Por Viviana Pastor
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Enamorado de Barreal
Se lo divisa de lejos adivinando que no es de la zona: con su 1,90 de altura y sus rasgos germanos, Gerhard Haase se destacaba entre los sanjuaninos y mendocinos reunidos en Barreal para celebrar el segundo encuentro SOEVIN. Haase llegó en el 2004 a Calingasta junto a su esposa haciendo turismo por el interior del país, había llegado a Argentina en 1999 para trabajar en Buenos Aires.
“Nos encantó, cuando llegamos a Barreal nos encantó la montaña y nos quedamos un tiempo. Estuvimos con mi amigo ‘El Alemán’ que tiene hospedaje acá, y desarrollamos un loteo al lado río Los Patos, pero yo quería invertir más en algo que crezca en la naturaleza”, contó Gerhard.
Es que siendo geólogo, lo enamoró la tierra y la pureza del aire y del agua. Entonces conoció a Pastorelli que tenía en venta una finca con viñas de uvas blancas y una bodeguita artesanal y le compró esa propiedad. Empezó a invertir y a plantar uvas tintas para ver qué variedad podía ser la mejor para ese ambiente. Plantaron media hectárea de cada uno de los cuatro varietales tintos –Malbec, Syrah, Cabernet Sauvignon y Bonarda- y vieron que todas daban excelente resultado.
Haase interesó a sus amigos de Buenos Aires y del exterior de invertir en esa joya que prometía, los viñedos de Calingasta, y logró sumar hectáreas. “Yo les di la idea de invertir acá y compraron terrenos y están ahí con uvas y elaboramos en la bodega que armamos de cero porque era artesanal. Compramos maquinaria, tanques de acero inoxidable, toda la infraestructura y línea de fraccionamiento”, dijo el alemán.
Aseguró que su proyecto es llegar hasta las 100.000 botellas, “no queremos elaborar millones de litros como producen otras bodegas, queremos destacarnos por la altitud y la ecología, no usamos pesticidas porque no necesitamos, estamos en una isla y no hay problemas de sanidad”, señaló.
Hoy Haase trabaja como gerente en una empresa petrolera alemana con sede en Río de Janeiro. “Antes de mi salida del país estaba dos veces al año en San Juan y el resto del año estábamos en contacto por Skype o por mail con el enólogo y funcionamos muy bien, había muy buena onda y comunicación con la gente de la finca. Ahora mi plan es, después de 4 meses en Río, llegar más seguido a San Juan pero es difícil por los vuelos que llegan a Santiago o a Buenos Aires”, contó.
Sobre su familia dijo que es “muy internacional”, sus hijos están grandes y muchas veces cada uno está en un continente distinto. “Mi esposa es la que me sigue en todo y estamos muy contentos, tengo una nuera argentina porque mi hijo más grande se casó con una chica de Buenos Aires. Vamos a seguir invirtiendo acá si las condiciones son buenas”, destacó el germano.

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