Walter Mariño está devastado, “destruido”. Mientras sepultan hoy a su hija Julieta, de 10 años, que falleció por la inhalación de monóxido de carbono producto de las brasas que había esa noche en la pieza, cuida a su hijo menor, Mariano de 8 años, internado en Terapia Intensiva del Hospital Rawson.
El papá, trabajador rural, contó algunos detalles de la vida de sus hijos, entre otras cosas, que vivían en una bodega, “La Ponderosa”, sobre calle Divisoria, que es el límite entre el departamento Caucete y 25 de Mayo.
Contó que Julieta estaba medicada porque desde hace 3 años sufría ataques de epilepsia, y que era excelente alumna. El relato es muy doloroso, Walter dijo que la madre de los niños puso un brasero en donde dormían porque la nena “tenía frío”.
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