Para Alberto Orrego correr en las picadas de El Zonda significa mucho más que lograr una buena marca, ya que detrás de su participación hay una historia de pasión y homenaje.
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEPara Alberto Orrego correr en las picadas de El Zonda significa mucho más que lograr una buena marca, ya que detrás de su participación hay una historia de pasión y homenaje.

El santaluceño compite con un Falcon Sprint modelo 80, de color rojo, el mismo que le obsequió a su padre hace cinco años. "Mi padre era fanático de Ford y hace unos años le regalé este auto. Se lo compré al único dueño, que lo tenía 0KM. Es una reliquia", cuenta.
Su padre no lo pudo aprovechar, al mes falleció y el vehículo quedó relegado. Pero, fanático de los fierros, decidió convertir el auto de su padre en una verdadera "máquina" de las picadas. "Siempre me gustó correr y cuando falleció, en su homenaje, decidí armar el auto en su honor. Para mí es especial".

Aquel Falcon de la familia se convirtió en un auto de picadas, con un equipo de óxido nitroso y un reloj cuenta vueltas como algunos de los detalles.
