El mecánico de 56 años Federico Cecilio Fernández Gizzi
transformó en una especie de show, por momentos cómico y por momentos metió
miedo, su relato sobre el crimen del abogado Francisco "Paco” Sirera. Desde que
llegó con una bolsa de nylon con recortes de diario con notas que intentó
desmentir hasta que lo hicieron sacar del recinto con un cuarto intermedio por
intentar amedrentar al presidente del tribunal, Ernesto Kerman: "De aquí a
donde está usted pego tres tiros”, llegó a decirle al juez.
Fernández Gizzi está imputado como homicidio en grado de
partícipe. Y su hijo Sergio Daniel Fernández Santa Lucía (31) por el delito de
homicidio. El 19 de mayo de 2014 un patrullero los sorprendió in fraganti tras
cometer el crimen de 10 puñaladas contra el abogado Sirera.
El hijo de Fernández Gizzi declaró primero. Se adjudicó el
crimen. Y contó con lujos de detalles los hechos tal cual estaban reflejados en
el expediente.
Luego, sin la presencia del hijo en el recinto, fue el turno
de Fernández Gizzi.
El presidente del tribunal de la Sala Segunda de la Cámara
Penal, Ernesto Kerman, le tuvo excesiva paciencia a Fernández Gizzi. Le advirtió
en reiteradas oportunidades sobre la conducta que debía mantener ante el
tribunal. Así y todo, el hombre se mostró iracundo y permanentemente confrontó
a los jueces.
El momento más tenso fue cuando le dijo, amenazante, al
Presidente del tribunal que le podía pegar tres tiros. Usó la metáfora con la
supuesta intención de demostrar que él ni si hijo mataron a cuchillazos al
abogado Sirera, porque dice que, como conoce de armas, si lo hubiera querido
matar lo habría hecho a balazos.
En ese intento de defenderse, por momento Fernández Gizzi
dio datos que sabía sobre la vida del abogado Sirera que dieron la sensación de
complicarlo aún más en el crimen. Es que dijo que sabía dónde Sirera estaba su
auto, sobre calle General Acha, a las 7 de la mañana; que conocía la zona donde
vivía el abogado a la perfección; que había viajado con Sirera varias veces a
Valle Fértil: "Si lo hubiera querido matar le habría pegado un tiro en el campo”,
aseguró.
Otro de los momentos más tensos del relato fue después del
cuarto intermedio que ordenó el juez Kerman para tratar de que Fernández Gizzi
se tranquilizara.
Pero el imputado volvió recargado: "Estuve hablando con mi
hijo y él se echó la culpa del crimen por salvarme a mí. El "Chino” Víctor,
condenado por el crimen ese de que tiró a un tipo a un contenedor de basura, le
dijo que así le ponían una condena y una fecha para salir libre… y así ustedes
(por los jueces) se dan el gusto…”.
El juez Kerman no soportó el cuento y lo interrumpió,
diciéndole que eso no tenía nada que ver con el juicio. Y se preguntó el juez
cómo era posible que haya charlado con su hijo en los calabozos si no debían
hablar entre ellos.
Ahí fue cuando el policía de la división Alcaidía que
custodiaba a Fernández Gizzi lo dejó en ridículo al imputado: "Es imposible Señor:
uno está en el calabozo 1 y el otro en el 3. No tuvieron contacto físico”. Así,
quedó en evidencia la mentira de Fernández Gizzi.
Luego, al momento de reconocer sus firmas en el acta de
detención en el expediente, a fojas 15, y de otra acta a fojas 20, el abogado
Adrián Riveros tuvo que pedirle a Fernández Gizzi que "limítese a reconocer las
firmas y no diga nada más”. Es porque el defensor sabía que el tribunal estaba
a punto de desalojarlo del juicio.
Fernández Gizzi no reconoció sus firmas. Pero no sabía que
antes su hijo había dicho en su declaración que había hecho todas las firmas
distintas, con la clara intención de ensuciar la causa.
El otro dato que dio su hijo para describir la temible
personalidad de su padre fue cuando se pegó un tiro en su casa para echarle la
culpa a la Policía.
Fue después de que habían detenido a su otro hijo, Federico
Fernández Santa Lucía, quien cayó preso por trata de personas (intentó vender a
su cuñada menor a la prostitución) y en esa investigación descubrieron que
había abusado sexualmente de su hijito (por eso fue condenado a 14 años de
prisión).
Fernández Gizzi había dicho públicamente que el Servicio
Penitenciario Provincial le había baleado por denunciar agresiones de ese
personal hacia su hijo preso en el Penal.
Ahora el mismo hijo, Sergio Daniel Fernández Santa Lucía,
dijo que esa agresión fue un invento de su padre, Fernández Gizzi.
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