Nadie hubiese imaginado que en el seno de una familia que practicaba la religión mormona se podía dar un hecho tan aberrante como es el abuso sexual de una menor. La pequeña tenía 11 años cuando comenzó a sufrir situaciones de tocamiento por parte de su padrastro, Marcelo Rojas. La nena es hija de, Mabel Páez, amante de Rojas, quien habría presenciado y permitido todo lo que ocurría en la casa del barrio La Estación. Dicen que de la iglesia los expulsaron cuando se enteraron del terrible delito.
En esa casa convivían Rojas junto a su mujer, Elena González, y su amante, Mabel Páez. Con ellos tres vivían los 10 hijos del matrimonio de Rojas con González, los tres pequeños que tuvo con su amante y tres hijos más que ésta última tuvo con su marido anterior. Eran en total 19 personas viviendo en condiciones deplorables. Cuando se dio a conocer el caso, en agosto de 2012, el juez que instruyó la causa, Pablo Flores, declaró ante la prensa el estado de hacinamiento del lugar. "Vivían en la desidia total, pero a niveles que no se pueden imaginar, es una casa entregada por el IPV pero por ejemplo en el baño no tenían inodoro, había un balde de pintura con un embudo", explicó Flores. Los tres procesados, ahora detenidos en el Penal de Chimbas y Alcaidía de Mujeres, llegan a juicio este 24 de noviembre por abuso sexual y corrupción de menores.
LA DENUNCIA
Marta Ceballos es la madre de Rojas, principal acusado, y fue quien radicó la denuncia el pasado 24 de agosto de 2012. Según consta en los expedientes de la causa, la mujer se sorprendió un día al llegar a visitar a su hijo y descubrir que en el baño se duchaban juntos el hombre, su amante y una de las hijas de 11 años de la mujer.
Fue entonces cuando Ceballos le preguntó a Páez qué era lo que estaban haciendo, a lo que la mujer, muy despreocupada, le respondió que nada más estaban bañándose, asumiendo el hecho como si se tratara de algo completamente normal.
Pero esta no sería la única escena extraña que la madre del presunto abusador tendría que observar ya que al tiempo volvió a la vivienda y encontró a Rojas durmiendo con su hijastra, desnudo, en la misma cama. Según declaró la mujer, cuando dio su testimonio, al preguntarle a la madre de la menor, una vez más, qué era lo que pasaba ésta le dijo "es que es el único que sabe cómo bajarle la fiebre”. Esta fue la gota que colmó el vaso e hizo que Ceballos radicara la denuncia implicando a su propio hijo y a sus dos ‘nueras’.
Peor fue la sorpresa de los trabajadores sociales al llegar al lugar y descubrir que en esa pequeña vivienda habitaban 19 personas y la relación que mantenían los adultos del hogar.
LA INVESTIGACIÓN
Luego de la denuncia de la abuela y tras varias pericias a la menor y a sus hermanitos, los investigadores descubrieron que Rojas abusaba sólo de una de ellas, pero mantenían relaciones sexuales delante del resto de los pequeños. Así lo habría manifestado uno de los niños más grandes, de 15 años, a su abuela cuando esta lo asiló en su casa debido a la situación del hogar de Rojas.
Ahora tanto Marcelo Rojas como su esposa y su amante se encuentran procesados por diferentes delitos. Él por abusar sexualmente de la menor y ellas por permitirlo.
A Rojas se le imputa el delito de abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por causar un daño a la salud mental de la víctima y por la calidad del autor y corrupción de menores agravada. Al exmormón podrían darle entre 8 y 35 años de prisión.
A su amante y a su mujer les cabe el delito de corrupción de menores por lo que podrían darles entre 10 a 15 años de prisión a cada una.
LA IGLESIA DE JESUCRISTO
Un dato que llamó la atención a la policía fue que todos los menores que vivían bajo la tutela de estas tres personas tenían nombre bíblicos, por lo que le preguntaron a una de las mujeres al respecto. González respondió que todos en la familia eran devotos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, un templo donde se practica la religión mormona.
La mujer también afirmó que desde que en el lugar se enteraron de que vivían los tres juntos con todos los niños fueron corridos de la iglesia. Y según la mujer, les habrían dicho que para seguir formando parte de la congregación debían solucionar su situación marital.