El chico de 11 años que le robó la pistola a un agente de policía
Vivía en la calle, y fuentes policiales dicen que es adicto al paco. Le robó el arma a un agente con un increíble ardid, según la versión policial. Por Guido Berrini.
Según el policía, se encontraba haciendo adicionales en un barrio del IPV, cuidando que una vivienda no fuera usurpada. Tuvo que ir al baño, por lo que dejó sus efectos personales sobre la mesa, pistola incluida.
En ese momento, el chiquilín, ¿intuyendo quizás? que el uniformado iba al sanitario comenzó a tirar piedras sobre el techo de la casa. Según Herrera, temeroso de la integridad de su auto, salió a la vereda para advertir, con sorpresa, que todo estaba tranquilo.
Al volver al interior de la vivienda descubrió que había sido robado. Una riñonera con 30 pesos, algunos efectos personales y su arma reglamentaria, que había dejado sobre una mesa.
Luego, lo de rigor. Vecinos que vieron corriendo a un chico, “soplones” que pasaron el dato de un pibe que ofrecía un arma por droga o dinero, persecución y captura.
La historia suena, por lo menos, un poco increíble. Por la ingenuidad e impericia del agente, por el MO del niño, por el resultado en general. Cuesta creerla, pero es la única versión, la de Herrera.
En la policía afirman que el pequeño tiene un frondoso prontuario, que roba desde los 9. Que vivía en la calle, que estaba a cuidado del padre, que ahora se lo entregaron a la madre. Padre y madre separados y desentendidos de su historia.
La foto lo muestra esmirriado, sus piernas y brazos finitos, ropa que le queda un poco grande.
Dicen que es adicto al paco, que ya lo saben. Lo que no saben, cosa notable, es quién se lo vende. De saberlo, seguramente realizarían el arresto del dealer y sus abastecedores que han de ser, todo lo indica, menos amenaza para la sociedad que este peligroso delincuente de 11 años que robaba hace dos años y nadie localizó para asistir.
Ahora podría venir una parrafada de mala literatura sensiblera, una andanada de golpes en el pecho… que la ausencia del Estado; que la criminalización de los menores; que la marginalidad; que la historia trágica que debe repetir este pibe de padres, hermanos, abuelos; que no es victimario sino víctima…todas cuestiones tan obvias y ciertas que no merecen ser mencionadas.
Mañana él será olvidado y su lugar lo ocupará otro, años más, años menos.