“Le quise ganar las armas, la droga y una hija a La Yaqui”. La frase es textual y la dijo Miguel Ángel El Taza Albornoz en la oficina de la División Búsqueda de Prófugos, en la Dirección de Investigaciones de la Policía de Mendoza, el día que fue recapturado. Así hizo pública su enemistad con la presunta capo narco mendocina Sandra Yaquelina Vargas Méndez (36), quien fue noticia mundial hace 10 días cuando trascendió oficialmente que mandó a matar a periodistas mendocinos de el diario El Sol.
El Taza Albornoz y La Yaqui Vargas pertenecerían a bandas narcos que se disputarían la zona oeste de Godoy Cruz, principalmente en el lugar llamado Campo Papa, donde la mendocina es conocida como la líder de una banda –generalmente de menores- llamada los “Angelitos de la Yaqui”. El sanjuanino, según la policía, integraba la banda de los Páez y Gentile, antagónica a La Yaqui.
La confesión del Taza fue a las pocas horas de ser atrapado por los policías de la provincia vecina, el sábado 25 de enero último, cuando entraba a la Villa Urundel por un zanjón. Era intensamente buscado tras su polémica liberación de la cárcel mendocina.
Justo el día anterior, el sábado 23 de enero, en el Hospital Lagomaggiore había muerto Cristian Mauricio Gélvez Gatto (40), la pareja de La Yaqui. Ambos tuvieron dos hijos: un varón y una mujer que hoy es adolescente y que habría sido el blanco de Albornoz.
Tras la muerte de su padre, esa chica escribió un mensaje de venganza contra la banda enemiga en la red social Facebook: “Por qué les diste el gusto papi. Te lo juro, papito, me la van a pagar uno x uno, no va a quedar nadie vivo. Yo, papi, yo voy a vengar tu muerte, los voy a buscar por cielo y tierra a esos putos. Yo los voy a matar como a ratas", según publicó el diario El Sol.
Según la Policía de Mendoza, el sanjuanino y Gélvez habían mantenido un enfrentamiento armado hace algunos meses y fue allí Albornoz fue alcanzado por una ráfaga de balas de una ametralladora que le provocaron la renguera. Ahí es donde se supone que el Taza habría intentado secuestrar la hija de Gélvez y La Yaqui.
Pero, además, según precisaron en la División Búsqueda de Prófugos de Mendoza, a cargo del principal Miguel Salinas, el sanjuanino también habría participado del tiroteo del domingo 19 de enero último, en el que le pegaron tres balazos a Gélvez: en el brazo izquierdo, en el abdomen y en el tórax, por lo que agonizó en terapia intensiva y luego murió.
“Lo nombran –los otros detenidos- como que estuvo –en referencia a Albornoz-“, confirmó una alta fuente de esa división policial mendocina.
Pero además de la presunta disputa por la venta de droga y en Campo Papa, el Taza y el fallecido Gélvez tenían otro lugar en común: la cárcel mendocina. Es que ambos compartieron prisión en el Complejo Penitenciario Boulogne Sur Mer, la centenaria cárcel de la capital mendocina.
Gélvez gozaba de salidas transitorias cuando protagonizó el enfrentamiento armado contra la banda de los Páez y Gentile en el que habría estado Albornoz. Y Albornoz fue noticia nacional el 18 de diciembre del 2012, cuando fue liberado por “error” de esa cárcel: había sido pedido a San Juan –donde tiene condena hasta el 2018- por un juez mendocino, pero el delito contra la propiedad que le achacaban había prescripto. Ese juez ordenó darle la libertad por esa causa y en la cárcel mendocina “interpretaron” que debían liberarlo, en lugar de regresarlo a San Juan.
Así fue como Albornoz estuvo más de un año “liberado por error” en las calles mendocinas. Hasta que fue recapturado los últimos días de enero último, después de varios allanamientos frustrados en Campo Papa, en Godoy Cruz, uno de sus lugares de residencia.
Dicen en la Policía de Mendoza que el día que cayó, y cuando se enteró que había muerto Gélvez, el Taza Albornoz demostró sentir bronca: “Dijo que ahora le iban a sacar ventaja “, confió un oficial de policía mendocino, en relación a que ahora él estaba preso, su enemigo muerto y las calles quedaban liberadas para otros.





