El acento lo muestra como un extranjero en Weber Bahía
Basket. Cordobés hasta las muelas, Vaulet comenzó a picar el balón en Parque
Vélez Sarsfield, siguió en Unión Eléctrica y en General Paz Juniors, y en Hindú
terminó de formarse para dar el paso a la Liga Nacional: Libertad, de
Sunchales, fue el primero que le abrió las puertas. Juan Ignacio Sánchez fue a
buscarlo cuando una lesión que sufrió en el pie izquierdo jugando para el
seleccionado Sub 19 lo tuvo fuera de servicio. Pepe le ofreció la organización
que él preside porque en Sunchales las cosas no salían bien. Vaulet lo aceptó y
desde la temporada 2014/2015 está en lo que él considera una casa de enseñanza
permanente: Bahía Basket. Allí todo le resultó casi perfecto: lo eligió Pepe
Sánchez, su entrenador es un Ginóbili (Sebastián) y uno de sus asistentes es
Alejandro Montecchia. En la temporada que concluyó hace una semana conoció el
sabor de llegar a la final de la Conferencia Sur de la Liga, y fue una de las
figuras del conjunto, con 9,7 puntos y 5 rebotes de promedio. "Todo el
tiempo estoy aprendiendo. Es el mejor lugar para lo que está pasándome. Todos
me ayudan a tener los pies sobre la tierra", se complace.
-¿Cómo se evita pensar en la NBA?
-Es difícil, pero también entiendo que estoy en una etapa en
la que tengo que escuchar mucho. Todas las cosas van a darse en los momentos en
que tengan que darse. Tengo que disfrutar del proceso.
-¿Cuánto estás trabajando física y mentalmente?
-En los últimos tres años, estuve casi uno y medio
prácticamente sin jugar. Nunca con lesiones graves, pero sí con cosas que me
tuvieron mucho tiempo fuera de la cancha. El factor psicológico juega un papel
determinante. No sólo uno tiene que volver a recuperarse físicamente, sino que
tiene que trabajar la cabeza, sentirse nuevamente confiado. Hay que saber
encontrar la paciencia. Con saber qué es lo que uno quiere se puede alcanzar
los objetivos.
-¿Es verdad que hay días en los que te entrenás de más?
-Me pongo ansioso. Por ahí quiero siempre hacer todo rápido
y bien. Eso me lleva a pasarme un poco de vuelta. Sé que no es bueno eso.
-¿Quiénes te ayudan a bajar las revoluciones?
-Mis amigos y mi familia. Acá, en Bahía Basket, lo mejor que
tienen es que siempre dicen la verdad, sin dar vueltas. En mi casa, en Córdoba,
encuentro ese tipo de ayuda. Pepe [Sánchez] está constantemente dándonos
consejos a todos los chicos.
-¿Qué implica que te digan la verdad?
-Que me hagan ver que todavía soy un jugador joven y que
estoy en una etapa de aprendizaje. Que tuve varios problemas de lesiones y que
esos fueron obstáculos por superar. En Bahía Basket me enseñan cosas no sólo en
la cancha, sino que dejan enseñanzas sobre la vida. Tanto Pepe, como Sepo
[Ginóbili, el entrenador] y el Puma [Montecchia] nos guían por el mundo del
profesionalismo. Nos dicen que no sólo hay que venir, entrenarse y jugar; nos
hacen ver que hay cosas por fuera de la cancha que hacen a la formación del jugador
de básquet. No tengo que apresurarme, porque lo único que pasaría con eso sería
que me volvería loco y me equivocaría más de la cuenta.
-Por como hablás, da la impresión de que acá, en Bahía, hay
un espíritu muy familiar.
-Siento que el entorno es ideal para cualquiera. Hay gente
en todos los detalles. Es como una familia. Todos están buscando cosas nuevas
para que la organización funcione. Eso nos motiva a querer competir siempre.
Estamos en una edad en la que nos equivocamos, pero desde eso vamos a poder
evolucionar como profesionales.
-¿Qué tenés que pulir en tu juego?
-Lo principal es el tiro de tres puntos [23,9% de eficacia
en la temporada], el juego de pick and roll y mi físico. Estoy concentrado en
esas cuestiones para superarme en cada entrenamiento y ayudar más al equipo en
cada partido.
-¿Tenés contacto fluido con Brooklyn Nets?
-Cuando me operé un tobillo en Estados Unidos, estuve mucho
en contacto con la franquicia por el tema de mi recuperación. Pero una vez que
me recuperé el contacto fue disminuyendo. Tengo entendido que sigue a todos sus
jugadores, pero la verdad es que no me habló en los últimos meses.
-¿La franquicia te sugirió algún camino por seguir? Por
ejemplo, primero ir a Europa antes de desembarcar en la NBA.
-La verdad es que no me dijeron nada. Pero yo tampoco lo
pienso mucho. Porque sé que no es bueno tener la cabeza en otro lado cuando
estoy jugando en Bahía. Por eso me meto en el día por día y en mejorar como
jugador. Ya va a llegar el momento de evaluar esas cosas.
-Decís que evitás pensar en la NBA, pero seguramente hay
momentos en los que resulta imposible no hacerlo. ¿Te imaginaste defendiendo o
atacando contra alguien?
-Veo los partidos y no voy a mentir que pienso en esas
cosas. Veo a Curry, a LeBron, lo ví a Kobe, y es raro lo que me pasa. Mis
amigos por ahí me cargan con esas cosas. Y todavía es como si no lo creyera
mucho. Mis amigos me dicen "imaginá cuando defiendas contra LeBron o
Curry". Me cargan y me dicen que cuando me agarren me harán un nudo. Me
divierto y me da gracia, sin dudas. Pero mucho no me gustan que me carguen con
esas cosas. No porque no acepte las bromas, sino para mantener la calma y no
poner mi cabeza en lugares que, por ahora, no corresponden.
-¿Pudiste hablar de algo con Manu [Ginóbili]?
-Con él hablé cuando salí drafteado. Me felicitó y me dijo
que tratara de estar tranquilo. Yo justo estaba en el Mundial Sub 19 y con el
tema de mi lesión. Manu me recalcó que no me volviera loco y me dijo que todo
lo que me propusiera hacer fuera por mí y no por los demás. Y que me preocupara
por mejorar como jugador.
-¿Cómo te llevás con el asunto de la alimentación?
-Es un tema algo delicado. Cambié un poco la forma de
alimentarme, pero como existen tantas filosofías acerca de cómo hay que
cuidarse con las comidas en la alta competencia que uno se vuelve loco. Me
dieron dietas y probé varias, pero en realidad como lo que sé me hace bien. Me
vuelven loco con la cantidad de sugerencias.
-¿A quién escuchás mucho?
-Principalmente a Pepe. Está atento a todo lo que hacemos.
En toda situación que debemos resolver él nos aporta su punto de vista. También
escucho mucho a Sepo y al Puma. Y con mi mamá y mi papá hablo mucho, pero hay
cosas que no puedo tratar por completo con ellos porque nunca fueron jugadores
profesionales y no las comprenden.
-¿Tenés un modelo de jugador o admirás a algunos?
-En la NBA siempre miré a Kobe y a LeBron. Me impactaron
porque son dominantes. Ése es el estilo de jugador que me encanta. Y en la
Argentina mi gran ídolo es Manu. Es mi espejo.
"Son chicos con deseos de ser mejores"
A Sebastián Ginóbili, el DT, le gusta la idea del desarrollo
de los jóvenes
A unos 20 minutos del centro de la ciudad, la
organización Weber Bahía Basket tiene su lugar. Durante la temporada, el equipo
trabaja allí todos los días. El desarrollo de talentos es el objetivo de este
modelo de gestión. Y el resultado de ese proyecto tuvo sustento en la
clasificación para los playoffs de la Liga Nacional con jugadores como Santiago
Vaulet (18 años), Facundo Corvalán (18), Máximo Fjellerup (19), Martín
Fernández (19), Juan Pablo Vaulet (20), Francisco Filippa (21), Ariel Ramos
(21), Gastón Whelan (22) y Lucio Redivo (22).
Era una empresa delicada, pero con Sebastián Ginóbili como
entrenador encontró forma y va dando sus frutos. "Me gustó mucho la idea
cuando me la ofrecieron, porque lo que hablamos con Pepe [Sánchez] fue pensar
en el desarrollo de los jóvenes para hacer mejor al equipo. Fuimos incorporando
jugadores chicos con deseos de ser mejores. Entonces, para nosotros, como
cuerpo técnico, fue más fácil la tarea por el esfuerzo y las ganas de competir
que estos chicos tenían incorporados. No siempre salieron bien las cosas; los
años anteriores nos costaron más. Pero el trabajo a largo plazo y estar
convencidos de la idea permitieron que las cosas se dieran
satisfactoriamente", manifiesta el preparador del subcampeón de la
Conferencia Sur de la Liga Nacional.
La evolución de varios de los chicos se vio en la temporada
que pasó y Sepo entiende que eso obedece a la maduración de cada uno. Dentro de
ese universo se encuentra Juan Pablo Vaulet, un desafío especial para Sebastián
Ginóbili y su cuerpo técnico. "Traía un problema en un tobillo que no lo
dejaba sentirse seguro. Cuando encontró la estabilidad física y emocional, se
transformó en este proyecto de jugador enorme que estamos viendo. De todas
maneras, creo que todavía no vimos al mejor Vaulet. Hay mucho por desarrollar
en él. Cuando vaya confiando más en su cuerpo va a sentirse más seguro y nos va
dar muchísimas cosas en el equipo", cuenta el DT.
Y continúa: "Es un pibe que se entrena permanentemente
y más allá de los horarios en que los citamos. Y eso es importante; no hay
muchos chicos que hagan eso. Tiene la llave del gimnasio, viene solo con la
pelota. También tiene la de la sala de musculación; hasta lo hemos encontrado
allí trabajando fuera de la práctica. Ahora ya no, pero hubo momentos en los
que exigía el tobillo más que lo que debía. Hoy es un jugador que está todo el
tiempo pensando en el básquetbol. Tiene objetivos muy altos y eso es muy bueno,
porque eso nos exige a trabajar más sobre su crecimiento, nos empuja a darle
más herramientas para que se supere. Para nosotros, como cuerpo técnico, esas
cosas tienen un valor incalculable".