Borussia Dortmund es el único club alemán que cotiza en la
Bolsa de Valores. El gigante químico Evonik viste sus camisetas Puma. Rupert
Murdoch televisa sus partidos. Su último balance marcó un ingreso histórico de
376 millones de euros. Y Forbes lo ubica número 11 entre los clubes más ricos
del mundo. Pero a sus hinchas, entre los más fieles y solidarios, los interesa
el fútbol. Podrían alegrarse entonces con la nueva historia del equipo del Este
postergado, que ascendió cinco categorías en siete años y que, en su debut en
la Bundesliga, acaba de desplazar al poderoso Bayern Munich de la cima. Que
creó un sólido sistema de formación en sus inferiores y ficha sólo menores de
24 años. Que impone topes salariales a su plantel sin estrellas. Y que, además,
gana con un fútbol de ataque. Sin embargo, los hinchas de Dortmund boicotearon
el partido contra RaisenBallsport Leipzig, tal su nombre oficial. Lo acusan,
como casi todas las hinchadas de Alemania, de ser una amenaza para una
Bundesliga de clubes cercanos a su comunidad, de boletos populares y que
democratiza sus ingresos. De haber roto la regla que mantiene a los clubes en
manos de sus socios y evita así el arribo de magnates, jeques y oligarcas.
Porque al club de Leipzig nadie lo llama RaisenBall. RB, en realidad, es una
trampa que esquiva la prohibición de nombres-empresa. Y que remite al patrón
que compró su historia: Red Bull.
"En los años del Muro, el club Dynamo fue dueño de la
pelota. Era controlado por la temible policía secreta de la República
Democrática Alemana. El Muro cayó y sus piedras tumbaron el fútbol del
Este"
"Por supuesto que Dortmund hace dinero, pero para jugar
al fútbol. Leipzig juega para vender un producto y un estilo de vida". Lo
dice Jan-Henrik Gruszecki, un hincha de Dortmund que años atrás recorrió
decenas de canchas en la Argentina y en América del Sur. Fue uno de los
promotores del boicot. St. Pauli y otros equipos rechazaron enfrentarse con él
en amistosos de pretemporada. Hinchas rivales se visten de negro porque RB
representa "la muerte del fútbol". Otros, con abrigos plásticos,
porque RB "es un equipo de plástico". Hinchas de Colonia bloquearon
el micro del plantel. Cuando salió a la cancha de Fortuna Düsseldorf por los
altavoces sonó Abba cantando "Money money". "Odiamos a RB",
dicen los carteles en distintos estadios. Los hinchas de Hamburgo lideraron una
marcha llamada "No to RB". Los vecinos de Erzgebirge Aue compararon
en una pancarta a Dieter Mateschitz, dueño suizo del 49 por ciento de Red Bull,
con Adolf Hitler. Y los de Dresden arrojaron a la cancha una cabeza de toro
ensangrentada. Los dos toros rojos, emblema de Red Bull, son hoy el símbolo más
odiado en la Bundesliga.
Leipzig podría ser la cuna del fútbol alemán. VfB Leipzig
(hoy en la cuarta categoría) fue primer campeón oficial, en 1903. En los años
del Muro, el club Dynamo fue dueño de la pelota. Era controlado por la Stasi, la
temible policía secreta de la extinta República Democrática Alemana. El Muro
cayó y sus piedras tumbaron al fútbol del Este. Su último líder en la
Bundesliga fue Hansa Rostock, en 1992. Y su último equipo fue Energie Cottbus,
en 2009. Meses después, Red Bull desembarcó en Leipzig. Consciente de que un
histórico no cedería fácilmente, Red Bull, asesorado por Franz Beckenbauer,
compró a un club desconocido de la quinta categoría, SSV Markranstadt, casi
quebrado. A sus ocho socios sumó nueve propios. Burló así la regla del
"50+1" que indica que el club debe ser de sus socios. Elevó a mil
euros anuales (60 euros cobra, por ejemplo, Dortmund) el precio para los
eventuales nuevos socios (y sin derecho a voto). Cambió todo. Colores, escudo y
nombre, trampa de RB incluida. Levantó un modernísimo campo de entrenamiento de
30 millones de euros. Tiene 20.000 abonos vendidos por cada partido que juega
en el estadio que fue sede del Mundial 2006. En el Este hay quienes admiran su
trabajo formativo y su planificado esquema de inversiones (50 millones en los
últimos fichajes). Y su fútbol de pura presión y de ataque. Pero también hay
fastidio por cómo reclutó, chequera mediante, a juveniles de clubes vecinos. Al
"Brauseclub" (El Club de la Gaseosa) lo atacaron con piedras y bombas
de olor. Y quisieron hasta quemarle el césped.
"Parece un ultra", cuestionó Sport Bild ayer a
Hans-Joachim Watzka, cuando el presidente de Dortmund defendió la regla del
"50+1" y habló de "socios" que no quieren ser tratados como
"clientes". "¿Soy un ultra porque mantengo una tribuna para
29.000 hinchas parados y no 18.000 sentados que pagarían más, como le gustaría
a un inversor?", preguntó Watzka. Leipzig, la ciudad de la Alemania que
era comunista, hoy tiene a BMW, DHL y Porsche, entre otros. Incomoda ahora a
las reglas y también al poder de la Bundesliga con el supercapitalista club de
Red Bull, que forma su equipo al estilo "Monopoly". La bebida
energética austríaca que vende 5.000 millones de latas por año ya ganó cuatro
mundiales de Fórmula 1 y compró clubes de fútbol en Austria, Nueva York y
Brasil. El plan expansivo incluye África y llegaría a Inglaterra. ¿Y si a la
Argentina arriban los clubes SA? "Red Bull", dice el slogan, "te
da alas para volar".