"Petting” es una palabra que surge del inglés "to pet”, que
significa tocar, besar, acariciar. Es un ejercicio de placer que cada vez tiene
más adeptos, ya que se trata de una práctica sexual que se desarrolla en
sesiones largas y calientes que incluyen roces con todas las partes del cuerpo.
Todo está permitido a excepción de la penetración.
Esta semana, monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata,
señaló que el petting "banaliza la unión entre el hombre y la mujer”. Como si
se tratara de algo superficial, de poco rango. "Quiero decir que la cultura
fornicaria que se va extendiendo sin escrúpulo alguno es un signo de
deshumanización. No es propia de mujeres y varones, según su condición
personal. Algo de no humano, de animaloide, aparecería en esa conducta”, opinó
Aguer en una columna publicada en el diario El Día de La Plata, en la que además
cuestionó "los casos de fornicación que se dan en el mundo de la farándula” y
también criticó la entrega de 450.000 preservativos destinados a la Villa
Olímpica.
Según los especialistas consultados por Clarín, el petting
no es para nada nocivo, más bien todo lo contrario. Es de los ejercicios más
usados por, entre otros, aquellos que todavía no se animan al debut sexual,
aquellos que quieren evitar el embarazo y, también, aquellos que pretenden
encontrar nuevas sensaciones. "La postura de Aguer niega la autonomía, la
diversidad, la posibilidad de las personas de elegir libremente su propio mapa
de placer. Es un planteo dogmático, que intenta establecer qué está bien y qué
está mal a la hora de las relaciones íntimas. El petting es una variante más
del erotismo, sin dudas. Lo practican los jóvenes, los adultos y, también, la
gente de la tercera edad”, puntualiza Adrián Helien, psiquiatra y presidente
del Capítulo de Sexología y Diversidad Sexual de APSA.
"Las palabras generan realidad. Por eso siempre hay que ser
responsable con lo que se dice. Al sostener desde un punto de vista religioso
que el petting es una actividad ‘contranatura’, Monseñor Aguer puede generar
culpa. Y eso, en algunos casos, provoca disfunciones”, completa Helien, que
también se desempeña como sexólogo en el hospital Durand.
Patricio Gómez Di Leva, psicólogo, sexólogo y autor del
libro Sexualidad inteligente, sostiene que las declaraciones de Aguer son "un
compendio de discriminación, prejuicios y el mejor ejemplo de que nuestra
sociedad carga con una fuerte herencia de machismo y patriarcado. Habla de
‘vicio’, ‘antinaturalidad’ y ‘fornicación anti natura’. Seguir pensando al
hombre o a la mujer como seres naturales, dejando de lado el valor y la
importancia de la cultura, es un reduccionismo que, lejos de ser inocente,
refleja una clara intencionalidad discriminatoria”.
En ese sentido, Di Leva agrega: "Las declaraciones de Aguer
no hacen más que demostrar la necesidad de una educación sexual integral que
permita cuestionar viejos prejuicios, y defendernos de estos ataques, que no
dejan de ser violaciones, en el más estricto sentido de la palabra, de los
derechos humanos más elementales. La buena noticia es que la mayor parte de la
sociedad es consciente de lo aberrantes y anacrónicas que resultan estas
declaraciones. El mensaje de Aguer pone en evidencia un sistema de creencias y
valores que atentan contra la libertad y la felicidad sexual”.
Por su parte, Any Krieger, psicóloga y autora del libro Sexo
a la carta, reflexiona a favor del petting en todas sus expresiones. Y va más
lejos a la hora de definir lo que también se conoce como ‘la previa’. "Muchas
veces, el tiempo de los besos y las caricias previo al coito puede ser más
largo y hasta más romántico que el de la penetración, que vendría a ser la
segunda etapa del encuentro amoroso, el momento culminante”.