Todo ocurrió un 7 de junio a la salida de una fiesta denominada “Monkey Fest”, realizada en salón ubicado en Gendarme Argentino y Callejón Gómez, villa San Rubén, en Rivadavia. La fiesta era exclusivamente para menores y hasta allí fue Darío Torres, junto a su hermano Iván (17) y otros amigos.
Eran cerca de las 2 de la mañana cuando deciden retirarse del evento. Desafortunadamente para ellos, a la salida los esperaban un grupo, de menores también, con los que habían tenido algunas peleas con anterioridad.
Estos enemigos de los Torres, cuando los vieron salir, les empezaron a gritar con insultos y provocaciones, y luego comenzaron a perseguirlos para pegarles. Al ver que se les venían, Darío e Iván emprendieron la huida, pero llegó un momento en que el menor de los hermanos, Darío, se cayó producto de un tropiezo y fue ahí cuando los atraparon. Le dieron tres puntazos por la espalda a Iván que se frenó a levantar a su hermano.
Cuando logran restablecerse, siguen corriendo hasta que no pudieron más. Debido al cansancio, debieron frenarse. En ese momento quisieron agarrarlo a Iván para acuchillarlo pero Darío se metió en el medio y le metieron el puntazo a él, a la altura del abdomen. Pero pudieron seguir corriendo, ya sin la persecución de sus rivales.
La huida llegó hasta un punto en que Darío, producto de la puñalada, se desplomó. Cayó al piso y comenzó a desangrarse. Inmediatamente, tras llamadas de los vecinos al 911 que alertaban sobre la gresca, personal policial se hizo en el lugar. Al llegar se encontraron con un grupo de jóvenes que trasladaban arrastrándolo al menor de 15 años.
Rápidamente pidieron asistencia médica, la cual se hizo en el lugar y trasladó de urgencias al Darío Torres, quien se encontraba malherido y ensangrentado totalmente. Lo llevaron al Hospital de Niños Juan Carlos Navarro. Lamentablemente para él, sus familiares y amigos, el adolescente falleció cerca de las 3:30 de la madrugada. Según su propio hermano, quien vio cuando lo asesinaban a sangre fría, el homicida era un ex compañero de la escuela con el que había tenido una pelea hacía un año atrás.
Los efectivos policiales detuvieron a los asesinos del menor de los Torres, pero para fortuna de los homicidas, debido a su condición de menores, debieron ser dejados en libertad de inmediato. Lamentablemente para la familia Torres, el hecho quedó impune. A su hijo, “al mañoso de la casa” como lo describía su propio padre, no se los devuelve nadie.