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curiosidades históricas

Los secretos de la Bandera de Cabot

Tras una lucha de más de un siglo, San Juan recuperó la insignia que se usó en la campaña libertadora en 1817. Qué historia esconde este paño, que se recibió con todos los honores y ahora forma parte del patrimonio provincial, guardado celosamente en el Centro Cívico. Por Miriam Walter.


 Por Miriam Walter
mwalter@tiempodesanjuan.com

Una multitud le rindió honores el viernes. Había pasado 122 años resguardada en el Museo Histórico Nacional y el sanjuanino Agustín Gnecco ya se la reclamaba al entonces presidente Hipólito Yrigoyen hace 100 años. Volvió para quedarse, guardada en un sitio especial en el corazón del emblemático Centro Cívico. Los secretos de la Bandera de Cabot, protagonista hace casi dos siglos de la campaña libertadora sanmartiniana que sigue siendo símbolo de Patria e Independencia.


-Primera bandera argentina enarbolada en Chile

La también llamada “Bandera Ciudadana” que hoy reposa en el Centro Cívico es la misma flameó triunfante cuando fueron recuperadas La Serena y Coquimbo para la causa revolucionaria, allá por febrero de 1817. Se trata del paño que acompañó a la columna de Juan Manuel Cabot, quien capitaneó la IV División del Ejército de Los Andes y fue la primera Bandera Argentina que se enarboló victoriosa en el vecino país.
Fueron tres patricias sanjuaninas las que hicieron la Bandera de Cabot: Borja Toranzo de Zavalla, Ja¬cinta Angulo de Rojo y Félix de la Roza de Junco. Cuenta la historia que luego de donados por José Rudecindo Rojo los elementos necesarios para la confección de la bandera, Borja, quien era una activa colaboradora de San Martín, reunió en su casa a Jacinta (esposa de Rudecindo) y a Félix (hermana del entonces gobernador José Ignacio de la Roza) para hacer la insignia, ocupando el bastidor que había en la residencia Toranzo. Cuando estuvo lista, se la entregaron a Cabot en la Plaza Mayor, donde las tropas hicieron "cuadro", llegando desde distintos puntos del país, frente a las cuales bendijo la insignia el padre José de Oro.
La bandera acompañó al ejército en la campaña que Cabot encabezó por el Paso de Guana, en Pismanta. El teniente coronel tenía apenas 22 años, quien debía recorrer 705 kilómetros en 14 días de marcha por la cordillera. El ejército obtuvo dos victorias en dos días sucesivos: la escaramuza de Barraza y la decisiva batalla de Salala, que le permitió tomar la ciudad de La Serena el 12 de febrero, el mismo día en que San Martín obtenía la victoria de Chacabuco.
El paño quedó en manos de la hija de Cabot, quien en 1890 le entregó la bandera a Bartolomé Mitre. Este a su vez, la puso años después en manos de José Antonio Pillado, un conocido in-vestigador histórico de la época que hizo sus primeras descripciones y elaboró un cromo (antecesor de las fotografías) del símbolo. Pillado, en 1894, la donó al Museo histórico Nacional, donde permaneció has¬ta marzo, cuando se entregó a San Juan y se inició su restauración.

-Más de un siglo de gestiones

La restitución y exhibición de este bien patrimonial de la Provincia fue una aspiración que se expuso hace casi cien años cuando en 1916, el sanjuanino Agustín Gnecco pidió en nombre de la Comisión Popular "Pro centenario del Paso de los Andes" la devolución de este paño al entonces presidente Hipólito Yrigoyen. Eso inició un largo camino de gestiones, que se reactivaron recién hace unos años atrás. Por ejemplo, se interesaron en la restitución la Asociación Cultural Sanmartiniana de San Juan y el Colegio Santo Domingo. El Gobierno de San Juan declaró a esta bandera Patrimonio Cultural de la Provincia mediante la ley 7659 de noviembre de 2005. Pero no fue hasta abril de 2011 que el Congreso Nacional aprobó la restitución de la bandera a San Juan en base a un proyecto presentado por los diputados nacionales locales Juan Carlos Gioja y Margarita Ferrá. Recién en marzo de este año fue devuelta por el Museo Histórico Nacional a la Provincia a San Juan y el viernes fue ubicada en su sitial final, en el ala Sur del Centro Cívico.
-Una restauración contrarreloj

La restauración de la bandera se hizo contrarreloj, en 3 meses, según dijo Patricia Lissa, miembro del equipo de restauradoras que se completa con Ivana Rigacci y María Sol Baralde, quienes tienen vasta experiencia en el tema, por ejemplo, ya hicieron la restauración de la bandera de Macha (aquella que Manuel Belgrano enarboló por primera vez a orillas del Paraná el 27 de febrero de 1812 en Rosario); la de la Bandera de Los Andes y ahora van a Mendoza a trabajar en un memorial de banderas donde estarán la de Chacabuco y Maipú).
“Arrancamos un poco apuradas, en abril cuando la bandera se trasladó desde el Museo Histórico Nacional a la Casa de San Juan en Buenos Aires, donde se montó un taller para restaurarla. Fue un tiempo bastante apretado pero la intención fue terminar lo antes posible para que coincida en julio con las jornadas belgranianas en San Juan”, apuntó Lissa.
Así, se trabajó en las dos caras que tiene el paño. La bandera de 1,70 metros por 1 llegó desde el Museo enmarcada bajo vidrio en un cuadro, primero se practicó el desenmarcado y luego se hicieron estudios de microscopía e identificación de fibras para conocer las técnicas y materiales con los que estaba hecha.”El desafío del tratamiento fue trabajar de manera diferente las sedas  por un lado, y el escudo y el sol, que son de fibras de algodón, pintados, es decir, de distintos materiales y de distintos períodos”, contó Rigacci.
A grandes rasgos, en 3 meses de trabajo se consolidaron las sedas con una tela de soporte, es decir, una tela transparente con puntadas de restauración. Además, como la parte del escudo tenía un faltante importante en toda la zona de los laureles, se realizaron injertos que se consolidaron con adhesivos especiales termoactivos, para tener una lectura completa de la insignia. Algunas de las telas de los injertos se trajeron del exterior.
También tuvieron que hacer un operativo especial para el traslado a San Juan porque las condiciones de humedad en Buenos Aires no son iguales a las locales y los cambios bruscos podían alterar las fibras. Se trajo por vía terrestre en un cajón especial para amortiguar cualquier tipo de vibración. Y desde el viernes está resguardada en una vitrina hecha especialmente en el Centro Cívico.

Dato

Algo curioso es que hoy viven descendientes de las mujeres que hicieron la bandera. Según una investigación de Guillermo Collado Madcur, presidente de la Asociación de Heráldica y Genealogía, una de las descendientes de Borja Toranzo es Alicia Vi¬llamayor, mientras que Marcela Barilari, quien es autoridad del Colegio Monseñor Pablo Cabrera, desciende de Jacinta Angulo de Rojo. Por su parte, Félix de la Roza de Junco no tiene descendientes directos porque no tuvo hijos. Pero sus hermanas se casaron con importantes figuras del am¬biente político del siglo XIX como Antonino Aberastain y Mariano Men¬dizábal.

Las claves históricas
Por Margarita Ferrá/Historiadora, diputada nacional.
Especial para Tiempo de San Juan


Recuperar y tener entre nosotros la bandera ciudadana que comandó Cabot tiene significados muy importantes que tiene que ver en primer lugar con la decisión y convicción del pueblo de San Juan para adherir a la causa revolucionaria, porque en esa época no era solamente una guerra ofensiva sino también defensiva. En ese momento, San Juan se encontraba amenazada por una invasión realista desde Chile y había que defenderse y esa defensa significaba mucho riesgo, la decisión de comprometer la vida de los habitantes de San Juan. El testimonio más claro de esto es la bandera. Las mujeres que dejando todo lo que tenían de sí para donarlo, su decisión de pintar la bandera con el símbolo de la Patria, manifestando enfáticamente “En Unión y Libertad”, tiene todo un sentido, unirse para lograr la libertad.

La tela de la bandera fue comprada por Rudecindo Rojo, que era una tela de bramante, y las pinturas del escudo y del sol que están en el reverso fueron realizadas en 1817 en bastidores de la época para ser luego adheridas a la tela.
Otro aspecto importante es que la convocatoria libertadora no fue solamente de la zona urbana sino también de todo el espacio rural de la Provincia, porque había destacamentos diseminados en todos los departamentos, fundamentalmente en Valle Fértil, Angaco, Albardón, Jáchal, Iglesia y Calingasta. No se trataba de un ejército regular sino de milicianos, paisanos y gauchos, que estaban decididos a morir si era necesario hacerlo por la causa de Unión y Libertad. 

Una lectura especial también tiene la decisión de Cabot de hacer frente al enemigo del otro lado de la cordillera sin sentirse eximido de batallas navales. En Coquimbo se produjo un enfrentamiento con las naves donde estaban los realistas y Cabot no elude las responsabilidades. Además, Cabot tenía, de acuerdo a las instrucciones que recibió de José de San Martín, la obligación de seguir a la columna que había salido de La Rioja a las órdenes de Nicolás Dávila. Y él no descuidó esa función. En esa columna de riojanos había gente del Ejército de Manuel Belgrano que mandó a soldados de su destacamento para ayudar a Cabot.
También cabe analizar que la insignia fue depositada en el  Museo Histórico Nacional para resguardarla de cualquier deterioro posterior. Es decir, las instituciones preservaron este patrimonio para que San Juan pudiera recuperarlo. 


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