Anteojos: en San Juan no son tendencia, son identidad
Hay accesorios que acompañan un look. Y hay otros que lo definen. Los anteojos pertenecen a ese segundo grupo. Leé la columna completa de Raffa Andrada en otro miércoels con "M" de moda en Tiempo de San Juan.
En una provincia luminosa como San Juan, donde el sol no entiende de estaciones y el reflejo en el pavimento puede ser tan intenso como el de pleno verano en enero, los lentes dejaron de ser un complemento estacional para convertirse en parte de nuestra rutina diaria. En San Juan, los anteojos no se guardan en invierno. Se integran al bolso, al auto, a la vida.
Y ahí empieza lo interesante: cuando algo se vuelve cotidiano, también se vuelve parte de nuestra identidad. Y ahí empieza lo interesante: cuando algo se vuelve cotidiano, también se vuelve parte de nuestra identidad.
Este año conviven dos universos muy claros en tendencias. Por un lado, los marcos protagonistas: grandes, con presencia, con esa reminiscencia setentosa elegante que no pide permiso. Por otro, la línea minimalista: estructuras finas, metálicas o en acetatos livianos, más discretas pero igualmente sofisticadas. También aparecen las transparencias en tonos miel, nude o ámbar, que funcionan maravillosamente con nuestra luz tan particular, y, por supuesto, el negro clásico, ese aliado eterno que nunca falla.
Pero más allá de lo que se use, hay algo que siempre repito cuando asesoro: el mejor marco no es el que está de moda, es el que conversa con tu rostro y con tu personalidad.
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Un rostro de líneas suaves o redondeadas suele agradecer estructuras un poco más rectas o angulosas que aporten definición. Un rostro más cuadrado, en cambio, se equilibra con curvas que suavicen. Si el rostro es alargado, los marcos más altos o con mayor profundidad ayudan a compensar visualmente. Los rostros tipo corazón encuentran armonía en diseños que no carguen demasiado la parte superior. Y el rostro ovalado, ese bendecido equilibrio natural, tiene más libertad, aunque siempre con criterio.
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Ahora bien, la forma es solo una parte de la historia. El tamaño de las facciones, la intensidad de la mirada, la energía que transmite una mujer cuando entra a un lugar… todo eso también influye. Porque un anteojo no solo enmarca los ojos: enmarca carácter.
En San Juan, además, el clima juega su propio partido. El Zonda, la sequedad del ambiente, la luminosidad permanente… hacen que los lentes no sean solo una decisión estética sino también funcional. Protegen, descansan la mirada, nos permiten movernos con mayor comodidad. Por eso, invertir en un buen par no es un gasto impulsivo; es una decisión inteligente.
Y acá aparece algo que me encanta: cuando el accesorio deja de ser accesorio y pasa a ser herramienta de estilo.Un look simple, jean, camisa blanca, pelo recogido, puede transformarse completamente con el marco adecuado. Puede volverse más sofisticado, más audaz o más relajado dependiendo de esa elección.
He visto mujeres cambiar su actitud solo con apoyarse los lentes en el rostro. La postura se endereza, la mirada se afirma, la seguridad aparece. Y eso no tiene que ver con la moda, tiene que ver con cómo nos sentimos.
Tal vez por eso me gusta pensar que en nuestra provincia los anteojos son como el buen perfume: no siempre son el centro de atención, pero cambian por completo la percepción de quien los lleva.
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Elegir un marco es elegir qué versión de nosotras queremos proyectar. La clásica, la audaz, la minimalista, la romántica. Todas conviven. Todas son válidas. Lo importante es que el diseño acompañe y no disfrace.
Porque en una tierra donde la luz es protagonista, el estilo también necesita protección. Y si vamos a protegernos, hagámoslo con intención, con criterio y con identidad.
Al final del día, los anteojos no son tendencia en San Juan. Son parte de quiénes somos.