Leila Rodríguez vivía en un lugar tranquilo del departamento de Ullum, el Lote Hogar 55. Era normal ver a Leila caminar mientras realizaba sus quehaceres cotidianos. Y si bien es un barrio chico y de pocas cuadras, hay un camino alternativo para llegar rápidamente a su hogar.
Era atravesar una plantación de ajos. Un lugar abierto, una finca que apenas tiene un pequeña parcela sembrada. El alambrado está roto y eso permite a las personas cortar camino e ingresar al barrio Margarita Ferrá de Bartol que se encuentra al lado del Lote Hogar 55.
Ese fue el último recorrido que hizo leila. De noche sin ninguna luz, acompañada solo por la luz de la luna. Pero como ella conocía como la palma de su mano la zona, no tuvo miedo en atravesar el lugar su último día. El lugar es desolado, un lugar hasta oculto en medio de un departamento donde las distancias son muy distintas a la ciudad, y son más bien distancias de campo.
Fue en ese descampado donde se presume que la joven mamá de una nena de 3 años tuvo el encuentro con su homicida, su ex pareja, quien confesó este viernes que él mató a Leila.