Fue hace pocas horas, en la última noche del Superbike, cuando un sereno que cuidaba en la zona de acampe, cercana al circuito de Villicum, empezó a escuchar gritos extraños y decidió grabar con su teléfono para que después no le dijeran que "estaba loco".
Juan contó que los pocos que estaban en esa zona sintieron lo mismo y que muchos se fueron del lugar después del hecho. "Siempre la gente repite que el cerro de Villicum es zona de brujerías y que cuando se ve o escucha algo hay que hacer de cuenta que no pasa nada. Igual nadie quería volver a quedarse en la noche", contó el autor de la imágenes a un amigo.