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ESTELA DE CARLOTTO Y MARÍA EUGENIA LUDUEÑA

“A los desaparecidos hay que mostrarlos como eran”

La titular de Abuelas dice que el libro sobre la vida y la militancia de su hija “muestra a una Laura de carne y hueso”. La autora y su tarea de escribir sobre una generación diezmada.

Por Redacción Tiempo de San Juan

POR TALI GOLDMAN 

Cuando se apaga el grabador, Estela de Carlotto y María Eugenia Ludueña se ponen a charlar. “Necesito que me des diez ejemplares”, le pide la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo a la autora de Laura, vida y militancia de Laura Carlotto, el libro que acaba de ser publicado y que no sólo cuenta la historia de la hija de Estela, desaparecida durante la dictadura y madre de Guido, el nieto que buscan desde entonces, sino que trata de reflejar una historia colectiva. Ludueña, no la tutea: “Yo le quería decir que me llamó un sobrino suyo para decirme si podemos hacer otra presentación del libro”. Estela, encantada, se despide de la autora: “Ya sabés, para lo que necesites, en serio, llamame, las veces que sea necesario”. Estela está apurada y con muchas actividades. No es para menos, el martes 22 de octubre se festejaron los treinta y seis años de la institución que comanda y que se convirtió en ejemplo y emblema de los derechos humanos.

–¿Por qué un libro sobre Laura?

María Eugenia Ludueña: –La idea empezó cuando yo hice una nota sobre la restitución del nieto número cien. Cuando le pregunté a Estela si guardaba algo para su nieto, algún objeto en especial, me dijo que había recorrido el mundo buscando a Guido y que había recogido cualquier cosa que fuera un recuerdo para mostrarle a él todos los lugares por donde había andado buscándolo. Había juntado tantas cosas que tenía la casa llena y que tenía que pensar qué hacer con ellas. Además me dijo que le gustaría que alguien escribiera sobre eso.

Estela de Carlotto: –Al contrario de lo que me ha pasado con otros libros sobre mi vida, y sobre la película, yo me niego a que se hable de mí y me pone feliz este libro sobre Laura. Porque hay que hablar de quienes dieron la vida, nosotras somos una consecuencia de nuestros hijos. Ninguna de nosotras pensó tener un rol en esta historia como el que tenemos si no fuera que estamos luchando para encontrar respuestas pero también resultados, que es que el mundo que ellos querían sea la realidad en algún momento. Me sentí muy bien y prometí colaborar. Fue interesante porque mostró a una Laura de carne y hueso con contradicciones como las tenemos todos. Era un ser humano, no hay que idealizar. En general se tiende a idealizar a las personas que se mueren, a borrarles los defectos. Para mí era perfecta porque era mi hija. Pero para los demás, para sus hermanos, era una chica que tenía sus formas, sus maneras, sus cosas arriesgadas, valentía, y otras de jovencita como era, de adolescente. A los desaparecidos hay que mostrarlos como eran.

–En el prólogo dice que el libro le duele, pero le hace bien.

E.C.: –Sí, porque es remover una herida pero que está, se mitiga con todo lo que hago pero no es que la olvide, sino que no la siento cuando estoy trabajando, me levanto y pienso lo que tengo que hacer, me acuesto cansada, tengo una linda familia que me llena la vida, pero me falta Laura. El hablar, el recordar, el hacer memoria de esa hija que tan jovencita fue asesinada, duele y duele mucho porque la llevo en el alma, pero la llevo como si estuviera al lado mío y me acompaña. Y ahí me doy cuenta de que pensar en Laura, en lo que le pasó y pensar en cosas que no me hacen bien como cuánto ha sufrido, cuánto la han torturado, qué habrá sentido, cuándo la mataron. Yo todo eso lo tengo guardado y cuando lo saco es como que me remueven la herida, entonces duele. Pero es bueno porque este dolor se siente menos cuando hay cosas que hacen bien.

–¿Con qué cosas se encontraron durante la investigación?

M.E.L.: –Me encontré con una generación diezmada y cada paso que encontraba alrededor de Laura era una masacre de jóvenes. Me encontré con la masacre colectiva que atravesó la Argentina y con mirar mucho más de cerca y preguntarme qué habían sentido ellos.

E.C.: –Me refrescó la memoria porque toda la historia yo la conocía, Laura se casó muy jovencita y se independizó también. Pero por ejemplo volví a pensar que Laura me conocía más a mí que yo misma. Una vez le dijo a una compañera: “Mi vieja a los milicos los va a perseguir mientras viva por lo que me están haciendo”. Yo me enteré porque me lo contó una sobreviviente. Yo no pensaba que iba a hacer lo que estoy haciendo, que no es nada heroico, sino que no hay pausa. Y asumo los riesgos no por heroísmo sino porque el ejemplo de ellos nos llena la vida, entonces hay que hacerlo. Y me conocía Laura, porque yo era una mujer muy aburguesada, muy acotada a los medios y a la historia que nos contaban que era mentirosa.

–Se cumplen treinta y seis años de Abuelas...

E.C.: –Hoy existe y es lo que existió siempre en Abuelas, una consigna de trabajo y una convicción de lo que tenemos que hacer, nadie nos va a sacar de eso, ni aun los detractores. Que hoy en día se cuestione si eran 10 mil, 30 mil o dos es siniestro porque lo están haciendo personas que han perdido la moral y que quieren contribuir con eso a paralizar la historia en el olvido. La falta de memoria jamás, a nosotros eso nos hace perder tiempo porque para mucha gente hay que aclarar las cosas. Pero no mella nuestra actitud y nuestro convencimiento. Es muy lamentable, porque hay gente como Graciela Fernández Meijide que tiene familiares desaparecidos y pone en duda la cifra, como si eso fuera lo más importante. Nosotros los calificamos de mala gente porque puede haber ignorancia en algunos, la ignorancia se disculpa porque el que es ignorante lo hace por su ignorancia, y el que no es ignorante lo hace por maldad y quiere más que nada sacar un beneficio partidario político coyuntural. El que hizo un crimen es un criminal, el que robo es ladrón y el que mató es un asesino. Y los que miraron para otro lado, que rindan. Si lo hicieron por miedo, es disculpable, porque el miedo paraliza, pero si lo hacían para facilitar las cosas o contribuir a que desaparecieran personas, tienen que rendir cuentas a la historia y quedarán en la conciencia del pueblo, en la condena social.

–¿Qué quisieron hacer, en el fondo, al denunciar a Cabandié?

E.C.: –En esta campaña se están tocando puntos neurálgicos de la lucha. Desprestigiar o querer hacer quedar mal a un nieto que jamás alzó una voz de venganza, que fue criado a los golpes por un asesino, por el hecho de levantarle la voz a una chica o decirle que hay que darle un correctivo como si esto fuera criminal, es una campaña perfectamente orquestada en tocar a alguien muy valioso, querer anularlo, que pierda, que la gente lo erradique de lo buena persona que es. Es algo grosero. Conmigo quisieron hacer lo mismo, porque el señor Pino Solanas perdió la memoria para decir que no firmó una carta en el 2007 cuestionando a la Justicia argentina por el caso de la AMIA, pero dice que yo firmé, y es una reverenda mentira. Y acá también, atacando a Estela, atacan una lucha y están tocando inteligentemente con esa maldad puntos importantes de una lucha colectiva. Por otro lado, llamar a dos nietas que están en las antípodas de este gobierno para hacerlas hablar mal de un compañero del dolor, ese uso tenemos que contenerlo y es lamentable.
Así como a Laura, las Abuelas siguen buscando a los 30 mil desaparecidos, pero sobre todo a quienes viven, los 400 nietos que aún falta encontrar.

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