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Personajes sanjuaninos

Llegó desde El Encón con el folclore en la sangre y hoy enseña a grandes y niños a disfrutar de la danza desde otra mirada

Karen Galarza salió de El Encón con 18 años, con intenciones de formarse en Educación Especial, pero el folclore le tenía otro destino preparado. Su relación con la danza, la herencia familiar y los sueños pendientes por cumplir.

Era el año 2013 cuando con sus pequeños 18 años Karen Galarza dejó su casa de toda la vida en su querido Encón para llegar a la Ciudad de San Juan. El objetivo era formarse en el profesorado de Educación Especial, pero el destino, de la mano del folclore, le tenía preparada otra realidad, donde iba a reinar el movimiento, la danza y las raíces argentinas.

Hoy, con 30 años, es profesora de danzas folclóricas argentinas a niños y adultos mayores. En medio, hizo un camino marcado por el baile. “Mis primero pasos fueron en mi pueblo, en una academia que se llamaba “Atahualpa Yupanqui” Ahí fueron mis primeros pasos. Luego llegué a la ciudad, estudié solo un tiempo y luego me atrapó la danza de vuelta, siguiendo mi carrera en Esencia Nativa y luego en la Escuela San Antonio. Ahí me recibí de profesora”, comenta.

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Karen es reservada, habla bajo y podría decirse que suele ser algo tímida en algunos espacios, pero cuando se sube a escena o simplemente cuando suena una chacarera o un gato, se transforma. Se vuelve enorme, su contextura física cambia y su cuerpo habla a gritos, dialogando con una danza que viene construyendo desde hace tiempo.

Reconoce que lo que más le gusta del folclore es su versalitidad y adaptabilidad, algo que pudo descubrir al contar con una doble formación, la que le dio su pueblo y la que le brindó la ciudad. Al respecto, comenta: “Creo que cuando tomé clases en la Ciudad las cosas se pusieron un poco más profesionales y empecé a tomar la danza desde otra mirada. Busqué mejorar como bailarina, aprender nuevas técnicas y disciplinas como el tango y la danza contemporánea, disciplinas que en mi pueblo aun no llegaban cuando me vine”.

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Y agrega: “Pero lo lindo de mi pueblo siempre fue la compañía, ya que empecé a tomar clases junto a mis hermanos, siempre con mi mamá y abuela en primera fila, eso es algo que valoro mucho y que es un recuerdo muy bonito”.

Karen tiene cinco hermanos. Algunos la acompañaron en el pasado, otros comparten su pasión por la danza en la actualidad.

De la mano del folclore, la joven veinticiqueña formó parte de varios grupos y participó en diversos espectáculos. También supo compartir sus conocimientos y saberes. “Más que un trabajo, lo considero un disfrute. Trato de dar lo mejor de mí para enseñar. Ver la cara de felicidad de la gente que lo aprende y que nunca falta es un abrazo al final de una danza”, reflexiona.

Además de su estrecha relación con el baile, Karen tiene un emprendimiento de accesorios que inició en la pandemia llamado Karlina. El mismo es en honor a su abuela, quien falleció el año pasado y fue una de las principales acompañantes de la joven en su incursión en el mundo de la danza. Con su emprendimiento la pueden encontrar en distintas ferias, como la que se instala en la Plaza de Santa Lucía los domingos.

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“Mi abuela no solo está en mi emprendimiento y presente cada día. También me enseñó a coser y es un oficio al que me dedico, confeccionando trajes de danza”, comenta.

Asegura que no descarta volver a la formación en Educación Especial. Incluso sostiene que es una materia pendiente, pero hoy por hoy la danza es aquello que le provoca el brillo en los ojos, que la plantan ante una realidad rodeada de afectos que admiran verla bailar y ser genuina y auténtica en cada movimiento.

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“Trato de disfrutar la danza, de tomar todas las oportunidades que se me brindan y de ser feliz. Estoy contenta con lo que hago”, asegura con la sonrisa dibujándole el rostro.

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