“Siempre nos quedamos con la angustia de saber qué pasó, quién lo mató, por qué lo hicieron. Nunca tuvimos una respuesta”. La frase es de Hugo Rodríguez, primo de Carlos Algañaraz, un hombre de 59 años que vivía en la pobreza y que el 25 de marzo de 2008 apareció degollado en el fondo de su casa en la Villa del Carril, en Capital.
“Siempre nos quedamos con la angustia de saber qué pasó, quién lo mató, por qué lo hicieron. Nunca tuvimos una respuesta”. La frase es de Hugo Rodríguez, primo de Carlos Algañaraz, un hombre de 59 años que vivía en la pobreza y que el 25 de marzo de 2008 apareció degollado en el fondo de su casa en la Villa del Carril, en Capital.
Algañaraz había quedado solo en la vida. No tenía mujer ni hijos y sus padres habían fallecido. Se había sabido ganar la vida como árbitro de fútbol en las liguillas barriales, arreglaba fútbol y hasta fue vendedor de jugos en un carrito callejero en plena Ciudad.
Siempre vivió en la pobreza pero nunca tuvo problemas con nadie. Era una persona querida por sus vecinos y por su entorno familiar, a quien solía visitar a diario para ir a compartir una comida o, simplemente, para saber cómo se encontraban.
Por eso fue grande la sorpresa cuando un vecino vio la puerta de la casa abierta y, como hacía un par de días que no lo veían salir, lo fueron a buscar y lo encontraron semidesnudo y masacrado en el fondo de la vivienda ubicada sobre la calle Laspiur.
Su cuello estaba cortado y el corte se lo habían hecho por la espalda, a traición.
El caso aún tiene final abierto en el Cuarto Juzgado de Instrucción. Allí empezó a investigarse el homicidio y se detuvo a los pocos conocidos que tenía Algañaraz. Pero al poco tiempo debieron liberarlos por falta de pruebas. Desde entonces la causa no tuvo movimiento y el crimen quedó sin un autor.