Tal como en una novela policial, pero en la vida real. Escenas del crimen casi idénticas y un nombre en común: Claudio Gil. Tal vez Carlos Echegaray, el chef de 48 años, y Jorge Luís Espínola, de 85, ni se conocían, pero tuvieron muertes iguales de espantosas.
El pasado 9 de enero la policía encontró el cuerpo de Carlos Echegaray, el conocido chef sanjuanino, muerto en su habitación de su casa en Capital. Las investigaciones policiales y la autopsia develaron que Echegaray estaba muerto desde el día 6 de enero y por eso su estado de descomposición era muy avanzado. Dos meses después, el 6 de marzo, asesinaron a Jorge Luis Espínola, un jubilado de 85 años, en su casa de Rivadavia, también en su habitación.
Los dos sujetos vivían solos. Carlos Echegaray vivía en una casa grande sobre la calle Estados Unidos en una zona céntrica de Capital. Espínola alquilaba un mono ambiente en el interior del Barrio Camus. Ambas viviendas se ubican en zonas residenciales de la provincia y tienen vecinos rodeando sus casas. En ninguno de los dos casos los vecinos escucharon nada.
Echegaray murió apuñalado, según confirmaron las pericias. Los 8 puntazos fueron propiciados por la espalda, a la altura de la nuca. Jorge Luis Espínola fue encontrado con 3 puñaladas en el lado derecho del frente del cuello, según confirmaron fuentes de la investigación.
Las dos víctimas estaban tiradas en sus camas al momento de ser encontrados sus cadáveres y todo indicaría que fueron asesinados en esos mismos lugares.
En cuanto al perfil social, y a pesar de la diferencia de edad entre las víctimas, ambos conservaban una imagen que no escapaba de lo “normal”. Las versiones sobre adicción y promiscuidad de la vida del chef fueron conocidas recién después de muerto. Antes se lo conocía como un destacado cocinero y docente. Mientras que el anciano era un nombre normal, viudo, con hijos, nietos y hasta con una alta participación en la Iglesia Católica. Algunos vecinos indican haberlo visto pasar con la biblia en sus manos por las calles del barrio Camus.
Las cerraduras de las dos viviendas no estaban forzadas y todo indica que el autor del crimen entró “por las buenas” en ambos casos. Así también coincide que en ninguno de los casos faltaba ningún objeto de valor ni dinero en las escenas del crimen.
Uno de los puntos más llamativos que coincide en los dos crímenes es el hallazgo de los teléfonos celulares de ambas víctimas en manos de Gil. En el caso del chip del chef, fue encontrado en un allanamiento el 12 de marzo en la casa de un menor que sería cuñado del hijo de Gil. Ese mismo día se encontró en el domicilio de Claudio Gil el teléfono celular del anciano.





