Por Carla Acosta
Tiempo de San Juan
Se habían cumplido los 90 minutos de juego. Concepción era toda una fiesta. Canto, saltos y hasta fuegos artificiales. San Martín ganaba 1-0 y quebraba una racha de 4 derrotas consecutivas. Era sin dudas, una noche única. Pero increíblemente Lanús daba vuelta el partido de manera agónica y se iba contento, ganando el partido por 2-1, quedándose con 3 puntos valiosos y dándole al Verdinegro una verdadera bofetada.
Era la 14ta fecha del Torneo Clausura 2008. Estaba como DT Fernando Quiroz, y entre las figuras del Santo se destacaban Bravo, Décima, Medrán y el ídolo Tonelotto. El mítico Hilario Sánchez explotaba de hinchas, que esperaban ansiosos la resurrección de su equipo, que hasta el momento venía en picada.
El partido se jugaba sin descanso, ofensivo y a todo o nada. El local era más y así lo demostraba en el campo de juego. Y tanto empuje, tuvo su premio merecido ya que a los 12 minutos del primer tiempo aparecía él, Martín Bravo, el goleador del Certamen. La “Rata” definía por debajo del travesaño del “Chiquito” Bossio, tras un pase de Galván. Un gol de respiro, que despertaba esperanza e ilusión con miras a un único objetivo, quedarse en la máxima categoría del fútbol argentino. Los hinchas estaban como locos y ni hablar del cuerpo técnico y los jugadores. San Martín necesitaba una victoria ya que llevaba cuatro caídas consecutivas.
Durante el partido era el Verdinegro quien manejaba los hilos y quien generaba mejores situaciones de gol. Pero le faltaba algo, la puntería. Algo que sin dudas iba a pagar caro, muy caro.
Ya se habían cumplido los 90 minutos. Solo faltaba que Pablo Lunati, árbitro del encuentro, diera el pitazo final. Los dirigidos por Quiroz estaban a segundos de llegar a la gloria, de conseguir tres puntos para seguir en la lucha por la permanencia. Los hinchas estaban viviendo una felicidad plena y el cielo estaba iluminado con las luces de la pirotecnia, que dejaban ensordecidos a los presentes.
Pero el final de película iba a ser negro, al menos, para el Verdinegro. Aparecerieron en los últimos minutos dos jugadores de Lanús para arruinarle la noche a los sanjuaninos. El primero en mojar sería Emir Faccioli, quien quedaba increíblemente solo y un cabezazo suyo, le daba el empate parcial a su equipo en el minuto 46 del complemento. Imagínense. Fue sin dudas un baldazo de agua fría que dejaba anonadado a todo el equipo. Mientras tanto, había silencio en la platea y euforia en la popular.
Y había más, quizás el golpe más fuerte de la noche. San Martín estaba desesperado e iba en busca de la victoria. Lanús esperaba el momento justo para pegar el zarpazo, lo que terminaría por concretarse. A los 49 minutos del segundo tiempo aparecería “Pepe” Sand, en un contragolpe, para sentenciar la historia gracias a un golazo que dejaba al arquero Medrán sin respuesta.
Todo el Pueblo Viejo quedaba atónito. Calentura era poco. No había explicación para lo sucedido. El Santo había jugado bien pero “los goles que erras en el arco contrario lo sufrís en el propio”. El Verdinegro, con ese resultado, se alejaba de la permanencia, ya que quedaba en el puesto 14 de la tabla, con 16 puntos, y le pisaba el talón a Gimnasia de Jujuy en el descenso.
El equipo sanjuanino transitaba su primera vez en Primera División y todo era demasiado difícil. Estaba en descenso directo, los resultados no acompañaban y ya se veía un futuro oscuro, en la segunda división del fútbol argentino. A cuesta tenía cuatro derrotas consecutivas, ante Vélez (2-0), Colón (1-2), Arsenal (2-1) y Olimpo (0-1). Y ante Lanús, en el Hilario Sánchez, todo pintaba para un desahogo. El plantel bonaerense también venía flojo, con once partidos sin victorias (su última victoria fue en la 3ra fecha, cuando goleó a Colón por 5-1), y la previa, hacía ilusionar. Pero aparecieron Faccioli y Sand para arruinarle la noche al plantel sanjuanino, que de un minuto al otro, se le escapaba el triunfo de las manos.
Historial
*Jugaron 5 veces en Primera
Lanús: Ganó 3 veces y convirtió 7 goles
San Martín: Ganó 1 vez y convirtió 5 goles
*Empataron una vez