viernes 3 de abril 2026

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HISTORIAS

Una familia de mujeres y una misma pasión: las artesanas que convirtieron un hobby en su trabajo

Una madre y sus tres hijas decidieron vivir de las artesanías, su pasión. Entre sus creaciones se incluyen retratos, tejidos macramé o marroquinería. Conócelas en esta nota de Tiempo de San Juan.

En el barrio Huarpe, ubicado en Pocito, hay una casa donde se esconde un mundo de artesanías. Desde que uno ingresa, recorre las instalaciones y sale al patio, está la obra de una familia: desde retratos dibujados a grafitos, el comienzo de un mural, atrapasueños, pulseras, cortinas, bolsos y tejidos a crochet, entre otros objetos que se mezclan con hilos y telas sobre máquinas de coser industriales. Allí habita la familia Colimán García, un linaje signado por la revalorización del trabajo artesanal. 

Alicia Rosario García (57) tiene cinco hijos, cuatro mujeres y un varón; pero tres heredaron la pasión que ella tiene desde muy pequeña por todo lo artesanal: Janet, de 33, es una gran artista que realiza retratos a grafito; Mildred, de 30, hace lo propio con el macramé y ahora elaborando, chokers. La más chica que sigue la tradición es Quimey, de 26, que despliega su arte en originales trabajos de marroquinería.

Alicia retrocede en el tiempo y cuenta que cuando era pequeña la mandaban junto a sus hermanos a trabajar al campo, “la cebolla”, para poder ayudar en casa. “En tercer grado tenía que hacer un Cabildo en una hoja de block y no había para comprarla y me dijeron que fuera a trabajar”, recordó. 

“En casa había un sauce; recuerdo la aguja y el hilo, y las canastitas que hacía, pero no había tiempo, era ir a trabajar. Ayudar a los padres, a criarnos, es lo que se hacía antes, vas a la escuela o a trabajar”, contó. 

De grande terminó sus estudios primarios asistiendo a una escuela nocturna, y mientras fue teniendo varios trabajos, como de mucama en hoteles, nunca dejó de lado esa materia pendiente: vivir haciendo artesanías. 

Con muchas ganas de aprender a tejer, le pidió a su suegra que le enseñara pero no tuvo suerte. Así fue cómo se las ingenió para hacerlo sola y comenzó a tejer para vender, e incluso se fue perfeccionando con el tiempo mediante cursos o hasta mirando videos en Youtube. 

“Uno mira nuevas técnicas sobre todo si ya tenés la base, sabés tejer y los puntos; ahora hago cosas con un pequeño telar, el bastidor con los clavitos. Siempre estoy abocada a las artesanías y gracias a eso es que a mis hijas les gusta, hacen lo mismo, aprendieron esto de crear”, revela Alicia. 

Las artesanías le dejaban ingresos pero no para vivir, era el trabajo extra que esta artista tenía. “Hacía cortinas de macramé y ahí nomás se vendían, hacía un stock de productos y salía a venderlos. Ahora gracias  a Dios tengo en paralelo un sueldito y es más vocación que otra cosa; hago cosas para la casa y para obsequiar. Muchas veces no valoraron el esfuerzo, el trabajo, tejido y costo que tiene hacer esos productos”, reflexionó. 

La profesionalización nació en el tiempo en que Alicia tenía su puesto en la Plaza de Villa Krause. Como Janet, Mildred y Quimey eran pequeñas las llevaba hasta allí. Juntas crearon un sinfín de productos.

“Viví muchos años en el Sur y me vine con mis hijas a San Juan, trabajaba en el campo y hacía cortinas que vendía en un puesto que tenía en Villa Krause. Las niñas eran chicas y las tenía al lado mío; les daba hilo, totora, les enseñaba a tejer y les gustaba hacerlo. Hacíamos lapiceras forradas con parsecs, les poníamos canutillos, y Janet le hacía unos duendes o caritas; entonces las llevaban a la escuela y las vendían, así también hacíamos más dinero para la olla de la casa”, detalló.

Entre los productos que más le pidieron que realizara se encuentran las cortinas de macramé y mandalas  

En la casa de Pocito que le otorgó el IPV, donde vive actualmente con cuatro hijos ya que la más grande vive en el Sur, ella no pierde el tiempo para crear. “Pongo tele, escucho música y empiezo; a lo mejor vi algo que me gustó en video y lo hago poniéndole mi toque por así decirlo”, explicó.

Para sus creaciones usa desde cosas que encuentra en la casa como cartones, botones, tapas; o hasta lana para sus tejidos a crochet; o macramé, y totora plástica para las cortinas. 

“Lo tomo como un cable a tierra, un hobby; durante muchos años sí fue para sobrevivir. Pero ahora lo hago para decorar en mi hogar o un regalo”

 

ANECDOTARIO: CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER LE ENVIÓ SUS MÁQUINAS

“Tuve la bendición de Dios. Vivía en una casita de adobe muy precaria en Calle 6 y Maurín, en el Asentamiento Mosconi. Cristina era Presidente y repartía cosas. Yo trabajaba en los ajos, más allá de que hacía una cortinita de vez en cuando y la costura era mi pasión. Hice una carta media relatada pidiendo una máquina industrial porque las sábanas y manteles que hacía eran con una máquina familiar, le pedí que me ayudara porque ya estaba cansada de trabajar en el campo y tenía cuatro hijas chicas en la escuela. Hicimos un atrapasueños para darle con la carta. Era la inauguración de la Maverick y me fui en bicicleta con Quimey, no se podía pasar, así que nos fuimos por otro lado y llegó ese momento: mi hija le dio el atrapasueños y la carta en la mano a la Presidenta, yo le gritaba llorando que por favor leyera la carta. Después de un año y medio aproximadamente llamaron por teléfono: “la señora  Presidenta le manda lo que ha pedido señora García, si está en su casa se lo damos”, me dijeron. Me fui volando al rancho y vi un enorme camión del que bajaron mis máquinas industriales: una Overlock y una recta”.  

 

QUIMEY: LLEVANDO SU ESTILO A LA MARROQUINERÍA CON DISEÑOS DE AUTOR

Al igual que sus hermanas, Quimey alberga los recuerdos con su madre haciendo artesanías en la Plaza de Villa Krause y sus primeros trueques para ayudar en casa. “Me pidieron que hiciera una hamaca paraguaya, un primo de Buenos Aires, la hice y la cambié por útiles porque allá eran más baratos y yo tenía que empezar las clases, así que iba a poder tener más cosas”, dijo la joven.

Pasó mucho tiempo haciendo artesanías hasta que hace poco más de un año se quitó el miedo que tenía con la máquina de coser y empezó a realizar mochilas. “Las curvas me costaban pero con el paso del tiempo uno se perfecciona”, reveló.  
Es así que en su hogar uno encuentra mochilas riñoneras, bolsos, estuches A4, bandoleras, cartucheras, y otros productos que ella realiza para vender. No le puede faltar las telas, máquinas e hilos para su elaboración. 

“Trato de salirme de lo que todos venden, de hacer cosas de diseño o cosas que acá no se encuentren. Últimamente he tenido muchos pedidos y a lo mejor me he levantado a las 9 y he estado todo el día en la máquina”, contó Quimey. Ha participado en varias ferias de la provincia, y las redes sociales, sobre todo Instagram, juegan un papel muy importante para sus negocios y ventas. 

“Mi mamá fue quien nos metió en el mundo de las ferias, me acuerdo de chiquita los fines de semana que pasaba en el puesto de la Plaza de Villa Krause”.

Si uno quiere encargarle un trabajo, Quimey la entrega se demora cinco días. Debido a la tendinitis que tiene, no puede tomar muchos pedidos porque además se considera muy detallista “y hasta que no me gusta el resultado final no lo entrego, siento si no que no me gusta, que estoy dando algo que no vale la pena”.

Su pareja se dedica a la serigrafía, tiene un emprendimiento también (Villa Sudaka) y es con quien hace trabajos en conjunto y que siempre la está ayudando con modelos nuevos o hasta para participar en ferias. El trabajo artesanal de Quimey es su principal fuente de ingreso económico y por eso trata de calcular bien los precios de sus productos, teniendo en cuenta desde la materia prima que utiliza hasta sin ir más lejos, la luz. 

Las bolsas donde entrega sus productos terminados

Quimey suele comprar telas en la provincia, pero otras en Buenos Aires mediante la unión con otros emprendedores y de esta forma consigue la materia prima más barata. "Así compré telas holográficas que acá no conseguía y los precios son otra cosa porque los estampados que acá conseguía eran muy básicos. Acá compro en un local que vende las cuerinas para los tapizados de los autos, es linda calidad pero tiene colores básicos como marrón y negro; con eso hago mochilas. Y otros colores, pasteles que se usan mucho, holográficos", dice la artesana.

 


MILDRED: EL ARTE SOBRE MACRAMÉ Y AHORA… CHOKERS

A sus 30 años sabe bien que si sale a la calle algo no le puede faltar: su mochila con las herramientas de trabajo y sus paños cargados de creaciones. No es raro ver a la joven Mildred vendiendo en el centro, o en lugares más alejados, o hasta en diferentes provincias ya que ama viajar. 

Según cuenta Alicia, su hija ama tejer, por eso tiene un sinfín de pulseras, trenzas y hasta collares o tobilleras en macramé que vendió durante mucho tiempo. Pero ahora fue por más y realiza lo que está de moda: chokers. “Adquirimos la maquinita para poner los remaches, así que Mildred compra la materia prima; se sienta acá en casa y puede estar horas haciendo estos productos”, explica la madre.

 

JANET: DARLE VIDA A LAS PERSONAS CON SUS RETRATOS REALISTAS

Al igual que sus hermanas, al principio comenzó con las artesanías junto a su mamá en la Plaza de Villa Krause haciendo pulseritas, collares, con macramé. Pero desde siempre dibuja, y cuando estaba en la escuela comenzó a pintar. “Copiaba lo que sea: rostros, autos, lo que veía en revistas, o inventaba personajitos y los iba modificando; dibujaba hasta en las orillas de los cuadernos mientras estudiaba”, contó Janet.

También tatuaba, pero ya hace un año que no lo hace. Y con 33 años, su increíble talento para realizar retratos realistas es su sustento económico, arte que comenzó a hacer con más profundidad en épocas de pandemia. 

“Como estaba en el Sur y no podía ir a los domicilios a hacer tatuajes no tenía ingresos económicos. Me grabé haciendo un retrato, lo subí a Instagram y recibí muchos comentarios de que estaba bueno lo que hacía”, indicó. Y fue una amiga suya a la primera persona que le hizo un retrato y cuando quiso cobrarle $200 se llevó una sorpresa, recibió $300. 

Fue así que por medio de las redes sociales comenzó un camino de trabajos que le encargaban y que incluso enviaba a otras provincias. Estando en el Sur argentino envió una de sus obras a San Juan. “Ahora con la práctica comparo los retratos con el primero que le hice a mi amiga y le veo muchas fallas. Dibujaba con lápiz común, después me compré un lápiz más graduado, blando; y al último probé con portaminas y logro un trazo más fino”, comentó. 

En sus comienzos Janet hacía los retratos en una A4 común de impresora, que obtuvo haciendo un trueque cuando tatuaba. Pero a partir de este año empezó a usar papeles de dibujo que tienen un gramaje más alto y mejoró más aún la forma en la que hace sus envíos: “Al principio enviaba el dibujo en un folio, entre dos cartones comunes para que no se dañara. Pero después empecé a enviarlos en carpeta: compro plancha de cartón corrugado grande, de lo cual saco dos carpetas, y luego les coloco un hilo, se ve más presentable”, expresó. 

 “En ferias no he participado aún. Por Instagram recibo pedidos y por Facebook lo uso más que nada para publicar en grupos de compra venta”.  

Utilizando sus portaminas con minas 2B, Janet despliega su arte en una mesa que acondicionó en el comedor de su casa, con un velador. Puede demorarse un solo día o hasta tres, dependiendo de la calidad de la foto y cantidad de personas o elementos contenga la imagen. 

“Me gusta retratar porque es mi espacio, pueden pasar muchas cosas alrededor pero si estoy metida en mi trabajo siento que no hay más nada”.

Actualmente es su ingreso económico, y en base a la cantidad de materia prima que utiliza y el tiempo de elaboración, varía de precio. “Cobro $2000 por una sola persona, y de ahí en más $500 por cada persona o incluso mascotas, pero ese es el base”, cerró.

 

BUSCALAS EN INSTAGRAM

- QUIMEY: @manke.sj

- JANET: half.moon.ttt

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