Hay historias paralelas a las estrellas que sirven
para ilustrar los detrás de escena, entender aspectos que no están sobre la
mesa, unir piezas del rompecabezas. Juan Martín del Potro tiene su historia, su
pasado y también su presente. En el colegio San José, donde asistió hasta el
segundo año del secundario -lo terminó a distancia en un programa impulsado por
la Asociación Argentina de Tenis-, lo tienen muy presente. José Passucci, el
director general del establecimiento, fue profesor de historia de Del Potro:
"En esa época él empezaba a viajar, entonces venía en forma esporádica.
Pero lo que me llamaba la atención era que se ponía al día enseguida. Venía
siempre disponible y con buenos resultados. Esa intención de cumplir con las
dos cosas era una preocupación de los papás". Y añade: "El colegio
tiene un eslogan que la congregación sintetiza en tres palabras: oración,
trabajo y amor. Y me parece que son cosas que él muestra al no haberse caído.
Podría haber dejado la actividad por los contratiempos que tuvo; sin embargo,
volvió y mostró un sentido de la entrega súper valorable".
Miguel Ángel Lunghi, el intendente de la ciudad serrana, que
se identifica como "alfonsinista", reconoce: "Lo mejor es el
esfuerzo y la pasión que puso para recuperarse de los problemas con las
muñecas, que estaban bastante deshilachadas. Volver después de todo eso es,
incluso, más importante que la medalla". Lunghi celebra el impacto
turístico y la exposición que brinda a Tandil cada logro de Del Potro.
"Tenemos todas nuestras páginas de Internet actualizadas y bien diseñadas,
porque sabemos que hay gente de todo el mundo metiéndose en Google para saber qué
tenemos", expresa el funcionario.
Un protagonista importante en la rehabilitación de Del Potro
es Marcelo Gómez, el Negro, que fue su formador y lo ayudó a practicar a fines
del año pasado, cuando el actual número 141 del ranking mundial tenía muchas
dudas. "Me puso muy contento que Juan Martín volviera el año pasado a
Tandil para entrenarse, porque desde que se fue a Buenos Aires, a fines de
2007, cuando dejó de trabajar conmigo y fue a hacerlo con Franco [Davin], no
volvía a practicar acá. Con el revés recién empezaba a tocar la pelota. Hasta
empezamos jugando con una de baja presión. Por eso, pensar en aquel momento y
verlo hoy, cuando le ganó al número 1 del mundo, es de locos", dice Gómez,
que trabaja en el área de Desarrollo de la AAT. "¿Cómo lo veo? Contento,
con ganas de jugar al tenis. Como siempre le digo, cuando esas cosas se combinan,
puede pasar cualquier cosa. Y eso pasó", concluye Gómez, una partícula de
la plata que hay en esa medalla.