

Fue la propia Graciela Guerra quien aseguró a la Policía que Juan Celán fue el que disparó contra el policía. El muchacho hasta tanto desapareció y recién el lunes a la mañana se entregó en tribunales. También llevó el revólver. Horas más tarde, en el hospital daban la noticia de que el sargento Tomás Castro acababa de fallecer. “Todo fue muy triste. Nadie podía entender por qué un hombre tan bueno se iba. Nadie lo olvida. Para colmo ese día llovía mucho y estábamos velando a mi viejo”, cuenta Barbarita.

El juicio concitó la atención de todos los sanjuaninos. Tal fue la expectativa, que el tribunal de la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional dispuso que las audiencias se realizaran en la sala de sesiones de la Liga Sanjuanina de Futbol en la esquina de Santa Fe y Entre Ríos. El debate se inició el 2 de diciembre de 1991 con una lista de una treintena de testigos. Uno de los primeros en declarar fue Juan Carlos Celán que, con la defensa de los abogados Ernesto Kerman y Diego García Carmona, aseguró que no recordaba nada porque ese día estaba ebrio y que se enteró el lunes de la muerte del policía. Contó que su tío le comentó que, según su esposa, había matado a esa persona. Que eso lo  puso muy mal, que esa mañana buscó el arma y se presentó en la justicia. También afirmó que en el último tiempo padecía de depresión y que anteriormente quiso suicidarse en cuatro oportunidades.

El testimonio inicial de su ex pareja, que lo acusó a él como responsable del crimen, fue tomado como la prueba principal. Esto fue refrendado por los policías que intervinieron a poco de  producirse el hecho y que escucharon esa versión de boca de la mujer. Los familiares de Celán, que no presenciaron el asesinato, confirmaron que éste se hallaba borracho esa noche. Quizás para atenuar su responsabilidad. Otro vecino testificó que sólo vio a Celán parado en la calle con su bicicleta y un revólver en la mano, pero no sabía qué había pasado.

A la hora de analizar la personalidad de Celán, un psicólogo lo caracterizó como una persona con trastornos de personalidad y “bordelinde” –siempre al límite de las situaciones-, alguien que era peligroso para sí mismo pero no para terceros. También citaron un antecedente de epilepsia. Distinto fue lo que plantearon dos psiquiatras que hicieron otro informe en el cual catalogaron al acusado como un psicópata esquizoide y un sujeto peligroso que era capaz de hasta cometer un crimen. Los defensores cuestionaron este último diagnóstico y se basaron en el primer informe para sostener que Celán era incapaz de asesinar al policía. También apelaron a sostener que no existían testigos directos del crimen y que no estaba acreditada la autoría de su defendido. Además pusieron en duda las pericias y remarcaron que no hubo pruebas de dermotest –el examen para hallar restos de pólvora- en el acusado. Por el contrario, el análisis balístico demostró que el proyectil que produjo la muerte de Castro había salido del arma de Celán.

“Entré al juicio, quería ver al hombre –en referencia a Celán- que mató a mi viejo. Fue la única vez que lo vi y me agarró un ataque de nervios que me desmayé. La pasé mal. Cuando me desperté, me estaban atendiendo en la Central de Policía”, señala Barbarita Trigo.

En la Liga. Esta foto fue publicada por Diario de Cuyo en 1991 para reflejar el juicio en la Liga Sanjuanina de Fútbol.

La condena

En los alegatos, los abogados Kerman y García Carmona insistieron en que no estaba acreditado la autoría del asesinato por parte de Celán y pusieron en tela de juicio las pericias. Por eso mismo solicitaron la absolución. Para el fiscal Vicente Roberto Chirino estaba todo probado y pidió una condena de 10 años de cárcel.

El lunes 9 de diciembre de 1991, se escuchó el veredicto. Los jueces Arturo Velert Frau, Diego Román Molina y Raúl Iglesia resolvieron por unanimidad condenar a Juan Carlos Celán a la pena de 8 años de prisión por el delito de homicidio simple.

Para la familia del sargento Tomás Castro resultó poca la condena. Y más, por lo que vino después. “Quedamos en la nada. Mi papá mantenía la casa y desde que él murió quedamos desamparados. Mi mamá estuvo un año y cinco meses sin cobrar nada de mi padre porque no salía la pensión. No teníamos qué comer y menos para pagar la luz, pero sobrevivimos”, asegura Elisa. Barbarita, su hermana, cuenta que “mi hermano fue a pedir al Jefe de Policía que lo dejaran entrar a trabajar a la Policía, pero le respondió que no porque iba a querer vengarse. Pero él sólo quería trabajar. Nosotros jamás pensamos en vengarnos. Lo hablamos entre nosotros y les dije a todos mis hermanos: no busquen venganza ni nada. Con eso no vamos a revivir a mi papá. Porque la venganza no es buena, y eso nos había enseñado nuestro padre”.

Al tiempo, el sargento Tomás Adolfo Castro fue homenajeado en la fuerza y ascendido pos mortem al rango de sargento primero. Doña Águeda Solar, la viuda, y dos de sus hijas mayores todavía viven en Villa Mercedes en Marquesado, allí donde aún hoy cuelga un cuadro con la foto de ese policía que murió por ayudar a una víctima de violencia de género.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiempo de San Juan

Suplementos

Contenido especial 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
Rosa Videla. La asesina de Cristina Olivares tendría que estar presa hasta 2047.

Las Más Leídas

Apareció un nuevo video y para los padres de la alumna agredida el ataque fue planeado
Rosa Videla. La asesina de Cristina Olivares tendría que estar presa hasta 2047.
El sueldo de Alberto Fernández se volvió viral en redes sociales
El lugar donde ocurrió la tragedia. (Imagen Crónica)
ANSES comunicó el 5 de mayo las personas que fueron aprobadas y rechazadas para el cobro de $18.000.

Te Puede Interesar