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A 13 años de su muerte

El “Payaso”, más vivo que nunca para sus padres

Popular, carismático y todo un guerrero arriba de la bici, Sergio Valdéz falleció a los 27 años el 21 de abril del 2002. En un nuevo aniversario, Nelida y Guido recuerdan la vida del ciclista que supo hacerse querer como pocos. Por Carla Acosta.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Carla Acosta
Tiempo de San Juan
                  
"Tenía 13 años cuando mi amigo David Montaño me dijo ´¿Querés que lo larguemos al gringo en la Vuelta a San Juan? ¡El gringo se la va a aguantar! Entonces fuimos a Marzano a comprar todo lo necesario y fue ahí que empezó”, cuenta Guido, entre sonrisas y lágrimas en los ojos. Aquella Vuelta no fue una más, sino el surgimiento de Sergio "Payaso” Valdéz, un tipo que se ganó el cariño del ambiente del ciclismo por su carisma y que con 27 años, un 21 de abril del 2002, justamente tres días después de su cumpleaños, dejó de existir físicamente tras una supuesta peritonitis. Sus padres, Guido y Nelida lo recuerdan y cuentan algunos detalles de la vida del popular ciclista. 

Hincha de Boca y futbolero, de jugar partidos en potreros o en las calles, el "Payaso” se topó con una bicicleta a los 13 años de edad. Su papá era aficionado nato del ciclismo, no había fin de semana que no se acercaba a una carrera. A pesar de que andaba subido a un rodado apto para competir, regalo de su papá, su recorrido diario era sólo por las calles cercanas a su casa en Capital. Fue hasta que Montaño impulsó al joven y lo hizo debutar en la Vuelta a San Juan juvenil: "Era un martes cuando me lo dijo y al jueves ya empezaba la carrera. Sergio no tenía nada y tuvimos que salir corriendo a comprar zapatillas, casco y todo lo necesario”. 

Aquella carrera no sólo fue su nacimiento como ciclista profesional, sino también el surgimiento de su apodo: Payaso. "En plena Vuelta le decimos a un amigo que tenía una moto ´¿por qué no lo sacas a rodar a Sergio?`. Resulta que se fueron hasta el Villicum y al regreso volvió con sed, hambre y cansancio (risas). Ahí David (Montaño) le dice ´es un payaso´, claro, ya se había corrido la vuelta solo”, recuerda Nélida. 

Rodeado de cariño
Mientras observan los álbumes de fotos, se siente un suspiro de Guido. Él, todavía atónito por la partida de su hijo hace ya 13 años, cuenta sobre su carisma y prolijidad en el deporte: "Era muy responsable con todo. Él decía que permanente había que tomar agua. Solía decir ´por más que tomes agua durante la carrera, si no venís hidratado no sirve de nada´. Se cuidaba mucho en las comidas, no salía a fiestas ni a cumpleaños. No le gustaba. Me decía ´todo lo que has hecho en un mes, en una noche lo podés perdés´. También sabía decir ´todos van a pedalear para la 17, van detrás de los camiones´. Y era porque él iba para el Villicum, que era más pesado y duro”.

Aquellas reglas impuestas por el "Payaso” lo llevaron a importantes logros. Supo integrar importantes equipos sanjuaninos como Graziani y Transportes Puertas de Cuyo e incluso el seleccionado sanjuanino. Según Guido, su top más alto lo hizo en la Municipalidad de Rawson, sobre todo en su último año de vida. También supo ganar importantes carreras y viajar a lo largo y ancho de todo el país. Tuvo su escuela de ciclismo, la que lleva su nombre y funciona hasta el día de hoy. "A Daniel Zamora lo preparaba en la escuelita. También lo tuvo a Saldaño. Él siempre era una persona de imponer sus propias reglas en todo. Le gustaba enseñar, amaba este deporte como pocos”, dice Nelida. 

Un adiós sorpresivo
Guido, al borde del llanto, cuenta cómo fueron los últimos días de vida de Sergio, quien después de cumplir sus 27 años el 17 de abril de 2002, encontró sorpresivamente la muerte cuatro días después: "Recuerdo que mi señora me dice ´no te vas, a este niño le duele el estomago`. Yo llegaba de un viaje al otro día de su cumpleaños y habíamos estado conversando de sus cosas, que se quería casar ese mismo año y quería comprar una casa enfrente de la de su novia para formar su familia. Pero me dice que se siente mal, que le duele el estómago. Viene el médico y le pone una inyección. Pero después viene otra vez, le pone más calmantes y nos dice que si seguía así había que internarlo. Lo llevamos al Marcial Quiroga”. 

Aquel fue el primero de los cuatro días de sufrimiento que vivió el ciclista. Según su mamá, en aquel entonces los médicos no sabían qué tenía: "Lo operaron, nos dijeron que le vertía un líquido en el estómago. En la tarde, después de la operación, lo tocamos y notamos que está helado (silencio). Tuvimos que trasladarlo y cuando llegamos al otro hospital para mí ya estaba muerto. Nos llamaron y nos dieron la noticia”. 

Casi quebrados, dicen que para ellos la razón por la que la salud de Valdéz se agravó fue a raíz de los "aminoácidos” que consumía por el ciclismo. "El ciclista no puede comer empanadas, picantes, pero tienen los remedios que es peor. Tomaba unas pastillas que son tan fuertes que le perforaron el estómago. Para él la locura era la bicicleta y no pensamos en qué hubiese pasado si no hubiese sido ciclista”. 
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