sábado 21 de marzo 2026

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Historias del crimen

La alevosa ejecución a una contadora, todo por una videograbadora

Fue en abril de 2003. Dos ladrones entraron a una casa de Trinidad, en la capital sanjuanina, y atacaron a la profesional, que hacía 40 días había sido mamá. Ella terminó asesinada de un tiro en la cabeza dentro del comedor. Su beba dormía en su cuna. Por Walter Vilca

Por Redacción Tiempo de San Juan

Para ellos no fue una salida más de amigos, o quizás sí, los dos compartían la debilidad por el delito y la vida fácil. Y como ladrones que eran, andaban siempre preparados. No por nada “El Jota” Mercado tomó unas pastillas para ponerse a tono, calzó el revólver 38 en su cintura y partió de su casa en Villa El Pino para buscar a su cumpa, “El Chingolo” Naveda, su vecino desde niño en ese popular barrio sanjuanino de Trinidad, Capital. Salieron a la par como quienes van a demostrar sus buenos oficios, solo que eran las 21 y no iban precisamente a trabajar.

Caminaron tres cuadras hasta el barrio Walter Melcher y “El Jota” Mercado, que estaba más despierto, vio una casa que tenía la puerta de la cocina entreabierta. No había vehículos en la entrada. Hizo la punta, ingresó sigilosamente y abrió la puerta. Miró, notó que no había gente a la vista y cabeceó a “El Chingolo” Naveda para que lo siguiera.

Adentro se encontraba la contadora cordobesa María Cecilia Herrera con su beba de 40 días de vida. Unos minutos antes, su esposo Luis Ferrero le llamó por teléfono para advertirle que se demoraba en su frigorífico y llegaba más tarde. Indefectiblemente, ese 3 de abril de 2003 no era el mejor día para esa joven mamá, todo se conjugaba para lo que sería la peor y última noche de su vida.

Lo que sucedió en esa casa en la intersección de las calles Remberto Baca y Álvarez del barrio Walter Melcher, no se olvida jamás de la memoria de muchos que conocieron la terrible historia. Hasta hoy, los policías que trabajaron en el caso no borran los recuerdos sobre el desalmado y cruel desenlace de aquello que pudo ser un robo más y que acabó en un vil asesinato.

“El Chingolo”. Alberto Guillermo Naveda, el cómplice de Mercado.

Sin escapatoria

María Cecilia Herrera estaba sola con su nena. De un instante a otro, la desesperación embargó a la mujer, que se topó con los delincuentes en el interior de su casa. Seguramente pensó en su hija recién nacida más que en ella e intentó enfrentar a los dos ladrones. Al parecer, pese a su pequeña contextura física, largó unos manotazos pero la zamarrearon hasta que lograron dominarla en el comedor de la casa. Mucho no pudo hacer, Oscar Alfredo “El Jota” Mercado sacó el revólver y la encañonó.

La contadora aparentemente no se resignó y siguió forcejeando, entonces “El Jota” Mercado la tomó del cabello por atrás y le puso el arma en la nuca. Ahí también estaba Alberto Guillermo “El Chingolo” Naveda, mirando cómo rogaba y se defendía esa joven madre. Mercado tironeaba y tironeaba de su pelo para asustarla, con la fría punta del revólver apoyada sobre su cuero cabelludo. Hasta que jaló el gatillo y se escuchó el estampido como el zumbido de la muerte. Junto con ese estallido seco, María Herrera se desplomó en el suelo producto del balazo que impactó en la parte posterior de su cráneo.

Sus súplicas proferidas instantes antes no alcanzaron. Ella quedó enmudecida y tendida en un charco de sangre, mientras su beba dormía en una cuna. Ni la escena trágica con ese cadáver conmovió a “El Jota” Mercado y “El Chingolo” Naveda, que prosiguieron con su deliberada tarea de buscar objetos de valor en la vivienda. Revisaron las habitaciones y lo único que pudieron tomar fue una videograbadora y una billetera de Herrera con unos pocos pesos, su documentación personal y una tarjeta bancaria. Su gran botín fue ese, muy poco por tan al costo como la vida de esa mujer que llegó junto a su pareja a San Juan con el sueño de formar su hogar e iniciar un proyecto empresarial. Pero todo se esfumó en esos minutos dramáticos y con ese sórdido disparo que cambiaría el destino de la familia Herrera Ferrero y de los propios delincuentes.

Con la videograbadora debajo de uno de sus brazos, los ladrones escaparon dejando la puerta abierta. Caminaron presurosos de regreso a Villa El Pino y buscaron la forma de fugar, presintiendo lo que se les venía. Querían un auto. Para ello se acercaron a la casa de un conocido de apellido Riveros, en la calle O’ Higgins. Los atendió Noelia Videla, la esposa de ese hombre, a quien le ofrecieron la videograbadora y le pidieron que le prestara su viejo vehículo. Ella rechazó la oferta y también se negó a prestarle el coche de su marido, entonces le “manguearon” una bicicleta. La mujer conocía la fama de ladrones y la falta de palabra que tenían Mercado y Naveda, por lo que exigió que dejaran algo de garantía. Ellos no estaban en condiciones de exigir nada, de modo que entregaron la videograbadora y la billetera de Herrera y se retiraron con la bicicleta.

“El Jota”. Este Oscar Alfredo Mercado, el autor del disparo.

Macabro hallazgo

Eran las 22.30 cuando Luis Ferrero llegó a la esquina de Remberto Baca y Álvarez. Tocó bocina para anunciarle a María Cecilia que estaba en casa y metió su auto. Le resultó curioso que ella no saliera a abrirle la puerta, así que bajó, pero mientras caminaba descubrió que la puerta de la cocina estaba abierta. No imaginaba lo que iba hallar. El comerciante entró directo a la cocina y de ahí al pasillo para dirigirse a la habitación matrimonial, pensando que su mujer estaba amamantando a la beba. No las encontró, pero notó que todo estaba desordenado, por lo que volvió rápido sobre sus pasos y encaró hacia el comedor para dejar los papeles que traía sobre un mueble. Ahí miró a su alrededor y su cuerpo se paralizó al ver a su mujer tendida boca abajo en un baño de sangre. Sin saber qué hacer, corrió a la calle y empezó a gritar pidiendo ayuda.

Un vecino que es médico salió al escuchar a Ferrero, que a su vez le pidió que fuera a ver qué pasaba con su esposa que estaba en el piso. Ambos, más otros vecinos que aparecieron, entraron a la casa. El doctor se acercó a María Cecilia Herrera para revisarla y constató que no tenía pulso, estaba muerta. En toda su angustia, Ferrero se preguntó sobre la suerte de su hija y corrió a las habitaciones a buscarla. Los vecinos lo siguieron, pero pronto dieron con ella. La beba dormía muy tranquila en su cuna.

Al cabo de unos minutos, llegaron los policías de la Seccional 3ra. No había dudas, se trataba de un robo seguido de muerte. Más tarde los investigadores de Homicidios y decenas de uniformados salieron a recorrer el barrio y Villa El Pino tratando de recolectar algún dato. Los comentarios sobre el asesinato en la vivienda del barrio Walter Melcher se esparcieron por todo el vecindario, así llegó a oídos de esa mujer llamada Noelia Videla, que había recibido la videograbadora y la billetera de manos de Mercado y Naveda. Sospechando que algo tenían que ver con el crimen y que lo que guardaba en su casa era una braza caliente, se cruzó a la casa de la madre de Mercado y le entregó las cosas. No quería problemas.

Ya era tarde. Los policías de Homicidios contaban con algunos datos y sonaban los nombres de “El Jota” Mercado y “El Chingolo” Naveda, como los jóvenes que horas antes andaban merodeando las calles del barrio Walter Melcher. Los conocían, ambos contaban con antecedentes penales y condenas por delitos contra la propiedad. Además, hubo quienes aseguraron que los vieron ofreciendo una videograbadora.

En la madrugada del 4 de abril de 2003 la Policía allanó la casa de Mercado y lo detuvo. Su madre, que en principio sacó la videograbadora y la documentación de la víctima de su vivienda para ocultarlas en otro lugar, horas después hizo entrega espontánea de esos efectos en la Sección Homicidios de la Brigada de Investigaciones. Para entonces, Naveda ya había desaparecido. Permaneció prófugo varios días, pero finalmente cayó preso en Mendoza. Las pruebas contra ambos eran elocuentes. ¿Qué podían decir con respecto a la videograbadora y la documentación de la contadora asesinada que llegaron a manos de la madre de Mercado? Nada.

Las condenas

El juicio contra Oscar Alfredo Mercado y Alberto Guillermo Naveda, realizado en octubre de 2004 en la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional, fue la oportunidad para que buscaran atenuar la condena que tenían asegurada. Tal como había asegurado durante la instrucción, “El Jota” declaró que el robo fue al azar, que en realidad se dirigía al domicilio de su padre y en el camino improvisó el ataque en esa casa cuando vio la puerta abierta. Juró que andaba solo y que mató a la contadora sin intención, que se le escapó el tiro en el momento que luchaba contra ella. “El Chingolo”, en su declaración, tiró abajo la versión de su cómplice reconociendo que esa noche estuvo con Mercado, pero intentó despegarse del crimen aduciendo que él estaba revisando los dormitorios y en eso escuchó el disparo en el comedor. Según su relato, “El Jota” le confesó que todo había sido un accidente y de inmediato emprendieron la fuga.

La versión del disparo accidental, en medio de un supuesto forcejeo con la víctima, quedó descartada por completo a partir del informe forense. El reconocido médico forense Alejandro Yesurón explicó detalladamente que, en base a la autopsia, quedó en evidencia que a Herrera la tuvieron sujetada del cabello y que el arma estuvo apoyada en su nuca cuando le dieron el tiro mortal. Las pericias y la inspección en la escena del crimen revelaron otros detalles, como que el cuerpo fue removido y que existían manchas de sangre en otros lugares, incluso en los dormitorios. Es decir que una vez que asesinaron a la mujer, los dos ladrones continuaron con su maniobra delictiva y entraron a las habitaciones buscando objetos de valor. Uno de ellos reconoció que lo único que querían robar era la videograbadora, que se la habían encargado, según datos de la causa.

Los jueces Diego Román Molina, Raúl José Iglesias y Arturo Velert Frau coincidieron en que los dos se repartieron las tareas y tuvieron igual responsabilidad en el hecho. Así, la condena fue la misma para ambos: reclusión perpetua por los delitos de robo agravado por el uso de arma y homicidio agravado por el modo, criminis causa.

Oscar Alfredo “El Jota” Mercado y Alberto Guillermo “El Chingolo” Naveda, que en aquel entonces tenían 24 y 28 años, actualmente continúan purgando su pena en el penal de Chimbas. Sobre el viudo y su pequeña hija no se supo más nada, aunque afirman que continúan viviendo en la provincia.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
triple tragedia en ruta 20: tres personas murieron tras protagonizar un choque frontal

Las Más Leídas

Triple tragedia en Ruta 20: tres personas murieron tras protagonizar un choque frontal
Preocupación en Concepción: en pleno duelo ante el Santo tucumano, San Martín sumó dos bajas por lesión
El extraño verano sanjuanino que recién terminó, bajo análisis.
Tres detenidos en Chimbas tras un megaoperativo: secuestran cocaína, marihuana y casi medio millón en efectivo
Cómo se ven las baterías de energía solar en un proyecto de Perú (foto facilitada por EPSE).

Te Puede Interesar