Alrededor de las 23 horas del 2 de junio de 1996 desaparecía
del exsanatorio Brown la sicóloga María Rosa Pacheco de Balmaceda, cuando salió
de cuidar a su madre. Veintiún años después el crimen está impune. Y como
prescribió la causa ya nunca se sabrá quién la secuestró, quemó su auto el 5 de
junio del ´96 en una huella cercana al Dique de Ullum y luego calcinó el
cuerpo, dejando como evidencia solamente el cráneo, el cual apareció el 22 de
julio del ´96 en El Villicum, Albardón.
Tres años después de la desaparición el tribunal de la Sala
Tercera de la Cámara Penal (Conte Grand, Fili y Domínguez) emitían un fallo
dividido diciendo que absolvían por el beneficio de la duda al marido y al
cuñado de María Rosa, el ingeniero Juan José Balmaceda y su hermano Jorge
(quien cayó preso recientemente por darle una paliza a su ex suegro).
Jorge Balmaceda, recientemente detenido de nuevo.
En ese fallo se ordenó bajar la causa al juzgado penal en
turno para que investigaran por falso testimonio a una veintena de policías y
también para que se investigara quién fue el autor del crimen, ya que en el
juicio no había quedado lugar a dudas por las pericias científicas de que María
Rosa desapareció involuntariamente y que los restos hallados eran los suyos.
Leopoldo Zavalla Pringles, exjuez.
Esa misión recayó en el Primer Juzgado de Instrucción. En ese
momento estaba a cargo de Leopoldo Zavalla Pringles, ahora jubilado como juez.
"Fue una causa con muchos rumores pero no hubo algo concreto”,
recordó el ex juez ante Tiempo de San Juan, 21 años después de la desaparición.
El exjuez agregó que "hubo un estado permanente de duda; un estado
de nebulosa que no se pudo disipar”.
Ese estado de duda es el que la justicia sanjuanina fue incapaz
de romper a lo largo del tiempo, transformándose el crimen de María Rosa una
espina clavada en la sociedad sanjuanina.
María Rosa y el ingeniero Juan José Balmaceda.
Respecto de la decisión tomada en el juicio, la cual le ordenaba
a Zavalla Pringles volver a investigar el crimen, el exjuez dijo que "esa causa
tuvo una investigación que la llevó adelante otro magistrado (Juan Agustín
Lanciani, exjuez del Segundo Juzgado de Instrucción), se produjo pruebas y al
final de cuentas terminaron con un fallo distinto. En ese juicio la causa dio
un giro”.
Esos rumores a los que refiere Zavalla Pringles siempre
apuntaron a frentes con los que en el Segundo Juzgado de Instrucción nunca se
quisieron meter.
Uno de ellos es el PRISE (Programa de Inversión en el Sector
Educativo), un brazo ejecutor del entonces Ministerio de Educación con el que
San Juan había recibido cientos de millones de pesos para mejorar las
condiciones de las escuelas públicas. María Rosa trabajaba allí asesorando las
obras que debían hacerse.
El otro frente que la justicia sanjuanina nunca investigó
fue el Centro Caminos, el primer lugar privado de San Juan para rehabilitar a
personas con adicciones. Allí llegaba dinero desde la Nación.
En su momento el exjuez Lanciani se inclinó por la
posibilidad de un crimen vinculado al marido y al cuñado de María Rosa, basado
en una supuesta infidelidad. Caída esa hipótesis en el juicio, y al regresar la
causa a la etapa de instrucción, tampoco nunca se encargó una nueva
investigación. Como tampoco se investigó a la veintena de policías sospechados
de falso testimonio en la investigación que hizo Lanciani.