José María Cappes tenía 19 años, había estudiado para ser un
mecánico profesional y era el más divertido de sus siete hermanos. El 9 de
julio de 2011 un homicida al volante lo atropelló desde atrás y se fugó,
haciendo que se reventara la cabeza contra el grueso tronco de un sauce llorón
ubicado a la vera de la calle General Acha, en Rawson. Pero se podría decir que
esa fue su primera muerte. Es que este sábado 9 de julio de 2016, al cumplirse
los 5 años del fatal episodio, el caso prescribió y oficialmente ya nunca más
la Justicia investigará quién fue el conductor homicida.
Que una causa prescriba significa que legalmente se ha
perdido el interés oficial en investigar ese delito. Y se archiva para siempre,
por más que de ahora en adelante apareciera un testigo o algún elemento
de prueba, ya no se podrá hacer nada.
Una investigación judicial prescribe cuando se cumple el
máximo de la pena prevista sin que se hayan tomado medidas.
Como el artículo 84 dice que el máximo de un homicidio
culposo es de 5 años de prisión, la causa por la muerte del pibe mecánico
prescribió este sábado del Bicentenario de la Independencia Argentina.
¿Los responsables de la prescripción? Todos: los vecinos del
lugar, donde resulta imposible que nadie haya visto algo que ayuda a esclarecer
el hecho; los testigos que dicen haber visto un auto blanco, pero que no
aportaron más precisiones por temor o falta de compromiso; la incapacidad de la
Policía y de la Justicia ordinaria para investigar por su cuenta.
Lo único que podría haber evitado o estirado un tiempo más
la prescripción es la aparición de algún sospechoso, es decir, de alguna
persona que hubieran podido llevar a una declaración indagatoria. Eso habría
hecho que la prescripción empiece a contarse a partir de ese momento.
Pero el caso de Cappes nunca tuvo, ni siquiera, un
sospechoso.
La Policía inició el sumario el mismo 9 de julio de 2011 en
que se produjo el choque fatal. Cabe recordar que no fue un accidente menor:
Cappes caminaba por calle General Acha hacia el Sur. Lo hacía junto a tres
amigos. Habían salido de un cumpleaños sobre la calle Tamberías, en la Villa
Santo Domingo, en Rawson. El auto atropelló a los cuatro desde atrás. A Cappes
lo estrelló contra un árbol y murió en el lugar; una chica quedó tirada sobre
un puente y otros dos chicos cayeron adentro de un canal (ver nota vinculada
con el relato de la madre).
La causa ingresó al Primer Juzgado Correccional un mes
después, el 9 de agosto de 2011. En ese momento el juez era Enrique de la Torrea,
ahora jubilado.
Se tomaron alrededor de 12 testimonios, sin contar los
informes periciales que se realizaron.
El último movimiento judicial fue ordenado en diciembre de
2012, cuando un testigo identificó a un Fiat Uno. El auto fue secuestrado y sometido
a peritaje. En el medio cayó la feria judicial de enero. Recién en marzo de
2013 el informe del perito llegó a manos del juez De la Torre. Resultado:
negativo. El auto secuestrado no registraba ningún impacto compatible con la
del choque a una persona. Y tenía entera y no había sido cambiada la óptica
delantera derecha, que fue el lado con el que el vehículo que atropelló y mató
a Cappes produjo el impacto, ya que lo chocó desde atrás porque iba en la misma
dirección.
Ese parece ser el dato clave: al haber sido chocados desde
atrás, y como eran las seis de la mañana y pleno invierno, nadie nunca pudo
identificar con precisión al vehículo y a su conductor o conductora, quien
ahora quedará impune para siempre.
La madre caminó los últimos pasos de José María
"Si le viera la cara al asesino de mi hijo no sé cómo
reaccionaría. Por eso siempre digo que ya no sé si quisiera saber quién fue”,
comentó Violeta Robledo, la madre de José María Cappes.
Violeta Robledo recorrió junto a Canal 13 San Juan los
últimos pasos que hizo su hijo el día del choque fatal: "Trato de no venir a
este lugar”, comentó en cuanto llegó.
Luego mostró la casa de rejas rojas a la que su hijo había
ido a festejar el cumpleaños de 18 de uno de sus mejores amigos. "Caminó por
esta calle –Tamberías-. Al llegar a General Acha dobló hacia el Sur para
dirigirse a mi casa, que está pasando Calle 5. En ese momento no estaba esta
banquina porque había hecho monda de canales y él caminaba por el asfalto,
igual que los otros tres chicos que lo acompañaban. Acá lo chocan y su cabeza
pegó contra un éste árbol –un sauce llorón-. Él tenía incrustada la corteza en
su frente. Los dos amigos varones cayeron al canal. Y la única chica que iba
con ellos quedó tirada sobre el puente”, relató la Violeta Robledo, cinco años
después, en el mismísimo lugar que atropellaron de atrás y mataron a su hijo.