Desde Málaga llegó a San Juan en 1909 don José Zorrilla. Como tantos otros inmigrantes desembarcó en América con la esperanza de encontrar oportunidades laborales. Llegó con su esposa María Martínez y su hija Lola. En la provincia nacieron José, Antonia, Arturo y Chicha.
Don José se desempeñaba en la bodega Graffigna, al momento de jubilarse hizo entrar a su hijo Arturo a la empresa. Al tiempo Arturo dejó su trabajo en Graffigna y se fue a trabajar con su tío Diego Martínez, dueño de un reparto de bebidas. No pasó demasiado tiempo hasta que en 1938 Arturo abrió un reparto propio (en la foto, con su primera camioneta). Pasó de una carretela a un camión. En 1946 construyó el primer depósito. Las bebidas que vendía las compraba en Mendoza, provincia a la que tenía que trasladarse diariamente para tener insumos. La empresa prosperó hasta transformarse en una gigante a nivel provincial.
Los hijos de Arturo, José Miguel y Hugo, se asociaron y le compraron finalmente toda la empresa. En el 2006 don Arturo murió, al que sus empleados y conocidos lo llamaban cariñosamente el "Bocha”.
Hasta su cierre, los hijos de don Arturo y dos nietas, Maribel y Laura, se encontraban al frente de la firma, que cerró tras servirle a los sanjuaninos durante más de 70 años.