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Columna

Sin voluntad no se puede, con solo voluntad ¿alcanza?

El choque de la voluntad de romper todo contra la enorme e inquebrantable voluntad argenta.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Eduardo Camus

Hace uno días leí un tuit que comparaba la falta de decisión del gobierno presidido por Alberto Fernández, con la del ex león devenido a “topo” Milei. El gobierno anterior con condiciones políticas mejores, respaldo legislativo, gobernadores y un gran frente de gobierno no logró plasmar voluntad política. La pandemia covid, sequía y el endeudamiento con el FMI que dejaron Macri y Caputo sin dudas fueron determinantes, pero no tuvo la fuerza para superar los inconvenientes. La voluntad política es la decisión de llevar a cabo un plan de gobierno, elemento crucial para el hacer político. Hacer lo que se dice, decir lo que se piensa y siente, es la máxima coherencia de la voluntad política.

La falta de voluntad se paga y se paga caro. El Frente de Todos no cumplió con su base electoral, tampoco empezó por los últimos como prometió en campaña, naufragó en internas, crisis provocadas por propios y extraños. Un cumpleaños prohibido fue el comienzo de un pronto final. Fue un gobierno sin ganas, sin deseos que guiaran el rumbo. Terminó siendo un gobierno sin identidad, sin poder, en un no lugar de la historia contemporánea.

El caso de Milei es lo contrario, sin dudas a pesar de la enorme crisis institucional, política, económica y de su propia inestabilidad, tiene una gran voluntad de llevar a cabo su cometido, destruir el estado argentino. En 6 meses no dolarizó, no ha sacado una sola ley, está destruyendo la industria, la producción, los argentinos ya no comemos carne, el 72% está peor desde asumió y más de la mitad tiene que usar ahorros como refleja una encuesta de Zubán-Córdoba. Es un verdadero desastre, pero a pura voluntad avanza en su objetivo.

Se necesita voluntad, pero solo con voluntad no alcanza. El pueblo tiene límites, tal vez, la crueldad de un gobierno que acopia alimentos cuando hay hambre sobre pase todo límites, aún en sus propios votantes como indican las encuestas. Otro limite concreto paradójicamente lo marcó el FMI que en estos días presentó un informe en cual exige una nueva devaluación y advierte que la recesión será más prolongada, el proceso de estanflación va a persistir más de lo anunciado por las tribunas libertarias lo que llevaría a tensiones sociales intensificadas incluso cuando haya refuerzos en el gasto social. Las fuerzas del pueblo, pidiendo medidas concretas para los trabajadores, y las fuerzas del mercado – no hay nada peor que la inestabilidad política para quienes quieren hacer negocios- están marcando límites.

Milei lejos está de ser es el único caso en la política cuya voluntad parece ser de acero, ya sea ideológica o alguna cuestión de salud mental no tratada, son muchos y variados los casos que han mostrado una voluntad capaz sobreponerse.

Para nosotros, sanjuaninos y sanjuaninas, Sarmiento es el caso más importante de nuestra historia. Sus ganas pudieron contra toda adversidad. Un pide pobre, sin terminar los estudios, que tuvo que trabajar desde almacenero hasta obrero minero y llegó a ser el presidente de la nación argentina. Ese entusiasmo, parecido a tener un dios adentro, hizo que pudiera dejar de lado la muerte del hijo en la Guerra del Paraguay (1866) y seguir hasta la presidencia (1868-1874). Hoy diríamos, lo dejó todo.

La historia argentina es una fuente inagotable de actos heroicos, muchos inmortalizados en bibliotecas y en bronce; otros, protagonizados por hombres y mujeres que por la bravura de sus acciones hicieron de esta nación un suelo invencible. Solo para recordarnos, algunos episodios que no forman parte de los calendarios oficiales.

Ahora su cara estampa un billete, pero poco se sabe sobre el coraje de María Remedios del Valle. Quizás porque era negra, quizás porque era mujer, quizás por las dos cosas. Siete heridas de bala la dejaron siete veces al borde la muerte, azotes en la vía pública por ayudar a escapar a soldados argentinos, un esposo muerto, dos hijos muertos, años situación de calle que terminaron con un rescate inesperado y una revalorización final por parte de Juan Manuel de Rosas. A la Madre de la Patria, como la apodaron, la historia le quedó chica.

De raíces africanas, nació en 1766. Era una mujer que sabía curar. Rápidamente suturaba una herida mientras las balas y los caballos pasaban a toda velocidad al lado de su cuerpo. Al producirse la Revolución de Mayo y organizarse la primera expedición auxiliadora al Alto Perú, conformando lo que luego se denominaría Ejército del Norte, la Madre de la Patria se incorporó a la marcha junto a su marido e hijos. Toda una familia al servicio de una causa: la Independencia. Dicen que el conocimiento te hace más libre. Eso no lo sé. Pero puedo afirmar que detrás de los billetes, detrás de los cantos patrios y la historia inconexa, hay argentinos de bien que dieron hasta lo más sagrado por esta patria. Es en ese punto donde cobra un sentido consciente patria o colonia, un sentido visceral. Con su familia muerta, le pidió a Belgrano unirse a las tropas para ayudar a los heridos en la Batalla de Tucumán. Belgrano no quiso, no aceptaba mujeres. Pero ella era una mujer tozuda, valiente, de agallas. Se hizo espacio y llegó a las filas del frente para rescatar con su medicina a los hombres caídos que dejaba el sangriento enfrentamiento. Fue ascendida por Belgrano a capitana. A su capacidad de curar, le sumó el combate. Cuerpo a cuerpo. Las balas le atravesaron. Las cicatrices, por los azotes, marcas para toda la vida. Volvió a Buenos Aires después de años de luchar con la celeste y blanca en su corazón. Tuvo que mendigar. La rescató el diputado Viamonte y le dieron una pensión que fue mejorada por Rosas. Murió con dignidad después de haber dejado hasta lo que no tenía en campos de batalla interminables, esas luchas que terminaron dándole un sentido a este suelo que habitan hombres y mujeres de bien.

Si en algo coinciden los relatos y los análisis realizados por historiadores y sociólogos es que Martina Chapanay fue una mujer que desafió el sistema, que concibió el mundo de una forma distinta y que tuvo el valor para vivir y morir como quiso. Nació a principios del 1800 en la zona de las Lagunas de Huanacache, hija de un cacique huarpe y una mujer blanca. Su tumba se encuentra en Mogna, detrás de la iglesia de Santa Bárbara. Es venerada por los moquinenses y aún hoy los vecinos se encomiendan a la gaucha para pedir por la aparición de sus animales. Es parte de la identidad de este poblado. Pedro Desiderio Quiroga es el primer autor que escribió sobre la vida de Martina, dijo que se fue de San Juan con un enviado de Facundo Quiroga que reclutó alguna gente en la provincia para enviarla al Norte. Se transformó rápidamente en una guerrillera de caballería de óptima formación. Combatió en Ciudadela, Tucumán, en 1831, a las órdenes del caudillo. Volvió a San Juan más tarde y acá no halló más que desolación. No encontró a su gente ya que había una total desestructuración del grupo campesino indígena, se los habían llevado a otras partes y muchos habían huido o muerto.

Martina también fue una persona clave dentro del esquema de Chacho Peñaloza. En las últimas campañas de él siempre fue su escolta y nunca dejó de empuñar su lanza. Martina no solo entregó su fuerza de combate a Facundo y al Chacho, también colaboró con Benavidez y el mendocino Aldao, peleando en el combate de La Chacarilla y en la batalla de Angaco, una de las más crueles y sangrientas de la historia. Empuñó su lanza contra el unitarismo. El historiador Felipe Pigna publicó en su libro el testimonio de un arriero. “Como la Chapanay, además de ser valiente y capaz, es generosa como no hay ejemplo en ninguno de los que mandan”. Un rasgo que atraviesa el cuerpo del argentino.

El argentino es generoso con el amigo, con el que vecino que la está pasando mal, con el que pibe que necesita aprender. Es un poco de la Martina latiendo adentro nuestro.

En 1829 el gobernador Luis Vernet, con el cargo de comandante político y militar bajo el brazo, se embarcó hacia las Islas Malvinas. Quería asentar la bandera argentina. Pobló el archipiélago con gauchos santafecinos, cordobeses, santiagueños, bonaerenses y hasta esclavos -a los que les prometió la libertad-. Fueron abandonados por sus superiores por las condiciones hostiles del clima, se sublevaron contra aquellos que quería condicionarlos en sus labores cotidianas y hasta armaron una revuelta. Fueron esos gauchos los que hicieron Malvinas, los argentinos que hicieron patria. Hay registros. Cuando Darwin conoció las islas, fue acompañado por dos gauchos por esas tierras que nos fueron arrancadas.

En todo el territorio malvinense, hay restos de hermanos argentinos. Gauchos que hicieron patria, que llevaron nuestras tradiciones y el coraje a los montes que atraviesan el territorio.

El legado continúa y se renueva generación tras generación. Porque a pesar de la mutilación al ser nacional, los argentinos queremos al país. Como esos gauchos. Como Martina. Como María Remedios del Valle.

Esa firmeza, convicción y pasión es una potestad del pueblo argentino. Somos un pueblo colmado de voluntad, hemos salido una y otra vez de las peores situaciones. En los 200 años de Patria solo escasos momentos han sido de bienestar. Solo basta echarle una mirada a nuestra historia convulsionada desde el golpe de estado de 1955 hasta hoy. Hemos pasado todo tipo de crisis. Una tras otra, desde el terrorismo de estado a la hiperinflación, bombardeos a plaza de mayo, Guerra de Malvinas a 5 presidentes en el 2001. Traiciones, desilusiones y helicóptero. Destrucción del trabajo, piquetes y corralito. Hasta una pandemia atravesamos. Nunca ha sido fácil para nosotros, en el barro nos hacemos siempre buscando buenos tiempos.

En San Juan sabemos muy bien lo que es caerse y levantarse, 3 terremotos en la provincia. Perdimos todo, pero nos sacudimos y seguimos construyendo este maravilloso oasis en pleno desierto andino. Siempre hemos sabido encontrarle la vuelta, construir esperanza aún en los momentos más difíciles. Con voluntad titánica nuestro pueblo ha sabido salir hacia adelante, y trasformar la realidad angustiante en una más justa.

Tenemos las ganas, las fuerzas y con qué hacerlo.

A la pulsión de rompernos, dividirnos y destruir lo común – lo que es de todos- de Milei, hay que oponerle una voluntad mayor, más sólida y contundente. Lo enseñó Perón en conducción política la lucha es siempre la misma.

Similitud de las luchas humanas, Las luchas son todas iguales. Varían los medios y las formas; pero la lucha es siempre la misma. Son dos voluntades contrapuestas, a las que corresponden dos acciones contrapuestas. Las leyes que rigen la lucha son todas iguales, porque las voluntades son iguales y las masas que luchan son siempre iguales.

Necesitamos recuperar nuestra voluntad, revalorizarla, renovarla, estar orgullosos de nosotros mismo, de nuestra historia. Nuestra voluntad es más fuerte, porque es siembra, es fraterna y busca un país más justo, más humano. Es inclusiva – con todos- y nos guía un profundo sentimiento de amor, fundados en los valores de la paz, justicia, solidaridad y libertad.

No dejemos que nos sigan abrumando, entristeciendo. Han llegado demasiado lejos. Construyamos, con mucho compromiso, un proyecto que proponga una alternativa, que nos encuentre. Nos levantemos y demos una vez más un valiente testimonio de vida, que así vamos encontrarnos con El sentido heroico de la vida. Porque, señores, estos movimientos triunfan por el sentido heroico de la vida, que es lo único que salva a los pueblos; y ese heroísmo se necesita no solamente para jugar la vida todos los días o en una ocasión por nuestro Movimiento, sino para luchar contra lo que cada uno lleva dentro, para vencerlo y hacer triunfar al hombre de bien, porque al partido lo harán triunfar solamente los hombres de bien- Juan Domingo Perón.

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