Editorial

¿Habrá algún Facundo Manes en San Juan?

En la provincia, requisitos más complicados. Igual hubo casos de éxito. Desde Donald Trump al Yeyo, un completo repaso por la historia de la tendencia que ahora recrudece.
sábado, 3 de julio de 2021 · 11:10

Puestos a imaginar quién podría ser un equivalente sanjuanino a Facundo Manes, puede aparecer alguien como Beto Buteler. Médicos prestigiosos ambos, con contactos sociales fluidos en los dos casos. O Ricardo Martínez, sin el asterisco en el casillero de la medicina pero sí con una tilde contundente en el formato conceptual: coquetean los dos permanentemente con la actividad política, participan de las mesas de aportes programático, responden ambos al molde self-made men, siempre están.

Ninguno de los dos ha amagado –ni ahora ni nunca- con un paso decidido a la política electoral. Pero son dos nombres apropiados para graficar sin demasiado esfuerzo las dificultades para replicar en la provincia esta tendencia que de vez en tanto cobra auge a nivel nacional y ahora parece haber renacido con el reconocido neurocirujano en el radicalismo bonaerense.

Se requiere, además de decisión y vocación, un respaldo económico importante ya sea en constante y sonante o en estructuras de poder que lo soporten, como en el caso de Manes. En quien operan las dos variables. Por esos motivos, imitar la receta en San Juan no es fácil: no se advierten vocacionales dispuestos a desafiar las estructuras políticas oficiales que en muchos casos los contienen de una u otra manera. A menos que la opción del aterrizaje sea por dentro del mismo oficialismo, donde no parece haber pista disponible para recibirlos.

Ha recrudecido nuevamente ahora esa vieja reacción de los sectores extrapartidarios de aparecer en las estructuras políticas tradicionales con aires de renovación metodológica. Sus resultados en la democracia reciente tanto a nivel nacional como provincial en casos que se analizarán más adelante no parece sostener una línea clara. Hay de todo.

Primera conclusión: se trata de la misma actividad, la política, ejercida por personas de otra procedencia y no por evangelizadores de ningún tipo. Que no por eso han desechado las viejas agachadas ni los malos modos endémicos del partidismo a ultranza. En muchos casos, los profundizaron. De donde deviene cierta advertencia cuando aterrizan de un plato volador al grito de no somos políticos. Serán médicos o futbolistas en roles políticos, lo que los convierte en políticos. Muy a su pesar.

 

 

San Juan arrancó temprano en la tendencia de la llegada a la política por fuera de sus estructuras clásicas. Una ráfaga que comenzó en los 90 en la Argentina y en la provincia, cuando el empresario y presidente de San Martín Jorge Escobar inauguró una larga hilera que meses después tendría a Lola Reutemann o Palito Ortega. Y que llegó a su climax hace 5 años con la consagración en el máximo peldaño del poder político argentino del empresario y presidente de Boca Mauricio Macri, y del nivel mundial con Donald Trump como presidente de EEUU.

Escobar ingresó por la arcada más grande, también la más difícil: el PJ, que lo recibió con una interna frente a la granítica estructura política, a la que venció. Era oposición en San Juan (gobernaba el Bloquismo). Y era oficialismo nacional, con el respaldo del presidente Carlos Menem que planificaba en persona el desembarco. Mal no lo fue.

Luego llegó Basualdo, otro caso clásico de contribución política no convencional, también en su caso desde el empresariado y los deportes. Su caso fue igual al de Escobar porque lo hizo desde adentro del PJ (inicialmente compitió por la intendencia en 1995), pero diferente porque nunca logró quedarse con el Ejecutivo provincial. Fue el único local de la especie apartidaria que luego fundó un partido político. Desafió al poder desde el llano, con algo de recursos propios, tampoco le fue mal.

A partir de allí, la vida política sanjuanina está tapizada de casos de éxito y fracaso, sin que la procedencia inmaculada haya representado efectivamente una ventaja a la hora del cuarto oscuro. Si no es junto a otros condimentos necesarios, como la decisión de invertir un capital propio, el oportunismo y –por qué no- ciertas condiciones personales indelegables.

Padeció eso, la inoportunidad, el fallecido periodista Marcelo Yacante. Imposible encontrar a principios de siglo una personalidad tan aferrada al abanico identitario sanjuanino, alguien con un carisma tan evidente como él. Se lanzó a la intendencia de Chimbas en el 2003 pero quedó lejos de llegar, tenía aferrada al cuello la piedra de la lista que lo acompañaba con el entonces gobernador Wbaldino Acosta. Moraleja: ser conocido y apreciado, no es todopoderoso.

En Pocito también le ocurrió al doctor Jorge Sirera, prestigioso médico y empresario de la ciudad que decidió competir por la intendencia en el 2011. Pero se chocó de frente con la locomotora política pocitana que ya era en ese entonces el uñaquismo: obtuvo sólo 5 puntos frente a los 70 de Fabio Aballay.

En el mismo rubro de la medicina y el mundo empresario también podría inscribirse el caso de Hugo Ramírez, quien hizo ingreso al ambiente político junto a su amigo Mauricio Macri, fue el primero en traerlo a San Juan como dirigente y terminó siendo desplazado de manera cruel del propio partido que contribuyó a fundar. Ni siquiera se anotó en la grilla de partida, ahora vuelve a intentarlo.

A no ser que la llegada de candidatos desde afuera de las estructuras clásicas de la dirigencia política ocurra sin ponerle la cara al viento, por utilizar una metáfora ciclista para identificar al que tira adelante y no se esconde en el pelotón. De estos últimos también hay: tal vez pocos conocerán que una de las campeonas mundiales de boxeo sanjuaninas, la chimbera Leonela Yúdica, es concejal en su departamento luego de haber integrado la lista por segundo mandato consecutivo.

No ha descollado en este rol como lo hace entre las sogas. En ocasiones incluso fue invitada a la televisión para hablar de política, su respuesta siempre fue cortante: de política no habla. ¿Para qué se habrá convertido en concejal, entonces?

En este turno parecen recrudecer los intereses extrapartidarios por participar. En el turno anterior, sólo aterrizó con éxito la mediática Amalia Granata, ahora diputada en su provincia Santa Fé. La misma provincia que dio al ex Midachi Miguel del Sel, quien estuvo a punto de convertirse en gobernador. Y en la que se inscribió ahora la periodista Carolina Losada, la intratable que debió explicar con un poco más de precisión todos sus comentarios previos formulados desde una supuesta neutralidad.

Y hay otra vertiente: está el Dippy, nueva figura consular de la pantalla política y los escenarios tropicales, en vías de convertirse en figura de las listas de candidatos de Juntos para el Cambio. De esa misma procedencia y por la misma agrupación política, hay un ejemplo reciente en San Juan: El Yeyo, uno de los más reconocidos de la escena del cuarteto y la cumbia, que no pudo reproducir su éxito artístico en la política, por donde pasó sin dejar huella visible en su experiencia para intendente de Rawson patrocinado por el rivadaviense Fabián Martín.

No está mal que esto ocurra, el sistema democrático debería festejar el interés. Como en todos los órdenes, habrá de los buenos y de los otros. Éxitos y fracasos. El problema aparece cuando aterrizan con aureola a jugar al terreno de la política, y se dicen espantados por sus métodos. Cómo ir a jugar al futbol y quejarse porque se juega con los pies.

Se conoce desde antes: como todos los métodos de construcción de poder, acá y en la China, incluye despliegues non sanctos. Lo mismo que en el mundo corporativo o de una asociación de fomento.

O cuando se proclama esa procedencia diferente para anticipar el uso de modos más nobles, y luego terminan replicando de la peor manera la caja de herramientas de la politiquería más barata. Eso también pasa. Por eso, cuidado con lo que se vende.

 

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