Análisis

El “aguante” del clásico sanjuanino: entre el folklore y la violencia

Las típicas cargadas entre hinchas de San Martín y Desamparados se subieron de tono. Es necesario poner un freno y no darle cabida a los violentos. La cultura del aguante, la autenticidad del hincha y un clásico sanjuanino que tiene que ser una fiesta deportiva.
lunes, 13 de enero de 2020 · 19:55

La previa del clásico del fútbol sanjuanino que se jugará el próximo 22 de enero entre San Martín y Sportivo Desamparados se vive al límite entre lo folklórico y lo violento. La escalada empezó cuando se filtraron publicaciones con comentarios de hinchas del “Víbora” que hablaban de la desigualdad de planteles, lo que fue tomado como motivo de burla por los hinchas de su clásico rival. Pero cuando algo que podría tranquilamente estar dentro del contexto de un juego traspasa la verdadera autenticidad del hincha y se convierte en ejercicio de violencia, debemos identificarla y saber poner un freno: este es el caso.

No se trata de caer en definiciones “cliché” como que “el fútbol es solo un deporte”. Lo cierto es que es un juego, que se convirtió en deporte y que luego se constituyó en espectáculo. Ahí, los hinchas son exhibidos como sujetos pasionales: los legítimos habitantes de las tribunas. Pero también hay otros grupos organizados de hinchas que se distinguen por practicar el ejercicio de la violencia, constituida en base a la rivalidad con el otro. Esto nos hizo acostumbrarnos a ver con frecuencia los enfrentamientos entre seguidores de distintos equipos. Es necesario saber distinguir entre los “verdaderos” hinchas y el lugar que ocupa la violencia física, verbal y de género en ellos.

En la previa del clásico sanjuanino, la rivalidad fue llevada al extremo, se pasó de una broma o cargada al insulto violento, a las amenazas de muerte. Una de las primeras cosas que entra en juego es la autenticidad del hincha, para la cual el “aguante” es la condición excluyente: el ir a todos lados, el alentar siempre y el “plantarse”. ¿Es el ir a todos lados la expresión de fidelidad y compromiso con el club? ¿Es el soportar todas las derrotas y seguir alentando pase lo que pase? ¿O es “plantarse” ante el rival a las piñas, pedradas y demás para demostrar “quién manda acá”, llevando el ejercicio de la violencia hacia el extremo para demostrar ser un hincha auténtico?

Por lo tanto tenemos dos tipos de hinchas: el que le atribuye la importancia a las peleas y a los combates, y el que se basa en el fervor y la fidelidad por el club. Lamentablemente, hay quienes sólo lo vinculan al enfrentamiento corporal. Fuente de orgullo y de estatus, el “aguante” debe exhibirse para capitalizarse, hay que mostrar que “se la aguantan” para distinguirse, demostrar coraje, bravura y valentía y luego traducirla en una pelea, en una batalla. De esta manera, el “aguante” es construido como un mecanismo de distinción entre los “verdaderos” hinchas, que se juegan la vida por el club, y aquellos meros espectadores que no usan las formas violentas como herramientas de distinción y que además, si no van a la cancha, pierden su reputación como tales.

La necesidad de los “hinchas” de ser considerados como “hombres” por sus pares y por los adversarios los obliga a ser violentos. Sino, serán catalogados como “putos” o “cagones”. ¿Les suena? Algunas maneras de valentía son tendientes a confirmar la virilidad para ser reconocidos como verdaderos “hombres” que los urge a actuar de formas violentas para probar su “hombría”. Aquí se establecen ciertas relaciones de género. El aguante en el fútbol es un atributo masculino: pelear, resistir y no temer son cualidades de los “machos aguantadores”. Entonces, a partir de esto es que quedan establecidos dos grupos: los “machos” por un lado, y los “cagones” o “putos”, por el otro.

No es hombre el que dice serlo sino el que lo demuestra. En el “folklore” futbolístico, puto no es sinónimo de homosexual sino de alguien que no tiene aguante. Aquí, la identidad masculina está asociada a la cultura de la violación: al hecho de poseer, dominar, penetrar y tomar por la fuerza. Es más, se puede ser homosexual pero en la relación es condición necesaria que se tenga el papel activo, es decir, ser el dominador. Por eso es que se cantan “chupame la p...” como manera de escenificar esa dominación. El “verdadero hombre” acá es quien le “rompe el c...” al rival, y el “puto” es el que es dominado en esta relación.

En San Juan, tarde o temprano nos encontramos todos: somos familia, amigos, vecinos. Defendemos distintos colores, pero eso no nos tiene que dividir. Pensemos y no le demos más cabida a la violencia. Disfrutemos de este clásico, y que gane el fútbol.

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