La llegada de la Selección Argentina de hockey hizo explotar el Aeropuerto de Mendoza, donde los jugadores fueron recibidos por una gran cantidad de familiares e hinchas. Ante ese recibimiento, los campeones del mundo no lograron contener la emoción y la mayoría terminó con lágrimas en los ojos mientras abrazaban a sus padres, hijos o hermanos.
Los familiares, que llevaban un rato esperando ansiosos para ver a los muchachos de Giuliani, apenas aparecieron los primeros levantaron los carteles y comenzaron las canciones que tenían preparadas. La letra de cada canto quedó ahoga en los abrazos y gritos de los jugadores.
La copa recibió también su cuota de atención, ya que todos querían acercarse y tocar esa muestra física del logro conseguido. Luquitas Ordoñez fue el orgulloso encargado de llevarla en su carrito, incapaz de despegarse de ella.
En el control de San Carlos un grupo de fanáticos los esperaba para acompañar al plantel durante todo su viaje en la provincia.