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Personaje Sanjuanino

A los 70 años se levanta a las 4 de la mañana para amasar y no piensa parar: la historia de José, el semitero de una famosa esquina de Chimbas

José Rodríguez está jubilado desde hace seis años, pero no sabe quedarse quieto. Todos los días se levanta de madrugada para preparar semitas caseras en un horno de barro y luego venderlas en la esquina de Benavidez y Tucumán. “Trabajo porque me gusta trabajar”, dice con humildad.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Todavía no amanece y en la casa de José Rodríguez, en pleno corazón de Concepción, ya hay movimiento. Son las cuatro de la madrugada y mientras muchos siguen durmiendo, él y su esposa Irma ya están con las manos en la masa. Literal. A sus 70 años, este vecino de Capital empieza el día preparando semitas caseras que, unas horas después, terminarán en manos de clientes fieles que pasan por su puesto en la esquina de Benavides y Tucumán, para el lado de Chimbas.

José se jubiló hace seis años. Durante buena parte de su vida trabajó como portero en una escuela pública, aunque antes también fue obrero y albañil. El retiro, sin embargo, nunca fue sinónimo de descanso total. “Yo desde chiquitito ando trabajando. Dicen que a mí me mandan a trabajar… y a mí nadie me manda. Yo trabajo porque a mí me gusta trabajar”, cuenta con naturalidad, como si esa frase resumiera su forma de vivir.

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La historia de las semitas también es una herencia familiar. La receta que hoy preparan con Irma viene de su mamá. “Mi mamá hacía semitas y nosotros seguimos con eso. Empezamos con cinco kilos y ahora hacemos más kilos de harina, grasa, levadura y chicharrón”, explica.

El proceso lleva tiempo y paciencia. Primero hay que preparar la masa y moler el chicharrón, una tarea que puede llevar hasta tres horas. Después llega el turno del horno, otro detalle que mantiene viva la tradición. “Horno de barro, como se hacía antes”, dice José, orgulloso.

Con las semitas listas, arranca la segunda parte del día. Cerca de las 8.30 ya está instalado en su puesto de la esquina, donde se queda hasta alrededor de las 13 y luego, vuelve por la tarde. En una mañana puede vender unas 35 semitas. El trabajo no es sencillo. En verano, el calor del horno se siente fuerte; en invierno, el frío tampoco perdona. Pero José no se queja. “Es sacrificado. Hay que estar en el horno y después salir a vender con frío o calor… pero así es el trabajo”, explica.

La pregunta es inevitable, ¿todavía hay fuerzas para levantarse todos los días a las cuatro de la mañana? José no duda: “Sí, todavía hay fuerza. Estoy sano, no tengo nada”.

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Para él, mantenerse activo es clave. Incluso deja un consejo para otros adultos mayores que sienten que ya no tienen la misma energía.“Hay que seguir adelante. Hay que trabajar. Si uno no trabaja, el cuerpo se queda… y ahí aparecen las enfermedades”. Aunque esté jubilado, José no se imagina pasando sus días dentro de la casa. De hecho, lo dice sin vueltas. “En mi casa no quiero estar. Me gusta venir acá”, expresa.

Así, entre madrugadas, masa y horno caliente, José Rodríguez sigue escribiendo su rutina diaria en una esquina de Chimbas. Y mientras reparte semitas recién hechas, también comparte algo más simple, pero igual de valioso: las ganas de seguir adelante.

Embed - José Rodróguez, el semitero de 70 que ama trabajar

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